El teatro se convierte en un hecho poderoso, inquietante y fabuloso, cuando se produce la unión entre un texto brillante, una interpretación excelente y la complicidad del público. Todavía más si a la gente se le hace partícipe directa de la historia. «Thom Pain» conjuga un texto fantástico (lástima que no esté publicado en España) y un actor, Juanma Gómez, inspirado, con muchas tablas (como se decía antes), e importantes registros. «Thom Pain», decíamos, en la sala Arte y Desmayo de Madrid, teatro que celebra con esta obra perturbadora y maravillosa su reapertura después de la pandemia.

El personaje que interpreta de manera fulminante Juanma Gómez tiene momentos en los que produce miedo, otros lástima, en algunos incita a la risa, también a la complicidad, pero nunca provoca indiferencia. Juanma Gómez mete al público en la función sin otras armas que la palabra y los gestos, con traje oscuro y un escenario vacío, allí, sólo ante el peligro, pero sale victorioso del complicado reto. Consigue que «Thom Pain» sea de esas obras que quedan adheridas a la memoria, que permanecerán en el recuerdo.

Es un monólogo escrito por Will Eno, finalista del Premio Pulitzer (2005), que trata sobre la misión de existir y resistir, según el programa. Explica Juanma Gómez: “Sólo espero ser el vehículo adecuado para hacerles llegar la belleza que se esconde entre lo sórdido, lo espeluznante, lo increíble, lo divertido, lo conmovedor, lo apabullante de la historia de «Thom Pain»”. Se superponen en la función una historia con amor, desamor, muerte, vida luminosa, vida gris, cosas posibles e imposibles, descrito todo con frases de un poder literario superlativo, una historia que da continuidad a la función, y otra que transcurre con menciones al público, frases que parecen improvisadas pero no lo son, y todo sin mayúsculas, tocado por la proximidad de lo cotidiano. Se refiere Thom a un amor de final no feliz: «Además del estupendo estupor de la monotonía que infringí sobre ella». E inmediatamente señala a un espectador y le dice: «Tengo una camisa igual que la tuya». Y en ese ir y venir transcurre la función. «Tengo una vida intensa, increíblemente rica», exclama. Antes, Thom, de manera elegante pero penosa, invita a una chica del público a tomar algo después de la función. Y después lamentará: «Pudo haber algo entre nosotros».

Hace lustros que cerró la sala Cadalso, cerca de la Plaza de España, donde durante la Transición se representaron obras que quedaron clavadas con chinchetas en la memoria de los espectadores. No sé por qué recordé ese teatro en la recuperada sala Arte y Desmayo. Tal vez, porque como alguna de aquellas remotas obras, «Thom Pain» se pega a la piel como la arena de la playa en un día de sol suave y cálido.