SARAH BERHNARDT

    Nacida como Henriette Rosine Bernard el el 23 de octubre de 1844 en París, fue una mítica ctriz de teatro francesa, interviniendo también en algunas películas de los inicios del cine, considerada a menudo la mejor actriz de todos los tiempos. Era hija de una familia judía de origen holandés, aunque fue bautizada y educada en la religión católica por disposición de su padre en el testamento. Sarah pasó los primeros cuatro años de su vida en Bretaña al cuidado de un ama de cría. La primera lengua que Sarah conoció fue el bretón y por esta razón, al iniciar su carrera teatral adoptó la forma bretona de su apellido, Bernhardt. Se formó en el monasterio de Grands Champs, en Versalles, en cuyo pequeño teatro comenzó a actuar en funciones colegiales. Estudió interpretación en el Conservatorio de París desde 1858, por consejo del duque de Morny, y fue discípula de Prevost y Samson. Allí obtuvo el segundo premio de comedia y tragedia al acabar sus estudios.
    En su adolescncia sufrió un accidente que muchos años después le acarrearía graves problemas de salud. Cayó por una ventana rompiéndose la rodilla derecha. Aunque sanó sin problemas, la rodilla le quedó delicada para siempre, y en 1914, a causa de una dolorosa inflamación de esa misma rodilla, tuvieron que amputarle la pierna derecha.

    Interpretó en alguna ocasión, aunque con poco éxito, obras cómicas, y triunfó en la tragedia y el melodrama. Con un hijo de una pareja anterior, contrajo matrimonio con Jacques Damala en 1882 y se separó de él en 1883. Su primera actuación en la Comédie Française fue como Iphigénie, en «Iphigénie», de Racine (1862), sin mucho éxito, como tampoco lo obtuvo en la sala Gymnase en 1863. Su espíritu independiente hizo que, al día siguiente del estreno de «Un mari qui lance sa femme», de Deslandes (1864), en el Gymnase, en la que desempeñaba uno de los papeles protagonistas, saliera de París dejando una nota con las palabras «Perdonad a esta pobre loca…».
    Viajó por España y, al regresar a París, no encontró teatro alguno que le permitiese trabajar. Finalmente pudo interpretar el papel de Pricesa Désirée en «La biche aux bois», de Coignard. Entró en el Odéon gracias a la protección de Camilo Doucet y de Duquesnel y debutó como Silvia en «Le jeu de l’amour et du hasard», de Marivaux (1866). Quizá las obras con que consiguió mayor éxito aquí fueron «Athalie», «Ruy Blas», «El Rey Lear» y «Le Passant». Conquistó al público por su dicción perfecta y su voz armoniosa, así como por su distinción y el sentimiento que imprimía a sus caracterizaciones.

    En 1870, en el Théâtre de l’Odéon organizó un hospital para los heridos en el cerco de París, durante la guerra franco-alemana, y abandonó temporalmente el teatro; pero volvió a la Comédie Française en 1872, contratada por Perrin en condiciones muy ventajosas, y llegó a ser sociétaire en 1875. La primera obra que hizo en esta nueva etapa en la Comédie fue «Mademoiselle de Belle-Isle», el 6 de noviembre de 1872.

    A partir de entonces, todas sus interpretaciones recibieron una acogida excepcional en el público y en la crítica. En 1874 hizo «Fedra», de Racine, que el público había visto representar a la famosa actriz Rachel; no obstante, el triunfo de Bernhardt fue completo. Su intuición en captar la psicología de los personajes se complementaba con el talento que mostraba en sus arranques de pasión intensa y en sus exhibiciones de sentimiento y de patetismo, y su voz se hizo famosa como la voix d’or. El público llenaba los teatros y la idolatraba.
    Debutó en Londres en 1879 con la compañía de la Comédie Française y también obtuvo un éxito sin precedentes. De regreso a París, tuvo una salida controvertida de la Comédie en 1880; cansada del trabajo metódico de la compañía, al día siguiente del estreno de «L’aventurière», de Augier el 17 de abril de 1880, presentó su renuncia a su puesto de sociétaire con la excusa de una mala crítica en prensa. Se retiró a una casa que tenía cerca del Havre, y Perrin, gerente de la Comédie, la demandó ante los tribunales para exigirle una indemnización de 300.000 francos. Los jueces condenaron a la actriz a pagar 100.000 y las costas.

