«El lamento de las divas” es un musical con ironía, maldad y mucho talento

«El lamento de las divas” tiene gracia, golfería y arte gamberro. Y buena música, ironía, maldad y talento. Es uno de los escasísimos espectáculos que hay actualmente en la cartelera madrileña en los que indiscutiblemente se pasa un rato sensacional. Con lo que se dice, con los bailes, y con las canciones. Con la ironía. Todo un descubrimiento. Se representa en el teatro Alfil de Madrid.

Dulcinea Juárez, Julia Möller y Eva María Cortés son las tres divas que conducen con salero y muchísimo talento al espectador por el recuerdo de los festivales de Eurovisión o por las pruebas de casting de las actrices. «¿Cómo se convierte una chica en una diva?”. En fin, mejor que lo cuenten ellas…

Hay un emotivo -el único momento emotivo en medio de la juerga estudiada y medida en la que consiste el espectáculo- de homenaje a Marilyn Monroe. Y una mirada llena de afecto hacia Madonna. Y muchas canciones. Cantadas a pleno pulmón -pulmones no les faltan a las divas-, y otras interpretaciones en las que buscan la caricatura. Está, naturalmente, el guiño a Rapahael, con «Mi gran noche”, que se ha convertido en el himno de este otoño.

Magníficas las divas, insistimos. Un espectáculo que ha dirigido con acierto José Mesagosa. De esos que apetece volver a ver. Mucho lo de las divas.