KIRK DOUGLAS

    Issur Danielovitch Demsky (Kirk Douglas), nació el 9 de diciembre de 1916, en Amsterdam, Estado de Nueva York). Sus padres eran judíos rusos, origen que le produjo no pocos inconvenientes dentro y fuera de su profesión. Desde pequeño se destacó en los deportes, en especial en lucha libre, y en las lides actorales, donde gustaba de dirigir y actuar.

    Se graduó en letras en la Universidad de St. Lawrence y a continuación se marchó a Nueva York, donde consiguió una beca en la Academia Nortemericana de Arte Dramático, lugar en el que permaneció hasta 1939, con 23 años de edad. En 1941 ingresó, gracias a Lauren Bacall (que entonces iniciaba su carrera), en Broadway, pero la Segunda Guerra Mundial trunca sus primeros pasos artísticos. Es llamado a filas en la Armada de los Estados Unidos, donde permaneció entre 1942-1943, para después regresar a Broadway.

    Terminada la Segunda Guerra Mundial, en 1945, vuelve al Teatro, hace algunos trabajos para la radio…y gracias a la insistencia de su antigua compañera de clase Lauren Bacall que le recomienda al productor Hal B. Wallis; le hacen una prueba y le dan el papel protagonista del interesante drama negro «El extraño amor de Martha Ivers” (1946) dirigida por Lewis Milestone, compartiendo cartel nada menos que con Barbara Stanwyck y Van Heflin. Sabe aprovechar la oportunidad (una virtud que siempre le acompañó), hace en su debut una interpretación estupenda y empiezan a lloverle los contratos: en 1947 rueda una película: «Out of past” («Retorno al pasado”) con Jacques Tourneur. Pero en 1948 llega a rodar hasta cuatro, entre ellas «I Walk Alone” («Al volver a la vida”) primera ocasión que trabaja con su amigo Burt Lancaster; al parecer, había entre ellos una química tan evidente, que rodaron siete películas juntos, entre ellas «Duelo de titanes”(1957) «Siete días de mayo” (1964) y «Otra ciudad, otra ley” (1986).

    TRES CANDIDATURAS SIN OSCAR
    En 1949 rueda «El ídolo de barro” donde encarna a un boxeador tramposo y oportunista, Midge Nelly, un personaje que le supone la primera nominación al Oscar; la calidad de sus interpretaciones es ya indudable, tiene a los críticos en el bolsillo y tres años más tarde, el 1952, vuelve a ser nominado por su papel de Jonathan Shields, un despótico productor de cine, en «Cautivos del mal”, de Vincente Minnelli, que volverá a dirigirle en 1956 en «El loco del pelo rojo”, haciendo un torturado Vincent Van Gogh.

    Las décadas de los cincuenta y sesenta fueron de auténtico vértigo y en medio de ese marasmo profesional, Kirk Douglas rechazó dos papeles que luego resultaron ser dos Oscar: uno, el de William Holden por «Traidor en el infierno” («Stalag 17”, 1953) de Billy Wilder. Y el otro el de Lee Marvin, por «La ingenua explosiva” («Cat Ballou”, 1965) de Elliot Silverstein. Y a punto de ingresar definitivamente en la larga nómina de actorazos sin Premio, la Academia le concedió en 1996 un Oscar Honorario por sus cincuenta años de trabajo.

    En 1955 crea su propia productora, Bryna Productions, con la que rueda dos papeles fundamentales en su carrera: el primero, un oficial del ejército francés en «Senderos de gloria” (1957). Dirige Stanley Kubrick y la película se convierte en un magnífico alegato pacifista. Y vuelve en tono épico tres años después, y con Kubrick de nuevo, en «Espartaco” (1960), título que consagró a todo el equipo, incluído un guionista casi escondido, llamado Dalton Trumbo, que había sido víctima del siniestro Comité de Actividades Antiamericanas y, para más señas, incluido en la lista negra del tribunal MacArthy. Fue precisamente Douglas quien le insistió para figurar en los títulos de crédito de la película y conjurar así los malos presagios de una «caza de rojos” que por esas fechas estaba empezando muy impopular.

    En la década de los sesenta no para de trabajar; llega a rodar cerca de veinte películas, desde «Un extraño en mi vida” de Richard Quine, a «¿Arde París?”, de René Clement, «Mafia”, de Martin Ritt o «El compromiso” de Elia Kazan. Fue bajando el ritmo de trabajo paulatinamente, tiene en su haber más de setenta largometrajes, y su última película hasta ahora es «Cosas de familia” (2003) que, como el propio título anticipa, interpreta junto a su esposa Diana, su hijo Michael y alguno de sus nietos.

