LINA MORGAN

    Ángeles López Segovia, conocida artísticamente como Lina Morgan nació en el Madrid cercado de la Guerra Civil el 20 de marzo de 1937 en el seno de una familia humilde. Hija de un sastre y una ama de casa, comenzó a labrarse una carrera como artista desde muy pequeña –a los 11 años al terminar la educación primaria empezó a estudiar baile clásico español–. Pepe Cabo, representante del mundo del espectáculo, puso sus ojos en ella cuando había cumplido 13 años para pasar a formar parte de una compañía infantil, «Los chavalillos de España». Ahí comenzó la relación con la interpretación de María Ángeles López Segovia, que entonces desconocía que pasaría la mayor parte de su vida haciendo reír a las familias españolas. Tuvo éxitos rotundos en cine, teatro y televisión, medio al que se dedicó en cuerpo y alma los últimos años de su trayectoria artística. A los 78 años ha fallecido en la ciudad que la vio nacer una cómica total, una mujer que en cada día de función se sintió conquistada por el aplauso de su público.
    Al integrarse en la compañía de revistas Colsada a los 16 años, comenzó a trabajar como bailarina del reparto de la vedette Maruja Tomás. Llegó a falsificar su fecha de nacimiento para ingresar en el cuerpo de baile. En 1956 se le ofreció sustituir a Mercedes Llofriu, momento en el que adopta el seudónimo Lina Morgan. Corría la mitad de la década de los cincuenta y Lina Morgan, ya como vedette de revista, se codeaba con Tony Leblanc, Manolo Paso o Miguel Gila. Se fijan en ella para el cine y dio sus primeros pasos en el celuloide junto a un Leblanc director («El pobre García»), Jess Franco («Vampiresas 1930») y Rafael J. Salvia («Una tal Dulcinea»).
    Sus apariciones en varios Estudio 1 de TVE ­»La chica del gato» y «El landó de seis caballos»– hicieron que fuese requerida como protagonista en la pantalla grande. «Soltera y madre en la vida» (1969) y «La tonta del bote» (1970) fueron los títulos en los que empezó a percibirse que Lina Morgan se convertía en una cómica de las de siempre, querida y seguida por toda la familia. Empezaba también a dibujar el rol que asumiría en muchas de las producciones de su biografía artística: «el sempiterno personaje de mujer inculta capaz de revolver situaciones complicadas gracias a su intuición y a un gracejo de corte caricaturesco y esterotipado”, tal y como reza el Diccionario de Cine Español, editado por la Academia de Cine y dirigido por José Luis Borau. «Objetivo, las estrellas» (1963); «Julieta engaña a Romeo» (1965); «Las que tienen que servir» (1967) en la que daba vida a la inolvidable Mari Loli en una producción en la que compartió plantel con Concha Velasco, Amparo Soler Leal, Manolo Gómez Bur, Alfredo Landa y José Sazatornil­; «Soltera y madre en la vida» (1968); «La tonta del bote» (1970); o «Una pareja distinta» (1974).
    Además de con Tony Leblanc, trabajó junto a cómicos de la talla de Gila o Juanito Navarro, con quien protagonizó su primera serie de TV, «Escala en HI-FI» (1967). En 1979 formó su propia compañía y debutó en el Teatro Barceló. Según la actriz, fue un absoluto fracaso y perdieron todo lo invertido.

    A partir de los setenta estuvo en ocho comedias dirigidas por Mariano Ozores donde siguió explotando las fórmulas de humor que le habían llevado al éxito. En 1975, año de la muerte de Franco, se despidió de la pantalla grande dirigida por Rafael Romero Marchent en «Un día con Sergio». Sorprendentemente, veinte años después, volvió al mundo del celuloide con «Hermana, ¿pero qué has hecho?», de Pedro Masó. Acompañada de Tote García Ortega y José Manuel Cervino, interpretó a una monja atracadora de banco y a su hermana gemela.

    En 1978 alquila con la ayuda de su hermano, el empresario José Luis López Segovia, el Teatro La Latina de Madrid, símbolo emblemático de las tablas en su barrio. Cinco años después, lo compró por 127 millones de pesetas a su antiguo propietario, Matías Colsada. Sus éxitos entre cajas llevaron a TVE a rodar versiones de algunas de sus obras para la pequeña pantalla: «Vaya par de gemelas», «Celeste no es un color» y «El último tranvía».

    En 1994 fue uno de los fichajes estrella de Antena 3 para la serie «Compuesta y sin novio». Tras este serial, volvió a la cadena pública de la mano de Valerio Lazarov en «Hostal Royal Manzanares», serie que no dejó de cosechar éxitos en cuatro temporadas reuniendo frente al televisor en su último episodio a 7.332.000 espectadores.
    Tras este éxito casi sin precedentes de la ficción española, Morgan se embarcó en otras producciones televisivas que no tuvieron tanto recorrido, como «Una de dos», «Academia de baile Gloria» y «¿Se puede?». Fue retirándose del que había sido su oficio poco a poco, apareciendo esporádicamente en series como «Aquí no hay quien viva», «A tortas con la vida» o «Escenas de matrimonio».

    Mantuvo la propiedad del Teatro La Latina hasta junio de 2010, mes en el que se decidió a venderlo al grupo catalán Focus a cambio de 7 millones y medio de euros, un despacho y un palco de por vida en el templo de la escena al que tantos años había dedicado. En vida fue una personalidad artística muy reconocida recogiendo galardones como el Fotogramas de Plata, tres TP de Oro, la Antena de Oro de Teatro, un Premio Ondas, el Miguel Mihura, la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
    Los años 1984 y 1995 fueron muy duros para la actriz. En el primero de ellos fue operada de un desprendimiento de retina en la Clínica Barraquer de Barcelona, y en el segundo murió su hermano José Luis, uno de sus más fuertes apoyos. Desde entonces apenas se dejó ver en público. El 18 de noviembre de 2013 ingresó, por una neumonía, en el Hospital madrileño Beata María Ana, donde pasó diez meses sin recibir visitas, salvo las de su ayudante Daniel Pontes y su chófer. De allí fue trasladada a la residencia madrileña de Los Nogales, en la que permaneció hasta que su casa estuvo acondicionada para volver a ella y recibir allí la atención médica adecuada.

    Lina Morgan falleció a los 78 años el 20 de agosto de 2015 en su domicilio de Madrid. Su féretro fu expuesto en el Teatro de La Latina donde miles de madrileños, compañeros de profesión y autoridades le dieron un último adiós.