LOS OJOS DE ARIANA

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    Titulo original: Los ojos de Ariana
    Año: 2006
    País: España
    Duración: 92 min.
    Dirección: Ricardo Marcián Arcas
    Guión: Ricardo Marcián Arcas y Carlos Muguiro
    Música: Josep Vicent

    Intérpretes

    Sayed Majoo Hussaini y Mirwais Rekab

    Premios

    Presentada en la competición del Festival de Málaga

    Sinopsis

    La odisea que sufrieron los trabajadores del Afghan Film para salvar el archivo fílmico de Afganistán. Una decisión que tomaron cuando vieron el saqueo del museo de Kabul y la voladura de los Budas de Bamiyan. Alertados por esta circunstancia, decidieron esconder todas las películas que habían rodado durante su vida y las preciadas cámaras que lo hicieron posible. A tal fin, construyeron en uno de los edificios, un muro que pintaron de negro. En el doble fondo escondieron poco a poco, día tras día, las películas y sellaron la puerta. Desconectaron la luz y, en la oscuridad, las imágenes esperaron a la caída de los Talibán. Calmaron el ansia anti-imagen de los Talibán entregando las películas extranjeras. Quince camiones llenos de ellos quemaron los integristas en su euforia destructiva. Soportaron amenazas, vejaciones y penurias durante cinco años con la incertidumbre de no saber cuando acabaría todo. Podrían haber sido muchos años más, a no ser porque los acontecimientos precipitaron la caída del régimen. La vida de cada una de los personajes estuvo marcada por la represión. Se prohibió la escuela para las niñas, el trabajo a las mujeres, los juegos y hasta el canto de los pájaros. Organizaron su vida en la clandestinidad; montaron escuelas en sus casas, revelaron las fotos prohibidas a escondidas. Rezaron obligatoriamente todos los días y dejaron sus barbas largas, mientras en su interior conservaban su integridad y su cultura al margen de imposiciones. La nueva situación después del régimen Talibán no supuso para ellos un estallido de emociones. Aguantaron su secreto con una actitud prudente, hasta que estuvieron completamente seguros de que los nuevos dirigentes eran de fiar. Como un regalo de cumpleaños destaparon su tesoro al nuevo director. Al fin las imágenes pudieron ver de nuevo la luz. Mirwais y Samima, director y actriz, son dos de los jóvenes de diferentes generaciones que nos mostrarán como “los ojos de Ariana” están ahora abiertos. Mirwais con su ilusión por mostrar al mundo el cine Afgano, Samima con la frescura que da el descubrimiento de un mundo nuevo, un mundo que hasta hace muy poco tiempo estaba demasiado lejano como para, ni tan solo, imaginarlo.

    Comentario

    Durante el período Talibán, la cultura de Afganistán estuvo más amenazada que nunca. Nueve trabajadores del Afghan Film (Instituto de Cine Afgano) resistieron el envite del Ministerio de Asuntos Religiosos y, a riesgo de sus vidas, escondieron parte del archivo para que no fuera quemado. Sus filmaciones eran toda su vida, toda su historia. Mirwais es un joven cineasta que tuvo que emigrar a consecuencia de las continuas guerras que vivió el país. Primero contra los rusos y después entre las facciones muyahidines. La llegada de los Talibán no fue mejor para él y su familia. Durante su exilio en Pakistán siempre estuvo pensando en el cine. Su deseo era poder trabajar entre los suyos. Ahora ha vuelto a Kabul. Nada más llegar, visita la sala de proyecciones que frecuentaba cuando era pequeño. Está completamente destruida. Su aspecto fantasmagórico le trae recuerdos y se inspira en él para hacer una película: “Kabul Cinema”. Para ello cuenta con la colaboración de un afamado director; Siddiq Barmak (director de la última película del Afghan Film, “Osama”). El cine le lleva al cine. Y este interés por contar historias, hace que se documente sobre una que ocurrió en su mismo centro de trabajo y como unos pocos trabajadores salvaron el archivo fílmico de Afganistán e incluso filmaron clandestinamente la destrucción de los gigantescos Budas de Bamiyan, que eran patrimonio de la humanidad. “Los Ojos de Ariana”, recoge en su título el antiguo nombre de Afganistán. Supone un intento de reivindicar el valor de estas personas, que arriesgaron su vida por preservar algo que va más allá de lo puramente material. Salvaron no sólo un montón de películas, sino también parte del alma de su país. Como la que reposa en esos cuentos transmitidos de padres a hijos, esas historias imposibles de destruir porque están en la memoria.