HEDY LAMARR

    Hija de un banquero ucraniano y una pianista de origen judío de ascendencia húngara, Hedy Lamarr nació bajo el nombre de Hedwig Eva Maria Kiesler el 9 de noviembre de 1914, en Viena (Austria). Desde pequeña destacó por su inteligencia y fue considerada por sus profesores como una superdotada. Su infancia transcurrió en reputados internados de Austria y Suiza, donde adquirió una sólida formación que completó con las clases particulares que recibía de institutrices y profesores personales.
    A los 16 años inició sus estudios de ingeniería, pero a los tres años, en 1931, abandona la ingeniería atraída por su vena artística. Su temprana pasión por el arte dramático logró convencer a su progenitor y con el apoyo familiar se matriculó en la prestigiosa escuela del director de escena Max Reinhardt, empezando a trabajar en el teatro berlinés con el legendario director Max Reinhardt.
    Bautizada con los nombres artísticos de Hedwig Kiesler y Hedy Kiesler, la joven actriz consiguió su primer papel en la película «Geld auf der Straße» (1930) de Georg Jacoby y pequeñas intervenciones en cintas de producción checa y germana como «Die Blumenfrau von Lindenau» (1931), «Man braucht kein Geld» (1931) o «Die Koffer des Herrn O.F.» (1931).
    En 1932 viaja a Praga para protagonizar «Éxtasis», film dirigido por Gustav Machaty en el que presentó uno de los primeros y más famosos desnudos de la historia del cine, en la que por espacio de diez minutos aparece completamente desnuda, primero al borde de un lago y luego corriendo por la campiña checa. Por dicha escena se la conocería como la primera mujer en la Historia que apareciera desnuda en una película comercial.

    Atraído por la película, el magnate Friedrich «Fritz» Mandl arregla con sus padres un matrimonio de conveniencia y es prometida en matrimonio en contra de su voluntad. Hedy calificó posteriormente esa época como de auténtica esclavitud. Fritz, su marido, que había suministrado armas y municiones a las tropas de Mussolini durante la ocupación de Abisinia (hoy Etiopía). Tras casarse, intentó infructuosamente hacerse con todas las copias existentes de la película en que su esposa aparecía desnuda. Muy celoso, obligaba a acompañar a su esposa en todas las cenas y viajes de negocios. Fue encerrada en casa y sometida a un estricto control. Hedy tuvo que abandonar su incipiente carrera cinematográfica y cualquier otro tipo de actividad que no fuera el de simple comparsa de Fritz. Ella cuenta que sólo podía bañarse o desnudarse cuando su marido estaba a su lado, acechándola.

    Ella aprovechó su soledad para continuar sus estudios de ingeniería y utilizar su ingenio para sonsacar a los clientes y proveedores de su marido los pormenores de la tecnología armamentística de su época. Dichos conocimientos fueron cedidos por la actriz a las autoridades de EE. UU. años más tarde; igualmente algunas reuniones le sirvieron de guía para idear y patentar, en los años 1940, la técnica de conmutación de frecuencias que le devolvería notoriedad en los últimos años de su vida.
    Durante su enclaustramiento, mantiene una relación sentimental con su asistenta. Dicha relación le permitió obtener la ayuda necesaria para escapar. En una rocambolesca historia de amor, Hedy consigue la infraestructura necesaria para preparar un completo plan de fuga y escapar para siempre de las garras de su marido. Escapando por una ventana del baño de un restaurante, huye en automóvil hasta París (Francia), siendo seguida de cerca por los guardaespaldas de su marido.
    Ya en París, consigue viajar más tranquilamente a Londres (Inglaterra). Pero no se siente segura. Finalmente y gracias a su fama, puede viajar a Hollywood (EE.UU.), donde sería protegida por Louis B. Mayer, (De la Metro Goldwyn Mayer) que además de protección, le daría un nuevo nombre inspirado en la actriz Barbara La Marr, antigua amante de Louis muerta en trágicas circunstancias.
    Así, contratada por la Metro Goldwyn Mayer, transforma en elegancia el incontestable atractivo de la todavía jovencísima actriz y, redimida del escándalo, «la más bella» debutó en el cine estadounidense con «Argel» (1938), un drama romántico de John Cromwell donde compartió cartel con Charles Boyer, uno de los galanes de la época.
    La nueva estrella de la Metro comenzó así una trayectoria imparable en la que firmó algunos de los trabajos más significativos de la década de los años cuarenta. Fue pareja protagonista de Spencer Tracy en «Esa mujer es mía» (1939) de W.S. Van Dyke, compartió elenco con Robert Taylor en «La mujer del trópico» (1939) de Jack Conway y dio la réplica femenina al mismísimo Clark Gable en «Camarada X» (1940) de King Vidor y «Fruto dorado» (1940), nuevamente a las órdenes de Jack Conway.
    La carrera de Lamarr continuó a las órdenes de los directores más reputados de la época y junto a los principales actores de Hollywood. «No puedo vivir sin ti» (Clarence Brown, 1941), al lado de James Stewart; «Ziegfeld Girl» (Robert Z. Leonard, 1941), de nuevo junto de Stewart, Judy Garland y Lana Turner; «Esquina H.M. Pulham» (King Vidor, 1941); «White Cargo» (Richard Thorpe, 1942) o «La vida es así» (Victor Fleming, 1942), arropada por Spencer Tracy y John Garfield, confirmaron el rotundo éxito de la actriz austriaca en la cartelera estadounidense.
    Hedy Lamarr inauguró un nuevo canon de belleza, siendo incluso en la actualidad una imagen de marca de empresas como Corel. En el año 1941 renuncia a protagonizar «Casablanca» y conoce al compositor vanguardista George Antheil (1900-1959), un espíritu bohemio del que se enamoró inmediatamente. Lamarr alimentaba un profundo rencor por el régimen nazi, por lo que una vez que estalla la Segunda Guerra Mundial, ofrece al gobierno de los Estados Unidos toda la información confidencial que disponía gracias a los contactos de su ex-marido. Pero, además, Hedy consideraba que su inteligencia podía contribuir a la victoria aliada. Así que se puso a trabajar para la consecución de nuevas tecnologías militares. Hedy Lamarr, que por su esposo había conocido a Hitler y Mussolini y obviamente conocía algo sobre armas, comenzó discurriendo una idea sobre los torpedos y la forma de guiarlos al blanco por medio de la radio.
    Hedy sabía que los gobiernos se resistían a la fabricación de un misil teledirigido por miedo a que las señales de control fueran fácilmente interceptadas o interferidas por el enemigo, inutilizando el invento o incluso volviéndolo en su contra. La actriz y su compositor George Antheil recibieron el número de patente 2.292.387 por su sistema de comunicaciones secreto. Esta versión temprana del salto en frecuencia (una técnica de modulación de señales en espectro expandido) usaba un par de tambores perforados y sincronizados (a modo de pianola) para cambiar entre 88 frecuencias y se diseñó para construir torpedos teledirigidos por radio que fueran imposibles de detectar por los enemigos. En la patente del 11 de agosto de 1942 puede leerse la inscripción H.K Markey et al. Las iniciales H.K. son las de Hedwig Kiesler (Hedy Lamarr), siendo Markey su apellido de casada de la época.

