La zarzuela resiste lozanísima en estos extraños tiempos de las redes sociales en los que parece antiguo lo que ocurrió hace una hora. Efectivamente, “tomar la vida en serio es una tontería, hay que gozarla y hay que reír”. El espectáculo “Zarzuela con vermut”, que se representa en el Teatro Infanta Isabel de Madrid, tiene unos excelentes cantantes y actores, veteranos del género, maravillosos, de los que rápidamente pasan la batería, con voces magníficas que ellas solas llenan la platea, sin micrófonos, a pulmón, y una extraordinaria vis cómica. Ahí está Milagros Martín, con tan amplia y brillante historia en el género, y la joven Rebeca Cardiel, voz colosal, ambas con su talento, su arte y, como se decía antes en las crónicas, su belleza. Las acompaña al piano Miguel Huerta. Y Susana Gómez ha escrito el libreto y dirige esta historia de cómicos en el camerino de la actriz protagonista, en la que hay amor, celos, engaños, desengaños y reencuentros, con los recuerdos de las pasadas épocas de “teatros y carreteras”, una historia, sí, con algo de la película “Eva al desnudo” y de la serie televisiva “Los Serrano”, pero muy bien trenzada para dar paso a los números musicales, que es de lo que se trata.
Números del “Barberillo de Lavapiés”, de “La Chulapa”, del “Dúo de la africana”, de “La revoltosa”, o de “La Gran Vía”. Porque en un estreno de estas características en Madrid no puede faltar el “Por la calle de Alcalá”, que a algunos, siempre que escuchan esta canción, les viene a la mente el rostro de Esperanza Roy.
Es 15 de agosto en ese camerino de la ficción y la joven que aspira a convertirse en una gran cantante y actriz se llama, naturalmente, Paloma. “Como nací en la calle de la Paloma…etcétera, etcétera”. Y después: “Soy la que no tiene nombre, la que a nadie le interesa, la perdición de los hombres”. Y el actor cómico: “¿Qué te quieres apostar a que tengo yo una cosa que ni tienes ni tendrás?”.
El teatro entero termina acompañando a los cantantes con sus palmas. Porque los cinco logran espantar los fantasmas de la desacreditada realidad durante 90 minutos. Por la cercana calle de Alcalá la florista viene y va. Donald Trump no existe. El público se toma un vermut Zarro al final de la función con los intérpretes en el hall del teatro. Fotos y felicitaciones. Benditos cómicos. Ay Mary Pepa de mi vida.













