LUCÍA BOSÉ

    Lucia Borloni (Lucía Bosé) nació en Milán, el 28 de enero de 1931. Comenzó a trabajar a los 1º4 años, primero como secretaria y después como dependienta de una pastelería. En 1947 participa en el concurso de Miss Italia siendo la gran triunfadora, lo que le abre las puertas del mundo del cine. Interpreta un cortometraje de Dino Risi sobre las Cinco jornadas de Milán (1848, realizado en 1948-1949 con el asesoramiento artístico de Alberto Lattuada y Giorgio Strehler), para convertirse poco después en la gran protagonista de «Non c’è pace tra gli ulivi» (1950) de Giuseppe de Santis, largometraje que forma el último capítulo de la trilogía campesina del maestro neorrealista en el cual tiene el papel de una pastora de la Ciociaría, al lado de actores tan prestigiosos como Raf Vallone y Folco Lulli. En el mismo año, la actriz ofrece una significativa muestra de su talento en «Crónica de un amor» («Cronaca di un amore»), espléndida opera prima de Michelangelo Antonioni en la cual interpreta con convicción a la protagonista en una historia en la que se analizan con minuciosidad los sentimientos de la alta burguesía milanesa en un trasfondo policial.
    En 1951 Lucía Bosé regresa de nuevo junto a de Santis: interpreta en 1951 el papel de Simona en «Roma hora 11» («Roma ore 11»), película que trata el tema del desempleo femenino y que ofrece una característica galería de retratos de mujeres. En el año 1953 Antonioni le ofrece el papel de Clara Manni, en «La signora senza camelie», una película que narra la historia de una empleada que se convierte en actriz, se hace inmediatamente famosa y, luego, sufre un doble fracaso –sentimental y profesional– se trata del amargo «La signora senza camelie», película sobre la dimensión poco auténtica del mundo cinematográfico, fiel espejo de la aridez que caracteriza las relaciones entre los seres humanos.

    En el mismo periodo, Lucía Bosé también es la protagonista de numerosas películas que confirman su facilidad de adaptarse con excelentes resultados a cualquier exigencia expresiva. La actriz se dedica a la comedia rosa tardo-neorrealista interpretando dos de los títulos más famosos de la filmografía de Luciano Emmer: el divertido «París, siempre París» (1951), con Aldo Fabrizi y, sobre todo, «Tres enamoradas» (1952), en la cual personifica a una modista que, tras convertirse en maniquí, no olvida sus orígenes modestos ni el amor por su novio, simple pero simpático. En aquellos años está ya considerada como la actriz más sensible del cine italiano. Junto a Walter Chiari, Lucía Bosé también participa en numerosas películas de carácter cómico y burlesco entre las cuales cabe señalar «E l’amor che mi rovina…» (1951) en la cual interpreta a una joven profesora de esquí en la localidad de Sestriére con la dirección de Mario Soldati.
    El año 1955 es fundamental para la actriz; Lucía Bosé se convierte en la protagonista de tres importantes títulos que representan todo un éxito profesional para una carrera que todavía está a los inicios. En «Gli sbandati» de Francesco Maselli traza con extrema sensibilidad a la graciosa y alocada Lucia de la cual se enamora el joven conde Andrea (Jean-Pierre Mocky). En «Muerte de un ciclista», que rueda en España con dirección de Juan Antonio Bardem, ofrece una brillante interpretación en una de las obras más interesantes realizadas bajo la dictadura franquista. En «Así es la aurora», a las órdenes de Luis Buñuel al volver a Francia tras su estancia en México, Bosé interpreta al personaje de Clara, una joven viuda italiana que reside en Córcega y vive una purísima historia de amor con el medico Valerio (George Marchal).

    El 1 de marzo de 1955, Lucía Bosé se casa por lo civil con el célebre torero español Luis Miguel Dominguín en Las Vegas y el 16 de octubre lo tiene que hacer por la iglesia en España para no levantar sospechas en la pacata España franquista. El torero y la actriz tuvieron 3 hijos: Miguel (3 de abril de 1956), Lucía (19 de agosto de 1957) y Paola (5 de noviembre de 1960). También es la abuela de Bimba Bosé, que también ha seguido los pasos artísticos de la familia. Por un tiempo, se retira de la carrera cinematográfica que sólo reemprenderá tras separarse del marido en 1967.
    Entre 1968 y 1976, Lucía Bosé vuelve a trabajar, solicitada en Italia y en el extranjero, tanto por cineastas brillantes y populares como Federico Fellini, los hermanos Taviani o Mauro Bolognini, como también por directores más jóvenes. También es protagonista de originales historias femeninas, dirigidas por la escritora y directora Marguerite Duras y coprotagonizada por Jeanne Moreau.

    Sin embargo, cabe recordar que el retorno al cine lo hace bajo la dirección de Pere Portabella, exponente destacado de la escuela de Barcelona, con «Nocturno 29» (1968), película interpretada junto a Gabriele Ferzetti. En España, Bosé también participa en otras películas entre las cuales cabe señalar «Del amor y otras soledades», de Basilio Martín Patino y «Un invierno en Mallorca», (1970) de Jaime Camino en la que daba vida a Georges Sand, la esposa de Chopin, «Ceremonia sangrienta» (1972), una película de terror dirigida por Jorge Grau, «Vera, un cuento cruel» o «Los viajes escolares» (1973), de Jaime Chávarri.
    En el «Satiricón» (1969) de Federico Fellini, Bosé aparece en una sola y memorable escena pero en «Bajo el signo del escorpión» («Sotto il segno dello Scorpione»), el lúcido apólogo abierto a muchas claves de lectura que los hermanos Paolo y Vittorio Taviani dirigen en el mismo año, Bosè es la protagonista, al lado de Gian Maria Volonté y Giulio Brogi.
    La colaboración de la actriz milanesa con Mauro Bolognini es más articulada y empieza con Metello (1970), sigue con Por las antiguas escaleras (1975), con Marcello Mastroianni y Françoise Fabian y con la serie televisiva La cartuja de Parma (1982), en la cual interpreta el papel de la marquesa del Dongo.

