KING VIDOR

    Nacido en Galveston (Texas) el 8 de febrero de 1894 en el seno de una familia acomodada, su padre quería que fuese ingeniero, pero desde niño decidió ganarse a vida por si mismo. King Vidor entró en la academia Militar de San Antonio, para luego ingresar en el colegio de Fort Deposit. Un influjo importante en sus ideas fue el de su madre, pues le introdujo en la Christian Science, para la cual trabajaría con un grupo de médicos; más tarde, en el ocaso de su vida, quiso hacer una película sobre Mary Baker Eddy, fundadora de esta secta. Obtuvo un empleo de portero en un cine y se entusiasmó con este espectáculo al que decidió dedicarse. Trabajando con una cámara que construyó personalmente, empezó a vender a los noticiarios de Nueva York reportajes cinematográficos sobre los acontecimientos de la región. Su novia, Florence Arto, miembro de una notable familia de la misma ciudad, pretendía hacerse actriz de cine, pese a la oposición de sus padres. Se casaron y en 1915 llegaron a Hollywood tras una arriesgada y pintoresca travesía en un viejo automóvil.
    Su mujer se dio a conocer como actriz y legaría a ser célebre con el nombre de Florence Vidor. Divorciados más tarde, Vidor contrajo matrimonio con la actriz Eleonor Boardman y más tarde con la guionista Elisabeth Hill. Su primer trabajo en Hollywood fue en 1915, para desarrollar actividades relacionadas con el cine (contable, regidor, guionista).Su primer trabajo en Hollywood fue en 1915, para desarrollar actividades relacionadas con el cine (contable, regidor, guionista).

    El primer trabajo de King Vidor en Hollywood fue en 1915, para desarrollar actividades relacionadas con el cine (contable, regidor, guionista). Fue autor de más de 50 guiones antes de vender el primero, desempeñando además otras funciones dentro de la industria cinematográfica. Realizó su primera película para un grupo de médicos de la secta cristiana Eddysmo sobre una Ciudad de los Muchachos situada en Salt Lake City, capital de los mormones, titulada «La vuelta en el camino» («The Turn of the Road»), que costó 90.000 dólares y produjo un beneficio de 365.000. Animado por este éxito, King Vidor rodó algunas películas sin importancia hasta concebir un gran proyecto: una trilogía sobre la guerra, el trigo y el acero. Irving Thalberg, uno de los productores más poderosos del Hollywood de la época, le dio la oportunidad en 1925 de llevar a cabo la primera parte de «El gran desfile», con un coste de 250.000 dólares y un beneficio de 15 millones. El sentimentalismo de la trama quedó sobrepasado por sus extraordinarias escenas sobre todo el desfile final que da su título a la película.
    Situado como uno de los mayores directores del cine clásico estadounidense, no cejó en su empeño de lograr un cine norteamericano específico, de caracter social, con un cierto acento reivindicativo, pero siempre dominado en última instancia por el conformismo, espíritu básico del país especialmente en aquellos años.

    «Y el mundo marcha» está considerada su mejor película y la más representativa en este sentido. Con la llegada del sonoro realizó en 1929 «¡Aleluya!», que constituyó una aportación decisiva al nuevo sistema. Interpretada sólo por afroamericanos, el sonido toma por primera vez relevancia artística dentro del cine, inventando innumerables usos además de escuchar lo que se ve, cosa que no era así antes de esta película, ya que dominaban los diálogos sobre el sonido.
    Entre sus obras más importantes de esta etapa destacan «Billy el niño», excelente película del oeste, «La calle» (1931), penetrante estudio de la clase media neoyorquina, «El campeón» (1931), enfoque sentimental del mundo del boxeo, «Ave del Paraíso» (1932), «El pan nuestro de cada día» (1934), otra de sus obras maestras, lógica continuación de «Y el mundo marcha» en la época de la gran crisis. La secuencia de la llegada del agua a los campos resecos puede condiderarse como uno de mos mejores momentos épicos del cine, dentro de la extrema sencillez de sus medios.

    Le siguieron «Noche nuncial» (1935) y «La ciudadela» (1938), dos bellos films, antes de realizar «An American Romance» (1944), su soñada película sobre el acero, que pasó casi desapercibida. Se interesó pronto por el cine en color, y filmó «Paso al noroeste» (1940). Le siguen «Cenizas de amor» (1941) y «El sueño americano» (1944). Posteriormente se incorporó al cine de gran espectáculo con «Duelo al sol» (1946), un extraordinario western que va a anticipar la violencia del género en los años siguientes, «El manantial» (1949), «Pasión bajo la niebla» (1952), «La pradera sin ley» (1955) y «Guerra y paz» (1955), buena versión de la célebre novela de Leon Tolstoi. «Salomón y la reina de Saba» (1959), que rueda en España, resulta sin embargo una película fracasada, teniendo que repetir gran cantidad de escenas pues la muerte de su protagonista Tyrone Power en pleno rodaje, obligó a repetir todas sus escenas con Yl Brynner, que le sustituyó con el personaje del Rey Salomón. Tras este filme se retira del cine, dedicándose a la pintura, la filosofía, la enseñanza universitaria. Escribe sus memorias e incluso llegará a hacer dos cortometrajes experimentales.

    King Vidor falleció en Paso Robles, California el 1 de noviembre de 1982. Vidor fue el máximo exponente de un cine social americano de características propias, unas veces valerosas y disconformes, otras sentimentales y con solucones utópicas. Ambas responden al espíritu de su país cuya sociedad supo pintar con exactitud y maestría conquistando un mercado puesto entre las principales figuras del cine mundial. Puede ser considerado como el cineasta que mejor ha sabido expresar el amor y la pasión romántica en una pantalla. El amor y la guerra, el esfuerzo individual, el conflicto entre las diversas tendencias que pugnan en el ser humano, la permanente búsqueda de la verdad, son caracteres que explican y describen lo mejor del estilo y personalidad de este extraordinario creador de Hollywood. Vidor estuvo cinco veces nominado al Premio Óscar, y recibió un premio honorífico en 1979, por el conjunto de su obra.