ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO (2007)

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    Titulo original: Before the devil knows you`re dead
    Año: 2007
    País: EE.UU.
    Duración: 123 min.
    Dirección: Sidney Lumet
    Guión: Kelly Masterson
    Música:

    Carter Burwell


    Intérpretes

    Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Marisa Tomei, Albert Finney, Rosemary Harris, Michael Shannon, Brian F. O. Byrne, Amy Ryan, Aleksa Palladino, Blaine Horton, Arija Bareikis, Leonardo Cimino, Lee Wilkof, Damon Gupton, Adrian Martinez, Patrick G. Burns, Alice Spivak, Natalie Gold, Keith Davis, Mateo Gómez, Myra Lucretia Taylor, Chris Chalk y Sakina Jaffrey.

    Sinopsis

    Charles (Albert Finney) y Nanette Hanson (Rosemary Harris) criaron a sus hijos tradicionalmente. Andy (Philip Seymour Hoffman), el mayor, sigue enamorado de su bella esposa, Gina (Marisa Tomei), y gana muy buen sueldo en una empresa de contabilidad. Hank (Ethan Hawke), el pequeño, ama a su hija y está intentando pagarle los estudios en uno de los mejores colegios privados de la ciudad. Pero la realidad es bien diferente: Andy se ha endeudado hasta las cejas para mantener su extravagante estilo de vida y su carísima drogadicción, y aunque quiere a su esposa, el matrimonio está pasando una mala racha. La empresa en la que trabaja está siendo investigada por hacienda y dentro de poco tendrá que sentarse en el banquillo de los declarantes. Su vida se está desintegrando por momentos y está desesperado. Hank también tiene problemas económicos: se está retrasando en la manutención de su hija, bebe demasiado y está teniendo una aventura… con la mujer de su hermano. Andy concibe un plan perfecto con el que espera solucionar los problemas de ambos… o al menos los económicos: Hank atracará la joyería familiar a primera hora de la mañana en cuanto abra la tienda. La anciana dependienta nunca sabrá quién ha dado el golpe. Papá y mamá se llevarán el dinero del seguro, ellos venderán las joyas y todos tan contentos. Hank no se atreve a dar el golpe, así que contrata a un ladronzuelo callejero, Bobby Lasorda (Brian F. O’Byrne), al que conoce del bar en el que pasa las horas muertas. Bobby atracará la tienda mientras Hank espera en el coche. Lo que no se espera Hank es que Bobby vaya armado, y lo que no se espera ninguno es que no será la dependienta sino Nanette, la luchadora madre de Hank y Andy, la que aparezca inesperadamente en la tienda. Nanette no se achanta y se enfrenta a Bobby. En el enfrentamiento el atracador muere en el acto y Nanette queda herida mortalmente. Harto de la lentitud de la policía, Charles toma las riendas de la investigación e intenta aclarar la muerte de su esposa. Según va reuniendo pistas, descubre un paisaje tremendamente devastador. Tras la muerte de su madre, la familia se desintegra, y los secretos comienzan a salir a la luz. Los hermanos se enfrentan entre ellos, el padre se enfrenta a sus hijos.

    Comentario

    Sidney Lumet parece ciertamente un caso muy especial, se ha pasado media vida “a punto de...”: a punto de convertirse en genio precoz del celuloide, a punto de ganar un Oscar tras otro, y hasta a punto de superar a los grandes. Pero nunca remataba la faena; y esa inminencia del triunfo que no redondeó del todo ha pendido sobre él cual espada de Damocles. Lo malo es que “Antes que el diablo sepa que has muerto” puede confirmar esta arbitraria teoría personal porque la película, siendo interesante, deja un molesto sabor a intento fallido también. Como bien es sabido, Lumet celebra ahora sus bodas de oro con el cine y eso tiene ya un mérito enorme. Lo bueno (y lo malo?) es que el aniversario coincide con su “Doce hombres sin piedad”, un debut impecable y verdaderamente fulgurante. Luego su filmografía ha venido discurriendo casi entre dos únicos polos: las adaptaciones teatrales de Arthur Miller (“Panorama desde el puente”), Tennessee Williams, Eugene O’Neill... y un más que efectivo y eficaz género policíaco, desde “Serpico” a “Veredicto final”. Esta “Antes que el diablo sepa que has muerto” enlaza de alguna manera con “Negocios de familia” (1989) incluso hasta en el título, de lo más alusivo. ¿Y dónde está aquí el problema? Primero: para creerse la historia hay que echarle mucha fe. Y, una vez entregados al relato con altas dosis de mansedumbre, pronto, es verdad, se reconoce al Lumet profesional: a través de una narración nada lineal y vista desde distintos tiempos y posiciones, él demuestra su pulso de buen realizador y dosifica la intensidad emocional y el suspense. Pero el problema -como una mosca puñetera- sigue estando ahí, y consiste justamente en darle vueltas y más vueltas y a todas las situaciones, en querer atar, en vez de sugerir. Lo que empieza siendo sugestivo acaba poniéndose rebuscado y mareante. Falla el guión, definitivamente. No fallan los actores, y ni siquiera los diálogos (fantástica, por cierto, la relación entre los hermanos, la forma que tienen de hablarse). Falla esta historia densa y apabullante. Y acaso parte del montaje también.