JAIME DE ARMIÑÁN

    La calle del Prado en Madrid, colindante a la castiza Plaza Santa Ana y el sagrado Teatro Español, vio nacer el 9 de marzo de 1927 a un cineasta singular, lúcido, prolífico y talentoso, Jaime de Armiñán, en el seno de una familia de artistas, políticos y escritores. Su abuela y su madre eran respectivamente las actrices Carmen Cobeña y Carmita Oliver, que alejó sus pasos de la interpretación tras pasar por la vicaría; su abuelo el dramaturgo y escultor Federico Oliver y su padre el periodista del Heraldo de Madrid y gobernador civil Luis de Armiñán. El pequeño Jaime parecía condenado desde su nacimiento a mezlarse en su trayectoria con el mundo artístico y cultural. Era tan solo un chaval cuando tras una nueva incursión de su madre en el teatro, Jaime de Armiñán se cruzó en su camino con Fernando Fernán Gómez.
    Fue un niño de la guerra, tal y como él mismo declaró –»Viví la guerra estando presente en los grandes acontecimientos. Yo tenía siete años y recuerdo que mis padres y yo nos fuimos de Madrid. En el camino nos enteramos de que habían matado a Calvo Sotelo, camino de Vitoria vi cómo caía el avión del general Mola, y en París, siendo mi padre corresponsal de guerra, asistí al término de la II Guerra Mundial. Todo esto me gustaría contarlo en una película. Son muchas las generaciones traumatizadas por la guerra”–. La Guerra Civil la pasó en San Sebastián. Tras ella se licencia en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y en 1957 se lanzó a escribir un libro –» Biografía del circo» fue considerado por algunos críticos como obra maestra en su género–. Tampoco se le resistieron el periodismo, ya que desde muy joven fue colaborador en revistas como Fotos y Dígame, y la dramaturgia, pues escribió para las tablas piezas como «Eva sin manzana» –premio Calderón de la Barca en 1953–, «Sinfonía acabada» (1955), «Nuestro fantasma» (1956) –premio Lope de Vega–, «Café del Liceo» y «Paso a nivel», entre otras.

    Pero lo suyo iba a ser el cine. Al contraer matrimonio con la intérprete Elena Santonja, a Jaime de Armiñán se le abrieron las puertas de Televisión Española, casa en la que comenzó escribiendo como «negro» para ella y el espacio «Entre nosotras». No saldría bien aquella experiencia al ser ambos expulsados de la cadena pública al sentirse aludida la esposa de un ministro al oir en televisión que alguien tenía «cara de pera”, pero desde entonces las relaciones del realizador madrileño con TVE serían constantes. Fue el responsable en esa etapa de series como «Las doce caras de Juan», «Galería de maridos» , «Tiempo y hora» o «Fábulas». Escribió mano a mano con Narciso Ibáñez Serrador «Historias de la frivolidad», programa especial que ganaría el Gran Premio de Montreux.

    También escribe guiones para el cine, sobre todo con el director José María Forqué: Sería su amigo Adolfo Marsillach el que le propusiese para su primera aparición como guionista en unos títulos de crédito cinematográficos –»El secreto de Mónica», de José María Forqué (1961)–. A partir de ahí, otros guiones le fueron encargados: «La becerrada», «Las gemelas», «El juego de la verdad», «Un tiro por la espalda», «Tengo 17 años», «Yo he visto la muerte», «La muerte viaja demasiado»,… hasta debutar en 1969 como director de cine con «Carola de día, Carola de noche», filme protagonizado por Pepa Flores y Tony Isbert que contaba una historia tras el triunfo de la revolución, la de la joven y hermosa heredera al trono que abandona su país para salvar su vida.
    Tras su opera prima vino «La Lola dicen que no vive sola» y «Mi querida señorita»·, título que le dio el espaldarazo definitivo. Coescrita y producida por José Luis Borau, fue nominada para el Oscar de Hollywood, galardón que fue finalmente a las manos de Luis Buñuel, que representaba al país galo con «El discreto encanto de la burguesía». Fue esta película la primera que trató en su filmografía sobre los amores heterodoxos –transexualismo, despertar erótico infantil, relaciones amorosas de personajes veteranos,…–, elementos comunes a lo largo de su filmografía, temática que marcaría su carrera con el paso de los años.

