A SANGRE FRÍA (1967)

    70
    Titulo original: In cold blood
    Año: 1967
    País: EE.UU.
    Duración: 134 min.
    Dirección: Richard Brooks
    Guión: Richard Brooks, basado en una novela de Truman Capote.
    Música: Quincy Jones y Robert Blake

    Intérpretes

    Robert Blake, Scott Wilson, John Forsythe, Paul Stewart, Gerald S. O´Loughlin, Jeff Corey, John Gallaudet, James Flavin, Charles McGraw, Will Geer, John McLiam, Ruth Storey, Brenda Currin, Paul Hough, Vaughn Taylor, Duke Hobbie, Sheldon Allman, Sammy Thurman, Raymond Hatton, Sadie Truitt, Myrtle Clare, Ted Eccles, Al Christy, Don Sollars, Harriet Levitt, Rhonda Fultz, Mary Linda Rapelye, Paul Carr, John Collins, Pamela Crosley, Nick Dimitri, John C. Flinn III, Paul Frees, Roosevelt Grier, Bobby Johnson, Richard Kelton, James Lantz, Stan Levitt, Gerry Okuneff, Bowman Upchurch, Guy Way, Darlene Williams y Odd Williams.

    Premios

    Nominada al Oscar al Mejor Director, Mejor Música, Mejor Fotografía y Mejor Guión Adaptado. Nominada al Globo de Oro a la Mejor Película Dramática. Premio David di Donatello de la Academia de Cine Italiano al Mejor Director Extranjero

    Sinopsis

    Los Clutter, una familia acomodada de granjeros de Kansas son asesinados a manos de dos ex presidiarios: Richard «Dick» Eugene Hickock (Scott Wilson) y Perry Edward Smith «Perry» (Robert Blake), ambos delincuentes de poca monta que compartieron celda en la Penitenciaría de Lansing (Kansas). El equipo de investigación, liderado por el agente Alvin Dewey (John Forsythe), (que en su día fue sheriff de Garden City, condado de Finney donde suceden los hechos, y también ex agente del FBI), se encuentra con unas muertes extremadamente violentas que no parecen responder a una motivación plausible. Herbert W. Clutter (John McLiam), de 48 años, su esposa Bonnie (Ruth Storey), de 46, y sus hijos adolescentes Kenyon (Paul Hough) y Nancy (Brenda Currin), y otras dos hijas que ya no viven en la casa familiar, son precisamente el arquetipo de la familia estadounidense feliz, con sus virtudes y defectos, con sus glorias, como el éxito en el negocio agropecuario, el liderazgo en su comunidad, los hijos responsables y educados; y sus abismos, la madre, Bonnie, está gravemente afectada por problemas psicológicos, cuando no dudas existenciales, que la mantienen prácticamente recluida en su dormitorio o en centros de tratamiento especializado. Dewey y sus hombres no aciertan a explicarse por qué tanto ensañamiento sobre Herbert y su familia. El robo es descartado en primera instancia, por la inveterada costumbre del señor Clutter de no llevar dinero encima o guardarlo en la casa («Desde que el barbero subió el corte de pelo a 1,5$ Clutter paga siempre con cheque», nos revela Truman Capote en su novela). Otros motivos son difíciles de imaginar para el agente Dewey, que es amigo íntimo del señor Clutter y su familia; ¿la envidia?, ¿algún antiguo pleito?, ¿una venganza?. La respuesta la tiene otro convicto de Lansing, Floyd Wells (Sammy Thurman), que diez años atrás estuvo empleado en la finca de los Clutter, River Valley. En las eternas conversaciones entre compañeros de celda, Wells había contado a Hickock su experiencia en aquella parte de Kansas, lo rico y ecuánime que era el señor Clutter, los pormenores de la finca y de la casa, y también que sabía por el propietario que frecuentemente, mantener el negocio le costaba hasta 10.000 dólares semanales. Hickock salió de Lansing convencido de que en esa casa debía de haber una caja fuerte con miles de dólares… y una jovencita en edad de merecer. La ausencia de esa caja fuerte, la negativa de Perry a permitir que Hickock abuse de Nancy, y el placer que experimentan al ver a tan noble familia humillada e indefensa, desencadenan la matanza. Durante seis largas semanas, y ante la falta de respuestas, los habitantes de Holcomb se ven sumidos en una depresión colectiva, en un pánico y una paranoia socializados, hasta que los autores del crimen son detenidos en Las Vegas la tarde del 30 de diciembre, después de pasar 40 días vagando por México y la mitad sur de los Estados Unidos. Un fiscal hábil, una defensa de oficio, un juez de libro y un jurado de hombres sencillos y muy religiosos, sentencian a muerte por ahorcamiento a los acusados, que apelarán durante cinco años, pero que acabarán en El Rincón (el lugar de la penitenciaría estatal de Kansas donde se ejecuta a los reos), la noche del 14 de abril de 1965.

    Comentario

    El realizador Richard Brooks leyó "A sangre fría" mucho antes de que el libro fuera publicado. Fue el propio Truman Capote el que le procuró las pruebas de imprenta que iba corrigiendo incluso antes de que Perry Smith y Dick Hickcock fueran finalmente ejecutados. Truman Capote siempre quiso a Richard Brooks detrás de la cámara, complacido por las adaptaciones cinematográficas que de otro gran escritor, Tennesse Williams -"La gata sobre el tejado de zinc", "Dulce pájaron de juventud"- previamente había realizado. Aunque el interés personal de Otto Preminger interfirió en varios momentos del proyecto, Brooks no sólo la realizó sino que se encargó también del guion, cuya escritura le ocupó durante un año entero. El director pudo también imponer su criterio a los ejecutivos de los estudios Columbia, que querían en el largometraje a actores del calibre de Paul Newman y Steve McQueen en los papeles de los dos criminales protagonistas. Filmada en formato panorámico y estrenada en Estados Unidos a finales de 1967, la película se hizo nada menos que con cuatro nominaciones al Oscar y con el favor del autor, que declaró: "No es exactamente mi libro pero sí una película endiabladamente buena". En el momento de su estreno, "A sangre fría" significó lo último en violencia cinematográfica, un concepto que, por supuesto, ha quedado superado con creces en nuestros días. Brooks concibió una película cuya narración alternó desde diversos géneros: si bien arranca como una road movie, a partir del crimen cometido en la granja de los Clutter comienza el thriller, que da lugar a una posterior investigación criminal. Filmada con tanto realismo y dureza como los asesinatos, la secuencia de la película que refleja la ejecución se erige en un vigoroso alegato contra la pena de muerte. Brooks quiso evitar realizar un estudio del horror y todo juicio moral acerca de las acciones dictadas por las mentes psicópatas de Perry y Dick, que fueron interpretados finalmente por Robert Blake y Scott Wilson. Por eso la frase final del periodista que presencia sus ejecuciones -"Cuatro inocentes, dos culpables, seis asesinatos", dice exactamente- resume el sentido moral otorgado por Richard Brooks a su película.