Virginia Woolf (1882-1941) tiene (sus libros parecen actuales, llegan a las librerías casi como novedades editoriales) una prosa hermosísima y compleja, con ecos de Joyce y Proust, creó una vanguardia literaria: escribe como desde dentro de la mente de sus personajes. Aunque “Una habitación propia”, las dos conferencias que unificó en 1928 en un ensayo, posee lo que los intérpretes denominan ‘oralidad’, es decir, una fluidez para llegar al público, que favorece el trabajo del actor. Francisco Umbral escribió que “Virginia Woolf es la madre de la novela del siglo XX, así como Joyce es el padre”. Porque Virginia Woolf está vigente, actualísima, no solo en su perfil literario, sino en su pensamiento. La actriz Clara Sanchís convirtió “Una habitación propia” en monólogo teatral y lo estrenó en 2017 en el Teatro Pavón de Madrid. El espectáculo permanece vivo desde entonces, con interrupciones por otros trabajos de la intérprete, y ahora se representa en el madrileño Teatro del Barrio. Es una función fascinante, agitadora y poética. Virginia Woolf y Clara Sanchís se han hecho amigas.

Arranca la obra: “Cuando me pedisteis que hablara sobre la mujer y la novela, me senté en la orilla del río y empecé a reflexionar sobre el posible significado de esas palabras (…) Lo único que podía hacer era ofreceros mi parecer sobre una cuestión menor: una mujer debe contar con dinero y con una habitación propia si quiere escribir ficción”. Y abunda casi al final de la obra: “Las mujeres no han tenido oportunidad de escribir poesía. Por eso he hablado de dinero y habitación propia”. Clara Sanchís encarna a una Virginia Woolf creativa, irónica, gesticulante, risueña, sabia y apasionada. Esta actriz logra que los personajes se ubiquen dentro de ella y se asomen a sus ojos. Tiene una voz potente y llena de matices, pero Clara Sanchís, digamos, es una actriz de primeros planos en teatro, y esos primeros planos llegan igual a la primera que a la última fila por mor de una intérprete colosal.

En el espectáculo se han reducido referencias literarias del texto de Virginia Woolf, para que emerja, sobre todo, la idea de la habitación propia, de que hubiera resultado imposible que una mujer escribiera las obras de Shakespeare en la época de Shakespeare. Y todo ello se envuelve en una atmósfera teatral sublime. “¿Es mejor ser carbonero o niñera?”, se pregunta V.W., entre otras interrogantes. Concluye: “Preguntas inútiles que nadie puede responder”. Clara Sanchís ha sido en teatro Teresa de Ávila, la mujer loca de «Miércoles que parecen Jueves», y siempre será una lectora por horas. Se hace, sí, amiga de sus personajes, unos personajes que se asoman a través de sus ojos.

(Publicado en Andalucía Información)