    «Un casto varón español», «El amor del capitán Brando» (1974, uno de los grandes éxitos del cine español de los 70), «Jo, papá», «Nunca es tarde», «Al servicio de la mujer española» (1978) o «El nido» (1980) —nuevamente designada para el Oscar—, son los éxitos de Jaime de Arminán en los años 80.

    «En septiembre», «Stico» (1984), película en que se plantea el conflicto dispar de un catedrático de Derecho Romano que, incapaz de vivir con cierta autonomía su vida diaria, se ofrece como esclavo a uno de sus peores alumnos, «La hora bruja», «Mi general», «Al otro lado del túnel» y «El palomo cojo» completan la filmografía de este realizador que destacó por ser extemporáneo a su tiempo y a su cine.
    A finales de los años ochenta, vuelve a la televisión con series tan populares y exitosas como «Juncal» (1988) y «Una gloria nacional» (1992), interpretadas por Francisco Rabal. «Modestamente, la televisión no es culpable de nada. Es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos», había dicho en diferentes ocasiones.
    «14, Fabian road» es su última película como director, en la que dirigió con 81 años a las actrices Ángela Molina, Ana Torrent y la argentina Julieta Cardinali, y por la que pasó por el Festival de Málaga, obteniendo el Premio al Mejor Guión y que por extrañas razones, hasta el momento no se ha estrenado comercialmente. Articulista en El Mundo y ABC, está casado desde 1956 con Elena Santonja, con quien tiene tres hijos: Álvaro (1959) y Eduardo de Armiñán (1962) también son profesionales de la dirección en cine y televisión
    Siempre intentó sorprender, por eso hizo que José Luis López Vázquez diera vida a una señora de provincias en «Mi querida señorita»; narró una relación amorosa entre un maduro Héctor Alterio y una adolescente Ana Torrent en «El nido»; y puso a Fernando Fernán Gómez el traje de un alto oficial del ejército que debe volver a la escuela con sus colegas en «Mi general». Siempre audaz, Jaime de Armiñán, que estuvo muy cerca de traerse a casa dos Oscar, viene de la televisión, entró al cine tras haber pasado por la novela y el guión y, como siempre se ha llevado muy bien con los cómicos, disfruta mucho con los actores. Y son muchos los que han pasado por sus manos: Adolfo Marsillach, Fernando Rey, Ana Belén, Marisol, Paco Rabal, Concha Velasco, Carmen Maura, Ámparo Baró, Victoria Abril…

    Testigo de la evolución de España y siempre rodeado de intelectuales, desde pequeño convivió con autores, poetas y toreros, a Armiñán siempre le recuerdan el drama que escribió con José Luis Borau sobre la mujer que descubre ser un hombre, un tema que siempre pensó que no iba a pasar la censura, pero no solo la pasó sino que logró una nominación al Oscar. «Aquí no nos hicieron ni caso. sólo corté tres o cuatro fotogramas de Mónica Randall mientras se desnudaba. Si no hubiera sido porque competíamos con Buñuel, nos hubiéramos llevado el Oscar. Cukor, que hacía de maestro de ceremonias, se quedó tan fascinado con José Luis López Vázquez que no dudó en ofrecerle un papel en «Viajes con mi tía”, rememoraba el cineasta cuando se le pedía que recordase aquel acontecimiento.
    El 20 de enero de 2014 Jaime de Armiñán recibió el Goya de Honor de manos de Julia Gutiérrez Caba, otorgado por sus compañeros de la Academia de Cine.