SHELLEY WINTERS

    Shirley Schrift, conocida como Shelley Winters, nació en East St. Louis (Illinois) el 18 de agosto de 1920. En su larga carrera, Winters fue galardonada en dos ocasiones con un Oscar. La primera vez que recogió la estatuilla dorada fue en 1959, por su interpretación de la señora Van Dann en «El diario de Ana Frank», una de las muchas versiones de la célebre historia de la familia judía escondida de la persecución nazi en un piso de Ámsterdam. El segundo galardón lo obtuvo por su magistral papel de una madre violenta de una niña ciega en «Un retazo azul» (1965).
    Su madre Rose había sido cantante de ópera y su padre Jonas era sastre. Cuando Shelley era muy pequeña toda la familia Schrift se trasladó a Nueva York, ciudad en la que estudió interpretación en la New School for Social Research.

    A los diecinueve años, fue modelo y corista en Broadway, (de joven Shelley Winters era una bonita chica, encantadora y sensual) hasta que le ofrecieron un papel en la obra «The night before Christmas», para pasar después a interpretar «Un tranvía llamado deseo», de Tennesse Williams. A los 21 inició su carrera cinematográfica en los estudios Columbia con su corta aparición en la película «What a woman!» (1943), una comedia dirigida por Irving Cummings que estaba protagonizada por Rosalind Russell.

    Cuando llegó a Hollywood, la actriz de Illinois se instaló en un apartamento compartido con otra intérprete que también buscaba hacerse un hueco en el mundo del cine: Marilyn Monroe. La propia Shelley Winters contaba en numerosas ocasiones como enseñó a Marilyn Monroe a posar de manera sexy y provocadora, indicándole diferentes mohines faciales para aparecer irresistible, como por ejemplo entornar los ojos y entreabrir los labios sugerentemente. Winters y Marilyn Monroe mantuvieron su amistad de por vida, y el paso de los años no pudo dañar el gran cariño que ambas se profesaban.

    Shelley Winters, sin ser una belleza despampanante, supo en su juventud convertirse en un sex symbol: su cuerpo contaba con la voluptuosidad necesaria para atraer la atención del sexo masculino; estos rasgos de su anatomía fueron decisivos para encasillarla, en sus inicios principalmente, en papeles de sex-symbol.

    Su primera película destacable fue un drama dirigído por George Cukor, «Doble vida” (1947), que obtuvo cuatro nominaciones a los Oscars, siendo ganador de uno de ellos el actor principal Ronald Colman. Trás este enorme éxito, y al comprobar los directores el enorme potencial con que contaba la actriz, comenzaron a contar con ella para proyectos realmente interesantes como en «Una vida marcada” (1948), pelicula de cine negro dirigida por Robert Siodmark, y coprotagonizada junto a actores de la talla de Victor Mature o Richard Conte o «El gran Gatsby” (1949), un drama dirigído por Elliott Nuget. En 1942 se casó con su primer marido, Paul Miller. El matrimonio se rompió en 1952.

    Sin embargo no fue hasta que Anthony Mann le dió un papel protagonista en «Winchester 73? (1950), junto a James Stewart, cuando se demostró la enorme categoría actoral de Shelley desempeñando un papel duro de mujer explotada , marginada y abandonada, que sin embargo cuenta con la fortaleza suficiente, en un mundo primordialmente dominado por los hombres, de valerse por si misma.

    Comienza aquí una carrera llena de éxitos, con títulos como «Un lugar en el sol” (1951), protagonizada junto a Liz Taylor y Montgomery Cliftt, «Yo amé un asesino” (1951), protagonizada junto al malogrado actor John Garfield o «LLama a un desconocido” (1952), junto a la gran Bette Davis. En 1952 contrajo matrimonio con el actor italiano Vittorio Gassman, con quien compartió créditos en la pelicula «Mambo» (1954), una cinta co-protagonizada por Silvana Mangano y dirigida por Robert Rossen. El enlace entre Gassman y Shelley duraría muy poco, pues en el año 1954 terminaron separándose.

    Como no había género que se le resistiera, de nuevo deslumbró en un western llamado «Rebelión en el fuerte” (1954), junto al aclamado actor Alan Ladd. También intervino en la única producción que dirigió del gran actor Charles Laugthon, «La noche del cazador” (1955), junto a grandes intérpretes como Robert Mitchum , Billy Chapis o Peter Graves. Ese mismo año, tras trabajar en la película de Robert Aldrich, «El gran cuchillo”, encarnando el personaje de Dixie Evans, decidió abandonar el cine para dedicarse al teatro durante cuatro años.

