JACQUES DEMY

    Jacques Demy nació en Pontchâteau, cerca de Nantes, en Loire-Atlantique (Francia), el 5 de junio de 1931. Aunque vinculado en un principio a los jóvenes realizadores de la nouvelle vague, la obra de Demy terminó siendo tan singular y difícilmente clasificable que siguió un camino propio y absolutamente personal. Su original planteamiento de un «cine cantado” y su exquisito sentido de la dirección artística operó siempre a espaldas de cualquier moda o tendencia del cine del momento.
    Demy estudió Bellas Artes y se inició en el cine de animación como ayudante de Paul Grimault del cineasta Georges Rouquier, Demy dirigió su primer largometraje, «Lola», en 1960, con Anouk Aimée en el papel de la cabaretera que da nombre a la película. Demy ya pone sobre el tapete los temas, motivos y ambientes que serán recurrentes en su filmografía: personajes atrapados en melancólicas historias de amor, su amada ciudad de Nantes como escenario, los números musicales. La película se convierte en un título emblemático de la nouvelle vague. En ella están ya presentes los rasgos que definirán su peculiar sello personal: la importancia de la música (gracias a su colaboración con Michel Legrand); la apropiación de la imaginería hollywoodense; la importancia del destino en la trama; y la ambientación en la costa atlántica francesa, en que el cineasta pasó su juventud (la acción de «Lola» se desarrolla en Nantes).

    Su segunda película, «La bahía de Los Angeles» («La Baie des Anges», 1962), protagonizada por Jeanne Moreau, retoma el tema del destino, con su historia de amor y mesas de ruleta, una turbulenta historia de amor, muy típica de Demy, que tiene como escenario los casinos de la Costa Azul. Jeanne Moreau, en su única colaboración con Demy, encarna a una mujer fatal cuya única pasión parece ser el juego que se convierte en la obsesión de un joven hastiado de su vida gris en una ciudad provinciana.
    El tercer filme que dirigió, «Los paraguas de Cherburgo» («Les Parapluies de Cherbourg», 1964), fue un gran éxito internacional, y obtuvo, entre otros galardones, la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Como otros compañeros de generación (Godard, por ejemplo, que en «Alphaville» mezcló el cine negro y la ciencia ficción), Demy subvierte en esta película la rígida compartimentación en géneros, produciendo un drama musical en el que todos los diálogos son cantados (lo cual es también extremadamente inusual en el género). La película muestra también el característico estilo visual del cineasta: mientras que «Lola» tenía una fotografía en blanco y negro más acorde con los postulados de la Nouvelle Vague, a cargo del habitual director de fotografía de Godard, Raoul Coutar, «Los paraguas de Cherburgo» está rodada en un saturado supercolor, que destaca el impacto visual de cada detalle (las corbatas, el papel de pared o incluso el cabello rubio de Catherine Deneuve). En la película reaparece el joven de Lola, que se casa con Deneuve. Estas reapariciones de personajes son también muy características de la cinematografía de Demy.

    La pasión de Demy por el musical encontraría una prolongación en su delicioso homenaje al cine de Hollywood. Aunque no pudo recuperar del todo la brillantez de sus tres primeras películas, su cine posterior se caracteriza por una búsqueda constante. «Las señoritas de Rochefort» («Les Demoiselles de Rochefort», 1967), un nuevo musical protagonizado por Catherine Deneuve, junto con su hermana Françoise Dorléac, contiene algunas de las mejores canciones francesas de la época, y cuenta en su reparto con la gran estrella de musicales de Hollywood Gene Kelly. El personaje de Lola vuelve a aparecer en la experimental «Estudio de modelos» («Model Shop», 1969), la primera película que rodó en Estados Unidos. La aventura americana de Jacques Demy: Anouk Aimée vuelve a interpretar el personaje de Lola en este relato donde es trasplantada a Estados Unidos y tiene un fugaz encuentro con un joven totalmente sumido en el espíritu de la contracultura de los 60, el pacifismo y el despiste existencial. Un fascinante choque de la estética ilusionista de Demy con la realidad política y social de los tiempos.
    «Piel de asno» («La Peau d’Ane», 1970) es una versión literal, aunque visualmente extravagante, del famoso cuento de hadas de Charles Perrault, con su actriz fetiche Catherine Deneuve y con el actor imprescindible del cine de Jean Cocteau, Jean Marais, pone en escena esta delirante fantasía pop con trasfondo incestuoso, irónicos números musicales y una clara moraleja: «Las niñas nunca se casan con sus papás».
    Demy retoma el universo de «Piel de asno» en otras dos películas, «The Pied Pipper» / «Le joueur de flûte», basado en el cuento del flautista de Hamelín y con actores británicos. Entre sus atractivos, una Edad Media pasada por la peculiar estética del realizador y la música del cantautor folk Donovan, que protagoniza el film.

