PETER O’TOOLE

    HA SIDO «LAWRENCE DE ARABIA”, «BECKET” Y «DON QUIJOTE”

    Peter Seamus O’Toole, un irlandés espigado (mide 1,88) de ojos milagrosamente azules, sonrisa canalla y físico elegantísimo, cumplió con creces el cliché de bebedor que arrastran muchos de sus compatriotas (de ahí su mala-salud-de-hierro) su afición al alcohol a punto estuvo de costarle la vida en los setenta. Pero el díscolo O’Toole (niño zurdo contrariado) cumple además, y por encima de todo eso, el retrato robot del artista de arriba abajo, creador de una pieza, hasta el tuétano.
    Como actor, fue infinitamente versátil. Y en el terreno personal un extravagante nato y decidido. Nació O’Toole de padre irlandés y madre escocesa un 2 de agosto de 1932 en Connemara, en el Condado de Galway, fue Periodista antes que actor, -llegó a ejercer de reportero en un diario local-, y fue también muchas otras cosas más: por ejemplo, trabajó en una fábrica de cartones y se enroló como marino en la Royal Navy, desde los diecinueve a los veintidós años.
    Pero en ese periplo vital disperso y tan suyo se le cruzó el Teatro, el Gran Teatro, y se acabó el mariposeo anterior. Ingresó primero en la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA) Allí coincidió con lo más florido y granado de la profesión, esos grandes, eternos, monstruos de la escena y la pantalla llamados, sin ir más lejos, Albert Finney, Alan Bates y Richard Harris, su gran amigo; entre todos ellos formaron una generación de actores que dieron nuevos bríos al siempre bien vitaminado Teatro británico. Pero con ese valioso prestigio a cuestas a Peter O’Toole no se le ocurrió otra cosa que pasar varios años en el Old Vic Theatre de Bristol antes de optar por el Cine. Y no eligió su debut en una de aventuras, «Los dientes del diablo” (1960) del consagrado realizador Nicholas Ray y junto a un compañero de reparto muy popular, Anthony Quinn. No lo eligió, más bien habría que decir que lo eligieron a él; y encima, para un papelín de nada, apenas visible, de puro discreto.
    Pero la suerte (o el olfato de alguno, quién sabe) hizo que aquel «british” de aspecto elegante y un tanto desconcertado no pasara desapercibido y tan sólo dos años más tarde el éxito mundial, y hasta planetario, le llegaría con su impresionante «Lawrence de Arabia” (1962) dirigida por el británico David Lean. O’Toole vapuleó entonces su adormecida ambición, agarró el toro por los cuernos y finalmente aprovechó todos los recursos a su alcance: apariencia física, fuerza interpretativa y poderío emocional, a la hora de meterse en la piel del personaje. Y si no lo calcó (¿quién puede confirmar eso a estas alturas?) sí convenció al mundo entero de que así, exactamente así, era (o debía ser, al menos) aquel extraño Thomas Edward Lawrence, militar y escritor británico que dirigió la revuelta árabe contra los turcos; era el personaje ideal para O`Toole, la oportunidad que cualquier actor espera y que a él le llegó. Un papel donde podía verter todo lo aprendido, lo vivido y lo bebido, incluso. Porque T. E. Lawrence era (como el propio O’Toole) un ser peculiar y un excéntrico, diferente, excepcional en cualquier caso, que permitía todos los matices y registros interpretativos.
    Como actor dio realmente la campanada, se hizo mundialmente famoso, aunque ya nunca alcanzó tal nivel de reconocimiento, ni tampoco pudo (ni quiso) quitarse de encima la sombra de aquel legendario aventurero, a pesar de los otros muchos hombres gloriosos que encarnó (desde «Lord Jim”, «Mr Chips”, o «Don Quijote de la Mancha” incluso) Peter O´Toole ha rodado cerca de noventa películas, ha conseguido ocho candidaturas a los Oscar siempre como Mejor Actor, pero hasta el año 2003 (con sólo setenta años) no obtuvo uno; fue un accidentado Oscar Honorífico a toda su carrera, que primero rechazó, considerando que ése era un premio para los ya retirados; así que escribió una virulenta carta a la Academia «…sigo aquí, y en activo, en el juego –decía- y me gustaría disponer de tiempo, diez años más por lo menos, para ganarme esa preciada mierda a pulso; en todo caso y, si es posible, que me lo reserven para cuando cumpla los 80 años…” pero finalmente aceptó.
    Con Oscar, o sin él, con pretendido (y fundado) ataque de furia (no fue el arranque del típico cascarrabias, él nunca lo fue sido) lo cierto es que desde entonces, efectivamente, O’Toole reverdeció y emprendió nuevos vuelos.