    Regresó a la pantalla en el año 1959 y con la película «El diario de Ana Frank”, cuyo trabajo lo vió recompensado con un Oscar como mejor actriz secundaria: su interpretación en esta película la situó entre las más grandes del cine. En 1961 compartió protagonismo con Burt Lancaster en «Los jóvenes salvajes”, y un año después, Cukor la dirigió en «Confidencias de mujer”, un drama costumbrista que en su tiempo tuvo una acogida extraordinaria.

    Su tercer y último marido fue el actor Anthony Franciosa, con el que estuvo casada desde 1957 hasta 1960. El Oscar logrado por «El diario de Ana Frank» tuvo la culpa del divorcio: La actriz temía rencillas con su marido por culpa de la estatuilla, ya que Franciosa fue excluido de las nominaciones. Cuando se divorciaron Winters declaró: «Cuando llevé el Oscar a casa y vi cómo lo miraba, supe que nuestro matrimonio se había terminado». Curiosamente Franciosa fallecería cinco días después de la muerte de Winters.

    La actriz volvería a deslumbrar con su magnífica interpretación, en una adaptación estupenda de la novela de Navokob «Lolita” (1962), a las órdenes de Stanley Kubrick, en lo que fue una película polémica y arriesgada para la época; Shelley interpretó el papel de madre algo inocente y patética al pensar que el amor de su huésped, papel interpretado por James Mason, se dirige exclusivamente a ella, cuando en realidad existe una relación pecaminosa y lujuriosa hacia su hija adolescente.
    Shelley también se dejó tentar por el cine europeo y participó en una co-producción italo-francesa llamada «Los indiferentes” (1964). Un año después de nuevo recibiría un Oscar como mejor actriz secundaria en «Un retazo azul” (1965), con el personaje que tal vez marcaría para siempre su carrera, y que la encasillaría en papeles de mujer un tanto vulgar y patética. En la década también protagoniza «Alfie» (1966) de Lewis Gilbert, «Harper, investigador privado» (1966) de Jack Smight 0 «El presidente» (1968) de Barry Shear.

    En el año 1970 apareció genial como una madre que se sirve de sus hijos para cometer los peores pecados; no dejó indiferente a nadie con la estupenda interpretación de un personaje perverso, frio, cruel y delictivo en «Mamá sangrienta”, de Roger Corman, película en la que por cierto ya comenzó a deslumbrar un Robert de Niro muy joven y casi primerizo; lo curioso es que el papel le fue asignado gracias a la insistencia de Shelley, que con su empeño consiguió que de Niro pasara a formar parte de esta delirante obra de Corman. De Niro siempre agradeció a Shelley Winters aquella recomendación.

    En la década de los setenta, Shelley siguió demostrando su gran versatilidad con títulos como «¿Qué la pasa a Helen?” (1971), «¿Quién mató a tia Roo?” (1971), «El quimérico inquilino” (1976), a las órdenes de Roman Polanski, o «Cleoprata Jones” (1973), pero sin ninguna duda la película que más notoriedad le otorgó en esta década fue «La aventura del Poseidón” (1972), que de nuevo le procuró una nominación a los Oscars, y por la que quizás hoy en día es más recordada. Dirigida por Ronald Neame, no consiguió la estatuilla, pero si el Globo de Oro. Siguió trabajando en las siguientes décadas con mayor o menor acierto, en películas de diferentes géneros, siendo su última aparición en el año 1999.
    En otro nivel, escribió varias obras de teatro, y publicó en 1980 su autobiografía, titulada «Shelley Also Known As Shirley”. Posteriormente, otra a la que tituló: «Shelley II: La mitad de mi siglo”, en las que no se calló nada, indicando como por su lecho pasaron los galanes más demandados de la época, citando nombres concretos como Clark Gable, Errol Flynn, Marlon Brando, William Holden o Sean Connery, relatando con pelos y señales la apasionada aventura amorosa que tuvo con el actor escocés en Londres, antes de que éste se convirtiese en el Agente 007 James Bond y cuando el actor apenas tenía dinero para pagar la calefacción en su casa. También dió a conocer públicamente entresijos de la industria cinematográfica, que precisamente no beneficiban a la llamada fabrica de los sueños, y destacó el amor frustado que sintió hacia el actor Laurence Olivier, al que, según ella, encontró una vez en brazos de su querida amiga Marilyn Monroe.

    Shelley Winters murió el 14 de enero de 2006 en Los Angeles, en el centro de rehabilitación de Beverly Hills, a consecuencia de un fallo cardiaco, debido a no poder superar las secuelas de otro ataque al corazón que sufrió en el mes de octubre de 2005. Tenía 85 años.