    INTIMO Y PERSONAL
    Kirk Douglas se casó dos veces, tiene cuatro hijos y siete nietos: Se casó la primera vez con la modelo y actriz Diana Dill, en 1943, matrimonio que duró ocho años y del que nacieron dos hijos, Michael y Joel. Ella pidió el divorcio por las continuas y notorias infidelidades de su marido. Y la segunda con Anne Buydens, en 1954, hasta ahora, y con la que tuvo otros dos hijos, Eric y Meter. Durante cuarenta años vivió en Palm Springs, California. Hablaba fluidamente (aunque con acento) el alemán y también el francés; y para la celebridad, cambió su complicado nombre, empezó llamándose Isidore Demky, pero no tardó en quedarse definitivamente con el de Kirk Douglas, un actor de innegable carácter, aspecto viril y agresivo, y con un definitorio hoyuelo en su barbilla.

    No hay que dejar de lado tampoco otro de sus atractivos: su grave y potente voz, una de las más preciadas de Hollywood, si tenemos en cuenta este dato: que en 1980 Kirk Douglas percibió nada menos que 50.000 dólares (de los de entonces, de aquellos tiempos) por decir en un anuncio de la televisión japonesa la única palabra que iba en inglés en el spot: «coffee” , fue la que obró el prodigio. También ese año, l980, fue presidente del jurado del Festival de Cannes. Y había sido miembro del jurado diez años antes, en 1970.

    Su discreta estatura para el común norteamericano (1,75) le obligó a llevar alzas en muchas de sus películas, llegando a «medir” incluso más de 1,80 metros. Y una vez, en plan de broma, Burt Lancaster (que sí sobrepasaba el 1,85) encontró sus alzas en el set de rodaje y se las escondió, travesura que –cuentan- enfureció muchísimo al actor. Parece ser que no fueron tan amigos como se decía frecuentemente, que esa amistad tuvo mucho que ver con exigencias comerciales y publicitarias y que Lancaster era incluso cruel con Douglas y no le tomaba en serio.

    Trabajador infatigable, en 1988 publicó su autobiografía, «El hijo del trapero”, gran éxito de ventas en todo el mundo. En 1991 sobrevivió a un accidente de helicóptero en el que fallecieron dos personas; y tres años después, en 1994, una trombosis le causó graves problemas motores y de pronunciación. Pero las dificultades, lejos de arredrarle, le impulsaron a luchar y sacar fuera, una vez más, su característico tesón, consiguiendo rehabilitarse en gran medida. Aunque es algo que mucho ignoran, Kirk Douglas siempre se ha involucrado en causas humanitarias y desde hace décadas (1963) es Embajador de buenos oficios del Departamento de Estado. Sus esfuerzos fueron recompensados con la Medalla Presidencial de la Libertad en 1981 (la distinción más alta que un ciudadano civil puede recibir en Estados Unidos) y el Premio Jefferson en 1983. También Francia le nombró Caballero de la Legión de Honor.

    PERLAS DE SU BOCA
    «He hecho mi carrera a base de interpretar a hijos de perra”.

    «Rodar películas es otra forma de narcisismo”.

    «La virtud no es fotogénica, ¿qué es ser un buen tío? Es ser nada: un cero a la izquierda para todos; un cero sonriente, eso sí, pero cero para todo el mundo”.

    «Si quieres conocer a un hombre, nada como conocer con quién se casó”.

    «Llegué de la pobreza más absoluta, de allí donde no hay otra dirección más que una: la de hacia arriba. Y siempre les he dicho a mis hijos que no tuvieron algo que sí he tenido yo, la ventaja, la gran ventaja, de nacer pobre”.

    «La vida es como un guión de serie B: así de rancia, sensiblera y sentimental. Si me hubieran ofrecido la historia de mi propia vida para una película, seguro que la hubiera rechazado”.

    «Hice cuatro películas con John Wayne y la verdad es que formábamos un extraño combinado: él, republicano y yo demócrata, nos pasábamos todo el tiempo intentando convencernos el uno al otro».

    «Nunca olvidaré la manera en que se comportaba Charlton Heston, a pesar de lo poco que congeniábamos políticamente, Chuck era todo un caballero. Recuerdo cuando le concedió una entrevista a Michael Moore, éste se aprovechó de la situación y consiguió hacer pasar a Chuck por un estúpido. Llegó a la casa de Heston, le trataron con toda cortesía y cuando vi en «Bowling for Columbine” cómo le había engañado, me estremecí y me indigné».