    En 1973 dirige «No te puedes fiar ni de la cigüeña» («L’événement le plus important depuis que l’homme a marché sur la Lune»), posiblemente la película más excéntrica e inclasificable de la carrera de Demy sea esta comedia romántica con disparatada premisa argumental: la felicidad conyugal de un profesor de autoescuela y una peluquera se ve alterada cuando el marido descubre que se ha quedado embarazado. Catherine Deneuve y Marcello Mastroianni generan un sorprendente cruce entre el cine francés y la comedia italiana.
    1979 es el año de «Lady Oscar»: Demy fue requerido por productores japoneses para llevar a la pantalla un manga de gran éxito, «La rosa de Versalles» de Ryoko Ikeda. Rodada en inglés, la película le permitió al director recrear la pompa y ostentación de la Francia prerrevolucionaria y jugar con los equívocos propiciados por la androginia de su protagonista, una bella mujer que es educada como un hombre.
    Con «Una habitación en la ciudad» («Une chambre en ville», 1982) Demy regresa al género musical con un proyecto totalmente a contracorriente del cine que se hacía en la década de los 80: una apasionada y trágica historia de amor que tiene como trasfondo las huelgas proletarias de 1955 en la ciudad de Nantes. Una especie de ópera moderna que es toda una declaración de principios del cineasta. La música la pone en esta ocasión Michel Colombier.

    Otra de las propuestas insólitas de Jacques Demy, «Parking» (1985), se convierte en una película absolutamente incomprendida en su día y marcada por la pintoresca estética del momento en que se rodó: un nuevo homenaje a Jean Cocteau que toma la forma de una actualización del mito de Orfeo ambientado en el mundo del rock ochentero. En uno de sus últimos trabajos para el cine, el mítico Jean Marais (que interpretara a «Orfeo» para Cocteau) da ahora vida a Hades, el rey del mundo de los muertos.
    En 1988 realiza «Trois places pour le 26», un homenaje a la inmensa figura del cantante y actor Yves Montand en una curiosa mezcla de ficción y realidad. Montand se interpreta a sí mismo en una trama que tiene todos los ingredientes típicos del cine de Demy: cuando el cantante vuelve a su Marsella natal para montar un espectáculo se encontrará con equívocos, enredos y amores del pasado, todo ello sazonado con los imprescindibles números musicales.
    Tambien en 1988 Demy firma su último trabajo, «La table tournante»: Jacques Demy dio sus primeros pasos en el cine como ayudante del director de animación Paul Grimault. Este film es un homenaje a su trabajo a través de un recorrido por sus películas de animación. El film cuenta con la participación de Anouk Aimée. Demy es probablemente el único realizador no estadounidense en haber obtenido un gran éxito internacional en el género del musical, con «Los paraguas de Cherburgo» y «Las señoritas de Rochefort».
    Demy estuvo casado con la directora Agnès Varda, cuya película «Jacquot de Nantes» (1991) es un relato de la infancia de Demy, y su duradero amor por el teatro y el cine. Varda le rindió homenaje también en «Les Demoiselles ont eu 25 ans» (1993) y «L’Univers de Jacques Demy» (1995). Hijo de ambos es el actor Mathieu Demy nacido en 1972.
    Jacques Demy falleció en París, el 27 de octubre de 1990, a cauda del SIDA, según reveló en 2008 su viuda, Agnès Varda, en un nuevo documental sobre el director, titulado «Les plages d’Agnès» Fue sepultado en el Cementerio de Montparnasse.