NORMA SHEARER

    Norma Shearer (Edith Norma Shearer) nació en Montreal (Canadá) el 10 de agosto de 1902. Fue una de estrellas más populares en el firmamento de Hollywood de los años treinta (la primera en lograr el Oscar a la mejor octriz), donde personificaba más que ningún otro intérprete el brillo de la Metro Goldwyn Mayer en el momento de mayor gloria de los estudios. Si bien su carrera se extiende desde 1920 hasta 1942, su imagen está absolutamente ligada al período 1930-1936, aunque hoy día sea más recordada por dos películas posteriores, «Maria Antonieta» («Marie Antoniette», 1938) y «Mujeres» («The Women», 1939).

    Hija de Edith, que había sido actriz de teatro, y hermana de Athole Shearer, estudió arte dramático en Montreal y emigró a los 18 años a Nueva York, tras las huellas de las teatros de Broadway, y con su familia arruinada a las espaldas.Sus comienzos no llegaron marcados por sus éxitos en los escenarios teatrales sino como resultado indirecto de su elección, con tan solo 14 años, en un concurso de belleza. De allí pasó a la publicidad y al teatro amateur.
    Norma Shearer comenzó a actuar en el cine desde adolescente por influjo materno y de la mano de D.W.Griffith. «Way Down East», de 1920, fue su bautizo en el celuloide, aunque tenía un minúsculo papel en la película.

    Tras aparecer como extras en algunos filmes, en 1923 entró a formar parte de la MGM, por consejo de uno de los productores más influyentes de la época, Irving Thalberg, enigmático individuo, que inspiró a Scott Fitzgerald su «El último magnate» que, de hecho, se había enamorado de ella y que se convertiría en su marido el 29 de septiembre de 1927 convirtiéndose además en su protector. Especializada en pequeños papeles secundarios, alcanzaría la fama como co-protagonista de «The Student Prince in Old Heidelberg» («El príncipe estudiante»), película romántica de 1927 en la cual se dejaba seducir por Ramón Novarro.
    Durante los años del cine mudo, Norma Shearer conoció la dura disciplina con la que debían trabajar los pioneros de la industria y las técnicas de interpretación cinematográfica naturalista, llegando a trabajar con algunos directores sobresalientes como David Wark Griffith, Victor Sjöström y Ernst Lubitsch. Contratada por Louis B. Mayer para su compañía, pasó a formar parte de la nómina de la Metro Goldwyn Mayer cuando ésta fue fundada en 1924, como una de sus ingenuas. Allí su carrera se vería enormemente potenciada por el «Boy Wonder» de los estudios Irving Thalberg, con el que se casaría en 1927.
    Tras aparecer como extras en algunos filmes, en 1923 entró a formar parte de la MGM, por consejo de uno de los productores más influyentes de la época, Irving Thalberg, enigmático individuo, que inspiró a Scott Fitzgerald su «El último magnate» que, de hecho, se había enamorado de ella y que se convertiría en su marido el 29 de septiembre de 1927 convirtiéndose además en su protector.

    Poco a poco Shearer fue ganando el favor del público de tal forma que al finalizar la década de los veinte, ya era una estrella inmensamente popular. Sin embargo su posición se vería aún más afianzada con la llegada del cine sonoro, al cambiar por completo el registro de sus papeles, abandonando los personajes de ingenua tan típicos del período mudo, por otros que ofrecían de ella una imagen moderna, elegante y liberada. Este cambio coincidió con un período en el que el código de censura Hays, no había sido aún implantado con todo su rigor, por lo que el público pudo admirar a una Shearer absolutamente distinta, seductora, pero que se mantenía dentro de los códigos de la elegancia y el buen gusto más absolutos en títulos como «La divorciada» («The Divorcee», 1930), «Alma libre» («A Free Soul», 1931) o «Vidas íntimas» («Private Lives», 1931).
    Norma Shearer sería nominada al Oscar en otras cinco ocasiones: En 1930 por «Amanecer por amor», en 1931 por «Alma libre», en 1934 por «Las vírgenes de Wimpole Street», en 1936 por «Romeo y Julieta» y en 1938 por «Maria Antonieta».

    Especializada en pequeños papeles secundarios, alcanzaría la fama como co-protagonista de «The Student Prince in Old Heidelberg» («El príncipe estudiante»), película romántica de 1927 en la cual se dejaba seducir por Ramón Novarro. Al ser la esposa de Thalberg, gozaba en la MGM de una libertad que le permitía elegir sus temas, sus compañeros, sus directores e incluso tomar largas vacaciones cuando quería.
    Pero Norma Shearer era una mujer de talento interpretativo, y así lo demostró con su elegancia y su porte distinguido en numrosos melodramas del momento. Los estadounidenses comenzaron a conocer a la actriz como «la primera dama de Hollywood», apelativo que se hizo muy popular en los años 20 y 30.

    Su espectacular carrera sufrió un shock cuando, el 14 de septiembre de 1936, su marido Irving Thalberg falleció con apenas treinta y siete años, aquejado de neumonía, lo que hizo decidir a Norma abandonar la pantalla. Sin embargo, su contrato con la MGM se lo impidió y tuvo, forzosamente, que aceptar protagonizar más películas, aunque rechazó los papeles de Scarlett en «Lo que elviento se llevó» y el de Señora Miniver en el filme del mismo título. Tres años se mantuvo enterrada en vida, con los dos hijos que había tenido con Thalberg, hasta que, en 1939, George Cukor, por encargo de Louis B. Mayer, la rescató de la tumba y la llevó a su cumbre como profesional: «Mujeres», que es su mejor trabajo.
    Su primera película sonora fue «The Trial of Mary Dugan», que aceptó protagonizar después de que otra pujante estrella del cine mudo, «Madge Bellamy», rechazase hacerla.

    Su última película fue «Her Cardboard Lover», en 1942, dando por concluido su contrato con la MGM, año en el que se volvió a casar con Martin Arrouge, un profesor de esquí veinte años menor que ella.

    Norma Shearer falleció el 12 de junio de 1983, víctima de una neumonía y tras sufrir de alcoholismo y depresión los últimos años de su vida.