Los dramas (o melodramas) «quinquis», que retrataron a una juventud marginada y olvidada, en la periferia de las grandes ciudades y en ambientes de delincuencia y droga, parecen haber vuelto. A la recién estrenada «Hasta el cielo», de Daniel Calparsoro, y a la pendiente de estreno «Las leyes de la frontera», de Daniel Monzón, se sumará ahora «La vida que no es nuestra», de Israel González, quien debutó con «Fuel».

La cinta, que comenzara su rodaje en enero, es un drama social con tintes callejeros que cuenta la historia de «el Javi», un chico de barrio que tras cumplir dos años de cárcel sale con la intención de cambiar su vida por completo. Por azar de la vida, conoce a Laura, y surge una historia de amor entre ellos. En medio de todo esto, está el hermano pequeño de «el Javi», Carlitos, un raterillo de poca monta con una enorme reputación en su ambiente, un liante en toda regla y Jose Manuel, padre de ambos, un hombre abandonado a la soledad y la nostalgia, que se verá envuelto en un cruce de caminos hacia un infierno callejero. Amores y desamores. Amistad y traición. Perdones y rencores. Historias de la calle donde cada acto, tiene su repercusión.

El elenco está conformado por jóvenes intérpretes y algunos debutantes, como Cesar Mateo, Erika Bleda, Federico Celada, Jero García, Ramiro Alonso, Carmen García, Leire Martínez, María Serrano «Fresisuisss», Marina Campos Albiol, Pablo Penedo, Santos Adrián, Antonio Meléndez Peso, Adrián Gordillo, Javier Bódalo, Bilal El Yacoubi «Billy», Cristina Vittoria, Patricia Palazón, Rafael Gordillo «Lafita» y Noa Lara.

El rodaje se llevará a cabo en localidades y barrios de la periferia de Madrid, como Alcorcón, Móstoles, Carabanchel, Caño Roto, Barrio La Uva, Hortaleza, Pan Bendito o Villaverde

El cine «quinqui» adquirió carta de naturaleza en la España de la Transición, y llevó a la gran pantalla las vivencias de una juventud del extrarradio de las grandes ciudades para las que el cambio político no había significado mejora alguna, en una época en la que la heroína diezmaba generaciones y la supervivencia dependía de dar «palos» sin ser detenido. Movimiento liderado por José Antonio de la Loma («Perros callejeros», «Yo, el Vaquilla») y Eloy de la Iglesia («Navajeros», «El pico»), a él se apuntaron puntualmente otros cineastas de la talla de Carlos Saura («Deprisa, deprisa») o Vicente Aranda. Aquellas películas glorificaron a jóvenes delincuentes como «El vaquilla» o «El Torete».