MARÍA GUERRERO

    María Ana de Jesús Guerrero Torija , insigne actriz y empresaria dramática española, nació en Madrid, el 17 de abril de 1867. Tras recibir su educación en el Colegio de San Luis de los Franceses de Madrid, estudió, a partir de 1885, arte dramático con la actriz Teodora Lamadrid.

    Debutó el 28 de octubre de 1885 con la obra «Sin familia», de Miguel Echegaray en el Teatro de la Comedia de Madrid. La entonces inexperta actriz, les había dicho a los productores de la obra que se atrevía a cantar un cuplé en el idioma del otro lado de los Pirineos. Pero cuando le llegó su turno, se quedó en blanco. El público no podía ser más selecto, estaba toda la aristocracia de Madrid, y en medio de este ataque de pánico, María Guerrero se echó a llorar. Paradójicamente, sus pucheros hicieron reír a los espectadores. Eso le dio confianza, levantó el ánimo y comenzó a cantar: recibió una gran ovación, pero nadie sabía que iba a ser la primera de una larga carrera como actriz y como empresaria.
    Desde 1890, ya como primera actriz del Teatro Español, actuó en obras clásicas y de José Echegaray con gran éxito. Amplió estudios en París con el actor y director Benoît-Constant Coquelin en 1891. De vuelta a España, comenzó a trabajar en el Teatro de la Comedia. Así en 1892 volvió al Teatro de la Comedia como actriz principal, con «Realidad», de Pérez Galdós (luego interpretó «La loca de la casa» y «La de San Quintín», del mismo autor), y llevó a las tablas éxitos del Nobel Echagaray como «Mariana» y «A la orilla del mar». Ese mismo año conoció a Fernando Díaz de Mendoza, dos veces grande de España, un aristócrata que quería ser actor y con el que María Guerrero compartió su otra gran faceta, la de empresaria teatral, con quien se casa el 10 de enero de 1896.

    En 1894, había regresado al Español y ese mismo año, abandona la compañía de Emilio Mario para crear la suya propia. Un año después coincide sobre ese escenario con la actriz Sarah Bernhardt interpretando en francés «La esfinge».

    En la compañía que crea con Díaz de Mendoza se integran, a lo largo del tiempo, grandes nombres de la escena española del primer tercio del siglo XX: María Fernanda Ladrón de Guevara, Catalina Bárcena, María Cancio, Emilio Thuillier, Elena Salvador, Josefina Blanco, Emilio Mesejo, Felipe Carsi, Alfredo Cirera, Hortensia Gelabert, Pedro Codina, Luis Medrano…
    Tras el nacimiento de sus dos hijos (Luis Fernando, 5 de marzo de 1897, y Carlos Fernando, 4 de septiembre de 1898), en 1899 emprendió una gira por Latinoamérica a la que siguió, un año después, otra por Francia, Bélgica e Italia. Repitió en sucesivos años giras por Latinoamérica (1908, 1910, 1914…), con especial querencia por Uruguay y Argentina. En la ciudad argentina de Córdoba, fue una de las que inauguró el Teatro del Libertador San Martín (llamado en su época Teatro Rivera Indarte); en Buenos Aires inauguró el Teatro Avenida e hizo donativos para que se construyera el que es hoy llamado Teatro Nacional Cervantes. En 1925 actuó en la Manhattan Opera House de Nueva York.
    A lo largo de su carrera estrenó, entre otras, obras de los Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente y José de Echegaray, así como de Benito Pérez Galdós, Eduardo Marquina, Valle-Inclán o los Hermanos Álvarez Quintero.

    Existe un teatro en Madrid que lleva su nombre: el Teatro María Guerrero, llamado Teatro de la Princesa hasta 1931, del que María Guerrero había sido propietaria desde 1909 y donde llegó a fijar residencia desde 1918. El María Guerrero es una sede del Centro Dramático Nacional. Luis Fernando contrajo matrimonio con María Guerrero López, sobrina de la actriz. Fue asimismo abuela de la actriz Mari Carmen Díaz de Mendoza, hija de Carlos y de la actriz Carmen Larrabeiti.
    María Guerrero falleció a consecuencia de un ataque de uremia, el 23 de enero de 1928 en Madrid, tan sólo siete días después de tener que suspender los ensayos del que habría sido su siguiente estreno: «Doña Diabla», de Luis Fernández Ardavín. Está enterrada en el Cementerio de la Almudena de Madrid. Su entierro fue uno de los más multitudinarios que ha conocido Madrid. En 1922 había sido nombrada Hija Predilecta de Madrid y había sido condecorada con la Gran Cruz de Alfonso XII.