OLIVIA DE HAVILLAND

    Una de las actrices más sobris, dulces y elegantes de la historia del cine. Nacida en Tokio (Japón) el 1 de julio de 1916 con el nombre de Olivia Mary de Beauvoir de Havilland, lugar donde su padre trabajaba como profesor de universidad. A los dos años, por su frágil salud, ella y su hermana pequeña (Joan Fontaine) marcharon con su madre, ya divorciada, a Nueva York. Empezó a actuar en teatro de aficionados y poco a poco fue afianzándose en el escenario, hasta la representación de «El sueño de una noche de verano», que le abrió las puertas del cine, descubierta por Max Reinhardt.
    Su primera película, «Alibi Ike», de 1935, pasó desapercibida, pero la Warner le ofreció un contrato de siete años. Su primer gran éxito fue «El sueño de una noche de verano» en 1935, que ya había encho en teatro, con dirección Max Reinhardt y William Dieterle, al que siguió «El capitán Blood» el mismo año, película en la compartió reparto con Errol Flynn. La pareja trabajó en varias películas más «Robin de los Bosques», «La vida privada de Elizabeth y Essex», «Camino de Santa Fe»…), convirtiéndose pronto en una de las parejas más aclamadas por los esectadores de los años 30.

    El gran éxito mundial llegó con «Lo que el viento» se llevó en 1939, donde interpretó a Melania, un papel de joven sacrificada que la hizo famosa; por este trabajo fue nominada al Oscar a la Mejor Actriz de Reparto. Curiosamente Olivia se presentó al productor David O’Selznick para solicitar, como la mitad de las actrices de Hollywood, el papel de Scarlett O’Hara. Fue rechazada, pero a los pocos días el productor le ofreció el de la dulce Melanie Hamilton.
    Siguieron varios papeles de éxito, en los que la actriz consiguió demostrar su capacidad para los personajes dramáticos. De nuevo es nominada al Oscar por «Si no amaneciera» (1941), de Mitchell Leisen, pero esta vez fue su hermana, Joan Fontaine, nominada por «Sospecha», de Alfred Hitchcock la que se lo llevó. La mala relación que mantenían las dos hermanas pudo apreciarse en la entrega de los Óscar, cuando Joan rechazó las felicitaciones de Olivia al subir a recoger su galardón. Mitchell Leisen volvería a dirigir a Olivia de Havilland cinco años más tarde en «La vida íntima de Julia Norris» por la que por fin lograría si primera estatuilla.

    En los primeros años 40 destaca en películas como «La pelirroja» (1941), de Raoul Walsh, «Murieron con las botas puestas», de nuevo con Errol Flynn y también dirigida por walsh (1941), «El macho» (1942), de Elliot Nugent, «Como ella sola» (1942), de John Huston, «Thank Your Lucky Stars» (1943), de David Butler, «Predilección» (1945), de Max Reinhardt, «A través del espejo» (1946), de Robert Siodmak, «Nido de víboras» (1948), de Anatole Litvak o «La heredara» (1949), de William Wyler, por la que logra su segundo Oscar y el Globo de Oro.
    En 1943, desafió sola a uno de los más poderosos estudios de la meca del cine y demandó a Warner Bros al amparo de la ley «anti-peonaje” de California, una ley procedente del código napoleónico que prohibía a los patronos disminuir a sus trabajadores a la servidumbre. Fue una lucha legendaria para los actores que lograrían evitar someterse a los tiránicos contratos con los grandes estudios de Hollywood, en donde Olivia de Havilland se convierte en la figura clave en la reivindicación de los derechos de los actores. Tras ganar el pleito, pudo escoger su propio material y realizar los papeles que realmente le interesaban. El juicio sentó jurisprudencia en lo que, a partir de entonces, se llamó «La decisión de Havilland”.

    A la vez que sus diferencias con su hermana Joan Fontaine se agrandan llegando a ignorarse mutuamente, Olivia de Havilland protagoniza ya en los años 50 películas como «Mi prima Raquel» (1952), de Henry Koster, «La princesa de eboli» (1955) de terence Young, «No serás un extraño» (1955), de Stanley Kramer, «La hija del embajador» (1956), de Norma Krasna, «El rebelde orgulloso» (1958), de Michael Curtiz o «La noche es mi enemiga» (1959), de Anthony Asquith.
    En su vida personal, la actriz conoció dos matrimonios: En 1946 se casa con Marcus Goodrich, que le dio un hijo, fallecido con 42 años, que acabaría en divorcio en 1953; y en 1955 se vuelve a casar con Pierre Galante, futuro director de Paris Match, al que conoce en el Festival de Cannes, con quien tuvo una hija, y del que se separó en 1979. Este matrimonio le llevó a establecer en Francia su residencia. Actualmente sigue viviendo en París.

    Su última gran película es de 1964: «Canción de cuna para un cadáver», al lado de Bette Daves, bajo la dirección de Robert Aldrich. El duelo actoral entre ambas actrices ha hecho historia. A partir de ese momento su actividad en la gran pantalla comienza a decaer mientras centra su trabajo en el mundo de la televisión. Aún así, en los 70 protagoniza «Los libertinos» (1970), de Lewis Gilbert, «La papisa Juana» (1972), de Michael Anderson, «Aeropuerto 77» (1977), de Jerry Jameson, «El enjambre» (1979), de Irwin Allen o «El quinto mosquetero» (1979), de Ken Annakin, su último trabajo en la gran pantalla. Aún así, su trayectoria prosigue en televisión apareciendo en series como «Vacaciones en el mar» o «Norte y sur» y en miniseries como «Anastasia: The Mystery of Anna» (por la que gana su segundo Globo de Oro) o «The Woman He Loved».
    Actualmente trabaja en su autobiografía, y se sigue negando a citar a su hermana menor, Joan Fontaine, que vive con 91 años en California y con la que, según se dice, no se habla desde hace más de cuarenta años. Su última aparición pública fue como presentadora de uno de los premios de la 75 edición de los Óscar, en el año 2003.
    QUEDA DICHO

    «Lo que más me satisface es que mi triunfo sobre la Warner benefició a Clark Gable, Jimmy Stewart, Glenn Ford, Henry Fonda y todos los otros actores que habían estado ausentes, haciendo su servicio militar. Cuando regresaron a Hollywood, pudieron reescribir sus contratos con cláusulas más favorables»
    «En Hollywood todos creían que «Lo que el viento se llevó» sería un descomunal fracaso, pero yo, no. Yo creía en ella. Estaba convencida de que la película triunfaría puesto que contaba una historia real con personajes de carne y hueso”
    «La Melanie de «Lo que el viento se llevó» era de carne y hueso, estaba preocupada por los demás, pero también era una mujer inteligente y dura. Aunque, por encima de todo, era una mujer con gran capacidad para ser feliz»
    «Cuando Pierre-Paul Galante me sugirió vivir en Francia, en un principio me resistí, pero pensándolo mejor pensé que podía empezar a vivir de nuevo»
    «Fui una estrella, pero también una esclava» de Hollywood»