GRETA GARBO

    Greta Lovisa Gustafsson nació el 18 de septiembre de 1905 en la capital de Suecia, Estocolmo. Era la hija menor de Karl Alfred Gustafsson, un modesto trabajador de limpieza proveniente del mundo de la agricultura, y Anna Lovisa Karlson, una campesina recién llegada a Estocolmo que trabajaba como empleada de hogar.
    La familia Gustaffsson residía en un barrio humilde llamado Sodermalm. En su época adolescente se produjo el fallecimiento de su padre, lo que acrecentó la precariedad de sus condiciones económicas. Esto llevó a Greta al abandono de sus estudios y a trabajar en una barbería. Poco después, pudo mejorar el empleo y se colocó en unos importantes almacenes, en donde fue contratada como modelo comercial para anunciar diversos productos. Ante la ilusión desbordante de aparecer en esos cortos publicitarios, Greta se preparó y se matriculó en la Real Academia Dramática de Estocolmo para aprender interpretación. Allí conoció a Frans Enwall, un profesor de la academia que recomendó a la actriz sueca al director Eric Petscher, con quien debutó en el cine con la película «Pedro el tramposo» (1921).
    Tras breves papeles, Greta alcanzó el estrellato gracias a uno de los personajes más importantes de su vida, el director Mauritz Stiller, quien le cambió el apellido y le aconsejó refinar su estética. «La expiación de Gösta Berling» (1924), de Stiller, y «La calle sin alegría» (1925), de G. W. Pabst, hicieron de Greta Garbo un rostro conocido en todo el mundo.
    Cuando la Metro Goldwyn Mayer tentó a Mauritz Stiller, éste les pidió que también contrataran a su descubrimiento. Así lo hicieron y el debut americano de la actriz sueca se produjo con la película «El Torrente» (1925), de Monta Bell. A este film siguieron otros como «La tentadora» (1926), de Fred Niblo, «El demonio y la carne» (1927), de Clarence Brown, «Ana Karenina» (1927), de Edmund Goulding, «La mujer divina» (1928), película dirigida por el cineasta sueco Victor Sjostrom y cuyo título se convirtió en el apodo de la actriz, «La mujer ligera» (1928), de Clarence Brown, «La dama misteriosa» (1928), de Fred Niblo, o «El beso» (1929), dirigida por Jacques Feyder. Clarence Brown se convirtió en su director más usual y William Daniels su director de fotografía favorito, quien trabajó con la diva en casi todas sus películas. Durante este triunfal período sucedieron varios hechos importantes para Greta. Su mentor y protector, Mauritz Stiller, fracasó en Hollywood debido a sus continuas desavenencias con los cabecillas de la Metro, y tras dirigir varias películas de menor entidad, regresó a su país para morir en 1928 a los 45 años de edad. En «El demonio y la carne», Greta conoció a John Gilbert, quien se convirtió en su pareja durante mucho tiempo en una fría relación debida a las tendencias bisexuales de la actriz.
    GARBO HABLA
    La llegada del cine sonoro, que la Metro anunció con la célebre frase «¡Garbo habla!», no perjudicó en absoluto el glamour ni el estrellato de la actriz, que tuvo un exitoso debut en las películas habladas, como «Anna Christie» y «Romance”, ambas dirigidas por Clarence Brown en 1930, y con las que consiguió ser nominada al Oscar. Garbo fue, de hecho, una de las pocas estrellas del cine mudo que consiguió conservar su posición al llegar el cine sonoro. Su belleza, su peculiar voz ronca, su personalidad inquietante y su vida llena de misterio cautivaban al público.
    El cine sonoro sí que había sido, sin embargo, una criba para su amante, John Gilbert, quien debido a su voz poco acorde con su imagen de galán se vio obligado a retirarse del cine en 1934, falleciendo dos años más tarde.
    Durante su misteriosa vida amorosa, se la ha relacionado con varias mujeres, como Bárbara Kent, Marie Dressler, Paulette Duval, Dolores del Río y Mercedes de Acosta. Mientras algunos preferían ver a Garbo como una devoradora de hombres otros aseguraban que en realidad pertenecía a una especie de círculo lésbico donde la bisexualidad y el lesbianismo se aceptaban con total normalidad.
    Tras «Inspiración» (1931), «Susan Lenox» (1931), en donde coincidió con un joven Clark Gable, Greta rodó algunas de las mejores películas de su carrera: «Mata-Hari» (1932), de George Fitzmaurice, «Gran Hotel» (1932), de Edmund Goulding, «La Reina Cristina de Suecia» (1933), de Rouben Mamoulian, la nueva adaptación de «Ana Karenina» (1935), de Clarence Brown, «Margarita Gautier» (1937), de George Cukor, «María Walewska» (1937), dirigida por el habitual Brown, y «Ninotchka» (1939), de Ernst Lubitsch, que fue presentada como «¡Garbo ríe!», pues su rictus habitual fue interrumpido por una carcajada sorpresiva en una secuencia del memorable film que hizo correr ríos de tinta.
    OSCAR HONORIFICO Y RETIRO
    En 1937, y tras las nominaciones previas en los años 1930 y 1932, fue nominada de nuevo al Oscar por su actuación en «Margarita Gautier» y en 1939 por «Ninotchcka», no llegando en ninguna de estas cuatro ocasiones a recibir el Oscar. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas decidió otorgarle un Oscar honorífico en 1954, distinción que la actriz rechazó argumentando que «no quería verle la cara a nadie».
    La última película en la carrera de Greta Garbo fue «La mujer de las dos caras» (1941), de George Cukor. Tras este trabajo, que resultó un fracaso, y en la cúspide de su popularidad, Greta Garbo, «la divina”, se retiró del cine con sólo 36 años y vivió el resto de su vida prácticamente confinada en un apartamento en Nueva York ubicado cerca de Central Park, evitando cualquier contacto con los medios informativos, quienes la acosaron hasta el final de sus días, persiguiéndola para fotografiarla en su vejez. Murió en Nueva York, el 15 de abril de 1990, a los 84 años de edad víctima de un síndrome renal y de neumonía.

    Por Luis de la Fuente