    El hecho de que sus patentes fueran concedidas con el nombre de casada y no por el nombre artístico impidió que la actriz fuera reconocida hasta hace muy poco. Poco tiempo después, el 1 de octubre de ese mismo año, aparecía en el New York Times la primera mención pública del invento, a pesar de lo cual, las autoridades de la época no consideraron la posibilidad de su realización práctica inmediata.
    El primer uso conocido de dicha patente se tiene en la crisis de los misiles de Cuba en 1962. El motivo de la tardanza era el necesario paso de un sistema mecánico a uno electrónico. Dicho paso fue realizado en 1957 por Sylvania Electronics y es de agradecer que el equipo de ingenieros reconoció en su totalidad la patente de Lamarr y Antheil. Durante la crisis de Cuba de aquel año se usó con este sistema el control remoto de boyas rastreadoras. Después de Cuba la misma técnica fue incorporada en alguno de los ingenios utilizados en la guerra del Vietnam y, más adelante, en el sistema estadounidense de defensa por satélite (Milstar) hasta que en los años ochenta el sistema de espectro expandido vio sus primeras aportaciones en ingeniería civil. Así, con la irrupción masiva de la tecnología digital a comienzos de los años ochenta, la conmutación de frecuencias pudo implantarse en la comunicación de datos WIFI.
    Hedy fue desapareciendo del ámbito científico, artístico y de la vida pública, tan rápido como llegó. En los 60 era pobre y olvidada, sin embargo Hedy se casó seis veces, entre 1933 y 1965, con Fritz Mandl, Gene Markey, Sir John Loder, Ted Stauffer, W. Howard Lee y Lewis J. Boles.
    Sin embargo su carrera cinematográfica comenzó a tambalearse tras la guerra. Desligada definitivamente de la Metro Goldwyn Mayer en 1945, Hedy intenta enderezar su torcido rumbo fílmico y forma una productora propia. Pero su olfato cinematográfico le vuelve a fallar con una serie de películas mediocres: «The Strange Woman» (1946), «Dishonored Lady» (1947), o «Let’s Live a Little» (1948). Sin embargo, un año después Hedy Lamarr renace con fuerza en una de sus mejores películas, «Sansón y Dalila»

    En adelante, sus esporádicas y poco afortunadas apariciones en filmes cada vez peores y los escándalos provocados por sus frecuentes matrimonios y divorcios la eclipsan casi totalmente. En 1966 Lamarr volvió a ser noticia cuando fue arrestada por la policía por robar artículos en la tienda por departamentos «May» de Los Ángeles. Fue declarada inocente por decisión del jurado que votó 10 a 2. Este hecho y la controversial autobiografía titulada «Éxtasis y Yo», que ella negó tajantemente haber escrito, terminó con su carrera cinematográfica. Lamarr se mudó a Florida donde nuevamente fue acusada de robar maquillajes y Ex-Lax en una de las tiendas de la cadena «Eckerd Drug Store». Esta vez la firma retiró la demanda debido a la publicidad negativa que el hecho acarreó.
    El 12 de Marzo de 1997, fue honrada por la Fundación Frontera Electrónica, por su gran contribución a la sociedad. Su hijo Anthony Loder, recibió el premio en nombre de su madre y reprodujo una cinta con las palabras de Hedy, después de 20 años de no haber concedido entrevistas.
    Hedy, falleció, aparentemente mientras dormía, el 19 de enero de 2000 en Caselberry, Florida. Su herencia de 3 millones de dólares fueron repartidos a sus dos hijos menores, pero una parte fue para su secretaria personal y un amigo. Lo más sorprendente fue que a un policía local, que la acompaño los últimos años de su vida, le legó 83.000 dólares. Hedy pidió que sus cenizas fueran esparcidas en los bosques de Viena, cerca del lugar donde nació. El Día del Inventor se celebra el 9 de noviembre (fecha de su cumpleaños), en su honor.