En la biografía de Lola Flores que Francisco Umbral publicó en 1971 y que acaba de reeditar Zut Ediciones, escribe el autor: “Su primer traje de bailaora fue un vestido rojo que le costó menos de diez duros. Ahora cada uno de los que estrena anda por las 30.000 pesetas”. En “You say tomato”, una comedia nostálgica, con un fondo de amor/desamor, sobre las plegarias no atendidas, el protagonista, que forma un dueto de música romántica junto a su mujer, en un momento de furia que precede a las lágrimas del posterior encontronazo con la realidad (sensacional Juan Negrié), hace cuentas sobre una pizarra y demuestra que cobra actualmente igual que hace diez años. “Soñaba con ser famoso y salir en la televisión”, afirma. Y ella quería convertirse en Joan Báez. Pero esta entrañable obra, escrita por Joan Yago, no trata (mejor, no solo trata) sobre los sueños incumplidos, sobre la áspera realidad que se impone despiadada e implacable a las aspiraciones de juventud, sino que esta pieza es una sensacional, emocionante y acertadísima descripción del alma de un artista, de la persona que efectivamente lleva de manera inevitable el arte en el torrente sanguíneo, en este caso la música, y esos breves momentos de dedicación al arte, aunque sean los escasos minutos que dura una canción, efímeros, redimen al artista de la vida dura y gris, del enfado/envidia hacia el que triunfó, de la promesa incumplida de gloria tras aquella remota noche de verano.

“Disfrutaba con la música, me bastaba con la música”, dice uno de ellos. Pero continúa siendo así, aunque el camerino de ese teatro en las fiestas estivales del pueblo esté inundado, y ella (gran Anna Moliner) se haya visto obligada a orinar dentro de una botella de plástico porque no había otro sitio. Pero finalmente llega el momento de la actuación, y hay público en el teatro, sí, y entonces empieza el espectáculo como en aquella lejana película, y ellos, uno y otra, se sienten sobre las tablas como lo que realmente son: artistas.

“You say tomato” se estrenó en 2015 en la Sala Trono de Barcelona y ha recibido varios premios. Estos días de julio se ha representado con éxito en el Teatro del Barrio de Madrid y ahora está de gira. Las canciones de esta obra suave y viajera llegan al espectador como desde un disco de vinilo. El mundo de la música es duro, quizás incluso cruel, pero a los integrantes de este delicioso dueto siempre les quedará Karina.