La mítica actriz francesa Isabelle Hupert interpreta un monólogo en la versión libre del clásico de Jean Racine «Bernice», bajo la dirección del italiano Romeo Castellucci, que transforma una tragedia clásica en un monólogo protagonizado por una de las grandes figuras de la escena mundial: Isabelle Huppert. Un espectáculo sobre la locura, la verdad y la mentira de amar y ser amado, en los Teatros del Canal de Madrid entre el viernes 10 al domingo 12 de este mes. «Bérénice es, probablemente, la tragedia más inmóvil, estática y desconcertante jamás concebida», dice Castellucci -que no estará en el estreno-, en un comunicado donde destaca a su actriz como una «estrella fija». Huppert, además de crear imágenes sólo con la palabra, es procesada por un artista sonoro, Scott Gibbons, que generará «sonidos», algunos subsónicos, es decir, no percibidos por el oído humano. La representación, de hora y media, se hace en francés y cuenta con sobretítulos en español.
La función presenta al recién nombrado emperador Tito que ama a Bérénice y se quiere casar con ella. Pero descubre que no puede desposarla porque ella no es romana y el Senado lo impide. Él la expulsa de su imperio y ella, después de pensar en el suicidio, decide aceptar la imposibilidad de ese amor. Viaja a la locura pero vuelve a la razón y a su reino en Palestina. A pesar de la tragedia, ella debe vivir, él también.
La obra fue escrita por Jean Racine y estrenada en 1670. La adaptación que llega a Madrid es una versión libre del clásico. No es el primer gran clásico que Castellucci lleva a las tablas. En 2008 adaptó la «Divina Comedia» de Dante para el Festival de Aviñón. Bérénice fue estrenada en 2024, interpretada también por Huppert, la actriz formada en la Escuela Superior de Arte francesa y en el conservatorio parisino, que comenzó bajo las órdenes de directores como Claude Chabrol o Jean-Luc Godard y que ahora se expone en este arriesgado montaje.
«Racine es contemporáneo precisamente por su inoportunidad. La métrica alejandrina de sus versos es la forma congelada de una visión de la humanidad paralizada por un trágico impasse en sus sentimientos y una disfunción del lenguaje. El amor es el teatro de la crueldad. Aquí, las renuncias pesan más que las acciones, la sangre o las cópulas. La educación y la castidad marcan los límites de una morbilidad erótica que destroza los cuerpos; la violencia es ahora endocrina, y los frenos son más poderosos que el acelerador. Esta energía no explota, contenida como está por un cuerpo que ya no tiene palabras. Dentro de este teatro paralítico, Bérénice es probablemente la “tragedia” más inmóvil, estática y desconcertante jamás concebida. Y, sin embargo, nos hace llorar. Y, sin embargo, Bérénice -podría decirse- soy yo. En escena, como una estrella fija, una sola actriz encarna a Bérénice: Isabelle Huppert, la sinécdoque del arte de la interpretación en el teatro occidental», dice Romeo Castellucci, para quién Huppert «es la actriz, pero también la actriz, por definición; es el teatro mismo, que se manifiesta en ella, incluso antes del significado que conlleva».
Isabelle Huppert, conocida entre nosotrfos por sus trabajos en el cine como «La pianista» de Michael Haneke (2001) con la que ganó un premio César o «Elle» (2016) de Paul Verhoeven, por la que fue nominada a los Oscar, asume toda la carga actoral con un monólogo que aborda esta historia descrita por primera vez por el cronista Suetonio, desde la perspectiva de la mujer raptada, amada, despreciada y superviviente. Con una puesta en escena mínima y el vestuario de la diseñadora Iris van Herpen, la presencia de Huppert llena el teatro, aunque la representación cuenta con un refuerzo de doce actores locales, en ocasiones con desnudos integrales y luces estroboscópicas.











