MICHELLE PFEIFFER

    Michelle Marie Pfeiffer nació el 29 de abril de 1958 en Santa Ana, Orange County, California. Hija de Dick, un modesto técnico electricista, y Donna Pfeiffer, tiene tres hermanos; uno mayor y dos hermanas menores. Tiene ascendencia neerlandesa, alemana, irlandesa, sueca y suiza.
    La pequeña Michelle era una niña pálida, con unos grandes y profundos ojos azules, y con un peciliar mohín en los labos. Tuvo una infancia feliz y sin grandes preocupaciones. Pasaba horas absorta delate del televisor hechizada con ese mundo de ficción que le permtía evadirse de su realidad cotidiana. Tímida hasta límites insospechados, disfrutaba jugando en soledad.
    Su primer sueldo lo gana sacando brillo a los aparatos que su padre arreglaba: Por cada calefactor que dejase reluciente, recibía 50 centavos y la posibilidad de jugar en el taller de su padre. Su cara de niña buena y la extrema delgadez de sus piernas supondrán para Michelle no pocas burlas por parte de sus compañeros de colegio.

    Es también una jovencita revoltosa que disfruta subiéndose a los árboles, que discute frecuentemente con sus compañeros de clase y que es expulsada del aula en más de una ocasión, pero cuando llega a la universidad se ha transformado en la típica mujer californiana, protagonista de no pocos sueños húmedos masculinos. Su melena rubia y su bronceado adquirido practicando el surf, causan sensación. Es en esta época universitaria cuando ha reconocido que, en compañia de un novio ocasonal, un corpulento deportista, coquetea con las drogas, algo que después ha rechazado de plano. Mientras estudia, trabaja de cajera en un supermercado de San Diego, se hace vegetariana, se apunta a una secta religiosa y se fraguan sus primeras ambiciones artísticas.
    Para evitar tener que acudir a las clases de lengua inglesa, se apunta a un grupo de teatro universitario, en donde desarrolla sus primeras interpretaciones y, poco a poco, se convence de que algún día puede llegar a ser una buena actriz. Sería su peluquero, Walter Deadman, quién le da un consejo fundamental, que se presente a algún concurso de belleza. Animada por su familia compite por la elección de Miss Condado de Orange, premio que gana con relativa facilidad, e inmediatamente es contratada por un agente teatral.

    Con 23 años se instala sóla en Lauren Canyon (Los Angeles) y comienza a estudiar arte dramático. No es fácil abrirse camino como actriz, y sus primeros trabajos son como modelo publicitaria para, poco a poco, lograr algún pequeño papel en series de televisión como «Delta House», «La isla Fantasía» o «Natica Jackson». Su primera oportunidad en el cine surge con «Volver al amor» («Falling in Love Again»), que protagonizan Elliot Gould y Sussanah York. Pronto logra meter cabeza en otra película, «The Hollywood Knight», donde conoce al actor Peter Horton, con el que se casa en 1981. La pareja recorre castings y llaman a muchas puertas, pero el mundo del cine se les sigue resistiendo, lo que provoca que su matrimonio se tambalee y que acabe en divorcio al poco tiempo.
    Tras hacer uno de los personajes secundarios en la película de Charlie Chan «La reina Dragón», su suerte parece cambiar: En un casting la eligen como protagonista para una secuela de «Grease», un musical que había marcado un hito cuatro años antes. Aunque la película no funciona en taquilla como se esperaba, Michelle canta y baila con soltura y su suerte definitivamente está echada.

    En 1983 es elegida como protagonista de «El precio del poder» («Scarface»), de Brian de Palma, al lado de Al Pacino. 1985 es el año de «Cuando llega la noche», de John Landis, junto a Jeff Goldblum y Dan Aykroyd, película con la que recorre Europa en gira promocional. Michelle es ya una actriz popular y, dos años después, Richard Donner la convierte en protagonista de «Lady Halcon», que rueda en Italia y Suiza, que la consagra definitivamente como una heroina de cuento de hadas.
    «Dulce libertad» (1986), a las órdenes de Alan Alda, «Las brujas de Eastwick», de George Miller y «Amazonas en la Luna», de nuevo a las órdenes de John Landis (ambas de 1987), no son sino el prólogo para su gran éxito mundial: «Las amistades peligrosas», dirigida por el británico Stephen Frears en 1988 a partir de la célebre novela de Choderos de Laclos, que supone la primera nominación al Oscar para Michelle Pfeiffer como mejor actriz secundaria por su interpretación de Madame Marie de Tourvel. Durante el rodaje de «Las amistades peligrosas» mantiene una relación con John Malkovich y posteriormente vive durante tres años con el actor Fisher Stevens.

    Dispuesta a no encasillarse, tras «Las amistades peligrosas», rueda una comedia actual, «Casada con todos», de Jonathan Demme y una aventura de acción, «Conexión Tequila», al lado de Mel Gibson, las dos en 1988. Su segunda nominación al Oscar, ahora como actriz principal, le llegaría con su siguiente pelicula un año despues: «Los fabulosos Baker Boys», dirigida por Steve Kloves, junto a los hermanos Beau y Jeff Bridges. Por este trabajo logra además el Globo de Oro y el premio de los críticos de Nueva York. Es ya una de las más sólidas, sensibles y cotizadas actrices de Hollywood. Además la película le permite darse a conocer como cantante ante quienes no la habían visto en «Grease 2».
    «La casa Rusia» (1990), de Fred Schepisi, al lado de Sean Connery, «Frankie y Johnny (1991), de Gary Marshall, de nuevo con Al Pacino, la Catwoman de «Batman vuelve» (1992), de Tim Burton, junto a Michael Keaton, «Por encima de todo» («Love Field»), de Jonathan Kaplan (1993) con la que logra su tercera nominación al Oscar, o «La edad de la inocencia» (1993), de Martin Scorsese, con Daniel Ray Lewis como pareja, forman sus relevantes éxitos en estos años.

    En 1993, Pfeiffer adoptó a una niña, Claudia Rose Pfeiffer, y ese mismo año se casa con el productor David E. Kelley, creador de las series para televisión «Chicago Hope» y «Ally McBeal». Juntos tienen un hijo nacido en 1994, que se llama John Henry. En la década de los 90 trabaja también en «Lobo» (1994), junto a Jack Nicholson, «Mentes peligrosas» (1995), «Íntimo y personal», con Robert Redford, «Gillian» y «Un dia muy especial», las tres en 1996, «En lo profundo del corazón», «En lo profundo del océano», «Sueño de una noche de verano», «Nuestro amor» (todas en 1999) y «Lo que la verdad esconde», al lado de Harrison Ford con la que cierra un década inolvidable en el 2000. Además, en 1996 grabó dos canciones demos para el casting del film musical «Evita» del director Alan Parker, «Buenos Aires» y «I’d Be Surprisingly Good For You».
    Ya en el comienzo del siglo XXI, sus trabajos se espacian: «Mi nombre es Sam» (2001), «Déjame vivir» (2002), «El novio de mi madre», «Stardust: El misterio de la estrella» y «Hairspray», en 2007, «Efectos personales» («Personal Effects») en 2008 o «Cheri», de nuevo cob Stephen Frears, en 2009.