    Mientras, Sarah Bernhardt montó su propia compañía en 1880, con la que hizo la primera de sus muchas giras por los Estados Unidos en 1881 y ganó cientos de miles de francos. Fue durante este viaje cuando se casó con el actor de origen griego Jacques Damala. De regreso a París, dirigió una compañía en el Théâtre Ambigu en 1881 con su hijo Maurice; montó otra compañía en el Théâtre du Porte Saint-Martin entre 1883 y 1886; estrenó «Fédora», de Sardou, en el Vaudeville (1882); «Nana Sahib», de Richepin (1883), en el Théâtre du Porte Saint-Martin; y Macbeth, de Shakespeare (1884), en el mismo teatro. En la escena del sonambulismo de Lady Macbeth obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera.

    Se declaró en bancarrota en 1883, pero con los inicios de la década de los noventa se embarcó en una gira mundial entre 1891 y 1893; partió hacia Nueva York el 23 de enero de 1891 y llegó allí el 5 de febrero, con un contrato que le daba una parte considerable de los ingresos de taquilla. Allí publicó un artículo titulado «El idealismo y el realismo en el arte». En Australia tuvo conflictos con el público; luego pasó a Egipto y, finalmente, a Europa en mayo de 1892, después de dar 303 funciones de «Tosca» y 46 de «Cleopatra». Desde entonces sólo actuó por cuenta propia.
    De vuelta a París se asoció con Coquelin para representar «El anfitrión» de Molière, y «Magda», de Sudermann. Fue por aquel entonces cuando una de las actrices de la compañía con la que había viajado a América escribió «Les voyages de Sarah Bernhardt en América» y una segunda parte, «Mémoires de Sarah Barnum», en las que criticaba a la Bernhardt, que había llegado a darle un latigazo en la cara y a batirse en duelo a florete con ella. Sarah Bernhardt, ajena a la polémica, dirigió entonces el Théâtre de la Renaissance (1893-1899) y alquiló el Théâtre des Nations, que tomó el nombre de Théâtre Sarah Bernhardt (1899-1923), donde representó el papel de Hamlet y, entre otras obras, «L’aiglon», de Rostand (1900).

    Saran Bernhardt Probó suerte también con el recién nacido cine. En 1900 filmó «Le Duel d’Hamlet», interpretando ella a Hamlet. En 1906 rodó «La Dame aux camélias», con Lou Tellegen, su amante de aquel momento, haciendo de Armand Duval. Bernhardt, cuando la vio, se horrorizó y mandó destruir el negativo, que afortunadamente todavía existe. Rodó también «Elisabeth, reine d’Anglaterre», dirigida por Louis Mercanton. En 1913 filmó «Jeanne Doré», dirigida por Tristan Bernard. Esta película se considera la mejor rodada por Bernhardt y donde se puede observar mejor su arte interpretativo. La película se conserva en la Cinématèque de Paris.

    Reunió fondos para los heridos de la Primera Guerra Mundial y sufrió la amputación de la pierna derecha en 1915. Una vez recuperada de la amputación, y ya empezada la Primera Guerra Mundial, la actriz decidió hacer una gira tras las trincheras francesas haciendo actuaciones para animar a las tropas. Organizó varias giras con su compañía y recorrió toda Francia. Aun con la pierna amputada, Sarah Bernhardt siguió actuando. Recitaba monólogos, poemas o representaba actos famosos de su repertorio de obras en las que no debía estar de pie. Su última gira por los Estados Unidos de América fue en 1916-1918 y su última temporada en Londres en 1921. Recibió la Légion d’Honneur en 1913.
    Su salud fue empeorando hasta sufrir un grave ataque de uremia que estuvo a punto de matarla. En 1922 vendió su mansión en el campo de Belle-Île-en-Mer, donde había rodado años atrás una película documental sobre su vida. Cuando le llegó la muerte estaba rodando una película, La Voyante. El rodaje se estaba realizando tras haber convertido la habitación de su hotel en un improvisado estudio para evitar los traslados y las molestias, en el Boulevard Péreire, puesto que la actriz estaba ya muy delicada de salud. El 15 de marzo de 1923, tras rodar una escena, quedó totalmente agotada, hasta que se desmayó. Nunca se recuperó. Once días más tarde, el 23 de marzo, fallecía en brazos de su hijo Maurice en París.

    Su entierro fue multitudinario. Unos 150.000 franceses acudieron a despedirla. Fue inhumada en el cementerio parisino del Père-Lachaise. A pesar de ser llamada «la divina Sarah» por su carácter excéntrico y caprichoso, Sarah Bernhardt trabajó en innumerables proyectos teatrales demostrando un carácter perseverante, una gran profesionalidad y dedicación a su arte.