    En el mismo periodo, siempre en Italia, Lucía Bosé participa en títulos interesantes que la estimulan a dar lo mejor de sí: en 1971 interpreta el papel de una enferma mental en «La huésped» («L’ospite») de Liliana Cavani, al lado de Glauco Mauri; en 1972 participa en el extraño «Arcana» de Giulio Questi, en el papel de una viuda que se dedica a la magia y en «La colonna infame» de Nelo Risi, basada en la obra de Alessandro Manzoni. La actriz muestra su madurez artística y su capacidad de introspección psicológica en «Nathalie Granger» (1972), película dirigida por Marguerite Duras en la cual la Bosé es Isabel, la madre de la niña que da el nombre a la película. También de ese año es su trabajo en «La casa de las palomas», del malogrado Claudio Guerín Hill, junto a la casi debutante Ornella Muti.
    En 1976, tras su participación en «Violanta» de Donald Schmid y en la serie de Adolfo Marsillach «La señora García se confiesa» para televisión, la carrera de Lucía Bosé sufre una segunda interrupción; Tras una breve aparición en «Entre tinieblas», de Pedro Almodóvar, en 1984, volverá al cine sólo a finales de los años ochenta interpretando a dos figuras maternas en «Crónica de una muerte anunciada» (1987) de Francesco Rosi (basada en la famosa novela de Gabriel García Márquez), en «Volevo i pantaloni» (1990) de Maurizio Ponzi, una adaptación del best-seller homónimo de Lara Cardella y en «El avaro», versión cinematográfica de la obra maestra de Molière, dirigida por Tonino Cervi con Alberto Sordi y Laura Antonelli. A partir de los años 90, Lucía Bosé va espaciando cada vez más sus participaciones en el cine, sin dejar del todo de lado su profesión. «El niño de la luna», de Agustí Villaronga o

    La actriz vive en Brieva, España, país al que se ligó sentimentalmente desde hace muchos años. En el año 2000 decide hacer realidad un sueño de su juventud: abrir el primer Museo de Ángeles del mundo. Creó en el pueblo segoviano de Turégano un museo dedicado a las representaciones de los ángeles, con más de ochenta obras de artistas contemporáneos procedentes de diversos países, así como diversas esculturas de lo más angelicales. sin embargo, la falta de apoyos tanto estatales como del propio municipio de Turégano le obligó a cerrarlo. En el año 2003, publicó su autobiografía titulada «Lucía Bosé. Diva divina», escrita por la periodista española Begoña Aranguren.
    CITAS:
    «Todo lo que puedo decir de Lucía es positivo. Es una actriz sensacional y una mujer espléndida. Llena de vitalidad, de matices y de posibilidades (…) No es la actriz que yo podría pensar en torno al cliché Antonioni-Bardem… Puede parecer ridículo: Lucía Bosé está aún por descubrir como mujer y como actriz. Por otra parte, claro que los actores son para mí instrumentos. Como para todos los directores, en una

    u otra medida. Pero tener un instrumento como Lucía Bosé es algo fantástico». (Basilio Martín Patino en 1969).
    «¿Volver a empezar? ¿Por qué? Este es mi trabajo. Lo abandoné momentáneamente porque mis obligaciones de madre no podían admitir limitación

    alguna. Tres hijos exigen dedicación (…) Pretendo «hacer cine»… hacer -perdón por la inmodestia- hacer arte. El cine no es sólo mujeres espléndidas más o menos vestidas, o dramones, o películas de tiros». (Lucía Bosé en 1968).

    «La palabra cultura me molesta, es pedante. Prefiero hablar de sensibilidad. Y Lucía es extraordinariamente sensible. Creo más en la actriz que será más adelante que en la actriz que ha sido en el pasado. Actualmente posee una suerte de madurez, vive una toma de conciencia que le da mucha fuerza y puede proporcionarle una mayor dimensión artística que la que tuvo antes». (Pere Portabella en 1968).

    «El padre de mis hijos era un ser muy primario, muy de campo, machista, franquista… y me hizo la vida difícil, pero fui yo la que elegí cambiar los espagueti por las lentejas y el cocido. Cuando ya no pude más me separé con un escándalo monumental en la España de entonces. El torero me amenazó con quitarme a los hijos, era muy amigo de Franco, cazaban juntos, y yo le amenacé de muerte con una escopeta, le habría matado sin dudarlo. Me quedé sólo con la casa y los tres niños, sin ayuda, pero salí adelante y he creado una familia de genios creativos. Y ya incluyo a los nietos. Todos son grandes personalidades y a mí eso me gusta. No soporto lo común, vivimos rodeados de vulgaridad, y yo prefiero vivir rodeada de cerdos, como en Segovia». (Lucía Bosé en 2008)
    «Lo que más me molesta es que me convertí en la mamá de Miguel Bosé. El otro día me enfadé en la calle con una mujer y le dije, «señora, Miguel Bosé no tiene madre». Se quedó muerta. Antes era la mujer del torero, ahora soy la mamá de Miguel Bosé. Nunca me llaman por mi nombre. Qué le vamos a hacer. Han sido famosos y maravillosos los dos». (Lucía Bosé en 2011)