    Y ahora no nos olvidemos de las ocho candidaturas mencionadas como Mejor Actor, que fueron por las películas: «Becket” (1963) «El león en invierno” (1968) «Adios, Mr. Chips” (1969), «La clase dirigente” (1971), «El especialista” (1977), «Mi año favorito” (1982) y la última, «Venus” (2006). En lo profesional, no se puede negar que Peter O’Toole ha desplegado un currículo verdaderamente «regio” aunque bien es cierto que su elegante porte ha contribuido, y mucho, a ello; veamos: ha sido dos veces rey: Enrique II en «Becket” y el Rey Cedric Willingham en «Rafi, un rey de peso”; dos veces emperador: el Emperador César Tiberio en «Calígula” y el Emperador de Lilliput en «Los viajes de Gulliver” (para la televisión). También ha sido una vez príncipe en «El ladrón del arco iris”, otra vez presidente (el Presidente Paul von Hindenburg) en la producción televisiva «Hitler: la ascensión del diablo” (2003) y varias veces Lord.
    Pero títulos «de pega” aparte, fundamentalmente encarnó personajes visionarios, exagerados, extremos, como si utilizara en su beneficio el histrionismo del que está dotado y que asimiló aún mejor en el Teatro. Es precisamente el Teatro, en todo caso, su gran pasión, su vocación; y el Cine al parecer sólo una forma de ganarse el sustento; precario sustento, por cierto, dados sus conocidos problemas con el alcohol que –ya hemos dicho- a punto estuvieron de acabar con su carrera y con su vida en los años 70. Luego, un cáncer de estómago (consecuencia de todo ello) encendió todavía más las alarmas, aquello parecía ya definitivo…, pero salió a flote; y triunfal, en 1980, con «El especialista”.
    CURIOSIDADES
    O’Toole fue uno de los cuatro actores de la Historia del Cine nominado dos veces al Oscar por el mismo personaje, pero en películas distintas: la primera, por su trabajo como Enrique II en «Becket” (1964) y la segunda, igualmente como Enrique II pero en «El León en invierno” (1968).
    Y para colmar definitivamente la curiosidad del lector digamos ya cuáles son los otros tres actores nominados también por el mismo personaje en películas diferentes; son: Paul Newman, que hizo de Fast Eddie Felson en «El buscavidas” (1961) y veinticinco años después de nuevo en «El color del dinero” (1986). Bing Crosby, que encarnó al Padre O’Malley en «Siguiendo mi camino” (1944) y al año siguiente en «Las campanas de Santa María” (1945) y Al Pacino, como Michael Corleone, hijo de Marlon Brando, en «El Padrino” (1972) repitiendo en «El Padrino II” (1974). Hay que observar, no obstante, que O’Toole es el único que hizo los dos papeles pero no en una secuela o precuela de la misma saga, sino en dos historias y dos obras diferentes entre sí y totalmente independientes.
    INTIMO Y PERSONAL
    Peter O’Toole tuvo dos hijas, Pat y Kate de su matrimonio con la actriz galesa Siân Phillips (estuvieron casados veinte años, de 1959 a 1979). Su hija Kate (que se llama así por la gran amistad que entablaron O’Toole y Katharine Hepburn) es también una respetada actriz. Y tiene también un hijo, Lorcan, con la modelo Karen Brown. Gran amigo, como hemos mencionado, del también irlandés Richard Harris desde la Real Academia de Arte Dramático, cuando éste murió, en 2002, su familia esperaba que Peter le sustituyera en el papel del Profesor Albus Dumbledore en «Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, pero no fue así.
    Y ya que mencionamos la Real Academia señalar que, mientras estaba allí como miembro distinguido, a principios de los años 50, O’Toole protagonizó fuertes manifestaciones contra la intervención británica en la guerra de Corea, y en los sesenta se manifestó como un gran opositor a la guerra de Vietnam. Hace unos años, en 1995, la revista Empire magazine le eligió como «una de las cien estrellas más sexys” de la historia del Cine. Un «mérito” que a buen seguro él acogió con sorna, la misma que tiene para decir ahora que «…el único ejercicio que hago es ir caminando de un ataúd a otro, de amigos que siempre hicieron ejercicio.”
    Políticamente incorrecto, como se ve, suelta lindezas de este tipo a todo el que quiera escucharlo: «No puedo permanecer al aire libre, odio la intemperie; mi idea del cielo es pasar de una habitación llena de humor a otra”. El actor falleció el 14 de diciembre de 2013 a los 81 años en un hospital londinense tras una larga enfermedad.