MARÍA MERCADER

    María Mercader (María Asunción Mercader Forcada) nació en Barcelona el 6 de marzo de 1918 en el seno de una familia de la alta burguesía catalana y debutó en el cine cuando todavía era muy joven, como protegida de la realizadora Rosario Pi, que la convirtió en la protagonista de su película «Molinos de viento» (1937).

    La actriz desarrolló la mayor parte de su carrera cinematográfica en el extranjero, entre Francia e Italia. En 1939 comenzó sus actividades en Italia, donde actuó en varias películas y allí conoció a De Sica en el rodaje de «Recuerdo de amor» («Un Garibaldino al convento», 1942).
    Mercader y De Sica fueron amantes hasta que el director capaz de conmover al mundo con clásicos del neorrealismo italiano como «El ladrón de bicicletas» consiguió el divorcio de su primera mujer, Giuditta Rissone: María obtiene la ciudadanía francesa en 1968 y se casa de nuevo en París con De Sica. Desde entonces, Mercader se convirtió en su compañera inseparable hasta su muerte, el 13 de noviembre de 1974. Juntos trabajaron en filmes como «Recuerdo de amor» (1942), «La puerta del cielo» (1945) o «Nessuno torna indietro» (1945).
    Sobre su marido, Mercader había dicho en varias ocasiones que «era un caballero», «un hombre bueno» y alguien con quien le era «muy fácil trabajar» puesto que se conocían a fondo. Con él tuvo dos hijos: el compositor Manuel De Sica y el también actor y productor cinematográfico Christian De Sica. Fue abuela consuegra de Mario Verdone, padre de Carlo Verdone. Uno de sus primos fue Ramón Mercader, el asesino de León Trotski en 1940, en México.

    La actriz abandonó el cine y el teatro cuando nacieron sus hijos porque, según admitió la propia actriz, Vittorio de Sica se lo había pedido y no volvió a trabajar hasta la muerte de su marido. En esa última época trabajó con Marco Ferreri en «La casa del sorriso» (1988) y con Jaime Camino en «Luces y Sombras» (1988). Asimismo, participó en «Il Conte Max» de su hijo Christian en 1991.
    Fue autora de un libro, «Mi vida con Vittorio de Sica», unas memorias que se sitúan entre el folletín y el reportaje. «Lo escribí para hacerme compañía, para soñar que todavía estaba Vittorio vivo; para lucha contra la desesperación y la soledad que me produjo su muerte», dijo cuando se editó. Por él desfilan personajes y monstruos del cine y la cultura: Charlie Chaplin, Buñuel, Miró, Zavattini, etcétera. Su historia, pues, no es sólo una novela de amor muy a la italiana. Es también un relato de costumbres con el fondo de la segunda guerra mundial y la Italia fascista.

    La actriz, que había aparecido en 40 películas entre 1923 y 1992, falleció en Roma a los 94 años el 26 de enero de 2011.