“Pájaro negro” es una comedia negra, llena de pesimismo pero coloreada con frecuentes gotas de humor, con un enorme ritmo escénico, lo que ahora llaman «teatro físico» (como si fuera un partido de fútbol, aunque ya en 1979 Moisés Pérez Coterillo tituló una de sus críticas teatrales en la legendaria revista ‘Pipirijaina’ como “teatro de atletas”). La función se sostiene en un texto sólido y rico de Nicolás Pérez Costa, autor argentino que viene de obtener importantes éxitos con “Dos tronos, dos reinas” y “Juana la Loca”, ambas en cartel en Madrid desde hace tiempo. “Pájaro negro” enfoca la vida desde un prisma triste, como una de esas tardes negras de otoño, que ya lo decía Apollinaire: “El otoño es mi estación mental”.

La obra ofrece una visión amarga de la familia y de las relaciones familiares a partir de esa anciana que agoniza en un hospital y ha dejado su fabulosa herencia a instituciones benéficas, salvo que su hija y su hijo la acompañen en sus últimos estertores, circunstancia que los convertiría en herederos. Ella (Patricia) aparece enlutada y sin un duro junto a la tía Célica, él, René, es homosexual, aparentemente desprecia el dinero, y está perdidamente enamorado de su vecino, David, un joven guitarrista perseguido por las deudas. Bajo esta trama se monta una peripecia de avaricia y sentimientos acuchillados. René, que se niega a cumplir la última voluntad de su madre por una cuestión meramente material, se lamenta: “Me deja dinero en lugar de recuerdos”. Porque fue “una madre ausente”. Y reflexiona: “En esta familia el dinero siempre fue más que el afecto”. O: “La familia muestra su peor cara en la muerte y en los festejos”.

“Pájaro negro”, que se representa en los madrileños Teatros Luchana, tiene una estética que remite a alguna película de Pedro Almodóvar, y en algún pasaje rinde homenaje a los dibujos animados. El escenario únicamente está ocupado por cajas, que van y vienen a ritmo frenético, acorde con cada situación. Juan Ignacio Gé (René) llena de humanidad y de dolorido cinismo su personaje de enamorado idealista, que finalmente deberá tomar atajos para satisfacer sus utopías. La obra ha cosechado importantes éxitos en ciudades de Argentina y México. El público de los Luchana dedicó a todos una prolongada ovación.