El madrileño Teatro María Guerrero, del Centro Dramático Nzackonal, estrena «Una buena vida»: Amor, humor y esperanza en tiempos de apagones y tormentas. Una oda a la intimidad y la ternura en la búsqueda de vivir: Una mujer puérpera se ve obligada a permanecer durante diez días en un hospital público, separada de su bebé recién nacida, debido a circunstancias excepcionales. Durante su ingreso comparte habitación con Teresa, una anciana octogenaria con demencia senil y una cadera rota que no habla -pero grita- y un enfermero de la sanidad pública que las cuida a ambas con la misma entrega y amor.

En clave de comedia la función bucea en el alma y el drama de estos personajes: Una relación triangular donde compartirán recuerdos hermosos y feroces padecimientos y donde estallarán afectos, emociones y sonrisas, revelándose secretos y culpas inconfesables. Escrita y con dramaturga y dirección de Carolina África, el reparto lo integran la propia Carolina África junto a Jorge Kent y Ahimsa, con una habitación de hospital como escenografía (diseñada por Pablo Menor Palomo).

Carolina África, dramaturga, directora, actriz y fundadora de La Belloch Teatro, es conocida por su teatro de corte intimista, que combina la exploración de lo cotidiano con una profunda carga emocional y social. Sus obras suelen abordar las complejidades de las relaciones humanas, a menudo desde una perspectiva femenina, y están impregnadas de un componente afectivo que refleja su formación como actriz. Según sus propias palabras, su dramaturgia está pensada desde el punto de vista de la interpretación, con un ritmo escénico que prioriza la experiencia actoral.

Sobre «La buena vida» dice Carolina África: «En estos tiempos post pandémicos, con el mundo patas arriba, con guerras acechando, visibles e invisibles, con fenómenos meteorológicos que arrasan con nombre propio, «Una buena vida» es una oda a las historias humanas que habitan en alguna de estas circunstancias difíciles, recordándonos lo bonito que es estar vivos». Y añade: «La función dialoga con el mito griego de Progne y Filomena, aprovechando la coincidencia con el nombre de la borrasca que cubrió Madrid de un manto blanco. Transmutamos el componente trágico del mito abogando por la vida, reivindicando el valioso instinto primario de los seres humanos en situaciones críticas: de muerte, de
peligro, de separación».

En la obra se habla de la fragilidad, de la vulnerabilidad, de los cuidados, y se abordan desde las hemorroides hasta los mitos griegos. «La pandemia nos dejó clara la importancia de los cuidados -añade Carolina-, que se presentan en la obra con toda su crudeza; se habla de los buenos cuidados, de los malos cuidados. Pero se van a ver imágenes que no van a herir la sensibilidad de los espectadores, sino que la van a acariciar».

La autora ha calificado la obra como «una oda a mis hijos», y admite que «Una buena vida» forma de alguna manera un díptico con «Casa-miento (Bodas sin sangre)», estrenada en El Umbral de Primavera el pasado año. «En aquella obra hablaba de mi boda y del nacimiento de mi primer hijo». Tanto en ella como en la que ahora estrena ella misma se subía al escenario. «Creo que la manera más honesta de defender al personaje es hacerlo yo».