GLORIA SWANSON

    Gloria Swanson nació con el cine y su nombre ha acompañado la gran aventura de las películas desde sus comienzos hasta los años 80. Gloria Josephine May Swanson (éste era su nombre completo) nació en Chicago, el 27 de marzo de 1898, y desde niña quiso ser actriz. Debido al trabajo de su padre, que daba servicio al ejército, tuvo que mudarse continuamente de domicilio durante su infancia, llegando a vivir incluso en Puerto Rico durante algunos años. Cuando cumplió los quince, su madre y ella volvieron a Chicago.
    Estudió en el Art Institute de su ciudad natal, y a los 17 años, cuando paseaba con su tía por los estudios Essenay para ver cómo se hacían las películas, se fijaron en su fotogenia y a partir de entonces le ofrecieron varios papeles de extra en distintos títulos: Swanson debutó en 1915 con «The Fable of Elvira and Farina and the Meal Ticket», de Roy Baker, y ese mismo año trabajó con Charles Chaplin en «Charlot cambia de oficio» (1915). En Hollywood comenzó a tener éxito cuando Mack Sennett le hizo formar pareja con Bobby Vernon. Aunque Swanson compaginó estas comedias con dramas, pronto se cansó de los títulos de Sennet. Su oportunidad de desligarse de él llegó cuando los estudios Keystone se declararon en bancarrota. Antes, en 1916, se casa con el actor Wallace Berry, con el que había trabajado en varias películas.

    Pasó a la Triangle y su primer título allí fue You «Can’t Believe Everything» (1918), de Jack Conway. Sus diferencias creativas con los ejecutivos causaron numerosos problemas al Estudio, y después de ocho títulos sin trascendencia la actriz acabó su contrato justo cuando el Estudio entraba también en bancarrota.
    LA ESTRELLA
    En su carrera fue fundamental su encuentro con Cecil B. de Mille, que supo ver en ella la materia prima ideal de un tipo femenino que iba a hacer furor en los años veinte: la mujer fatal, que convirtió a Swanson en una auténtica estrella. Su primer título juntos, «A los hombres» (1919), renovó ya el aspecto de la actriz. La fama hizo que las revistas estuviesen continuamente pendientes de sus movimientos, y su forma de vestir causó sensación. Se compró una mansión y se convirtió en la reina de los estudios Paramount. Con De Mille a su lado y su propio talento, Swanson empezó, a partir de «El admirable Crichton» («Male and female», 1919, de Cecil B. de Mille), a construirse un físico y un estilo, un halo misterioso del que quedaban prendidos cuantos caían en la red de sus pestañas apesantadas por el rimmel, su boca finamente perfilada y la inteligente dosificación de sus artimañas de mujer. Para De Mille, Swanson se convirtió en el paradigma de la mujer extravagante y caprichosa que, en aquel tiempo, el público parecía solicitar.

    En 1919 se divorcia de su primer marido y se casa con el productor Hernbert Somborn, matrimonio que duraría hasta 1922. Convertida en una figura mítica del cine, obtuvo un importante contrato con la Paramount y mantuvo una frenética actividad, trabajando para Sam Wood de 1921 a 1923, y para Allan Dwan de 1923 a 1925. Aunque durante esta etapa seguía encasillada como mujer fatal, su talento iba más allá del estereotipo, y supo extraer de sus personajes todo tipo de complejidades que iban desde la picardía al dramatismo, de la alta comedia a la tragedia.
    Entre sus películas de esa década están «¿Por qué cambiar de esposa?» (1920) y «El señorito Primavera» (1921), ambas para De Mille; «La octava mujer de Barba Azul» (1922, Sam Wood), «El salario de la virtud» (1924) y «De la cocina al escenario» (1925), de Allan Dwan, son títulos que pertenecen a esa etapa. En 1924 obtuvo los derechos de una obra de teatro titulada «Madame Sans Gene», de Léon Perret, y el permiso para rodar en Francia. Durante el rodaje de la película conoció a su tercer marido, el marqués Henri de la Falaise de la Coudraye. Ese mismo año formó su productora, asociándose con la United Artists, la compañía creada por Douglas Fairbanks, Mary Pickford y Charles Chaplin.

    Poco después lograría dos de las mejores interpretaciones de su carrera: la de prostituta en «La frágil voluntad», de Raoul Walsh, por la que es nominada al Oscar, y la ingenua novicia de «La reina Kelly», para Eric von Stroheim, con quien, al parecer, estuvo ligada por un ardoroso y nada fácil vínculo sentimental. Fue precisamente su ruDtura con Stroheim lo que estuvo a punto de hacer naufragar «La reina Kelly», que finalmente Swanson terminó, montó y estrenó personalmente, en contra de la voluntad de su director.
    SUNSET BOULEVARD
    Con la llegada del cine sonoro, Gloria adivinó que los nuevos procedimientos iban a implicar una revolución profunda, y se esforzó para estar a la altura de los tiempos. Estaba en la madurez de su temperamento artístico, en la cúspide de su arte, y no se podía resignar.

    Tomó lecciones de declamación, trató de adaptarse a las nuevas condiciones de rodaje, pero su carrera entró en una fase de declive de la que ya no se recuperaría. Tras «Indiscret» (1931, Leo McCarey) y «Perfect understanding» (1932, Cyril Gardner), en 1941 volvió con una comedia titulada «Papá se casa», de Jack Hively, junto a Adolphe Menjou, que aunque no fue un gran éxito devolvió a la actriz a la pantalla. Su carrera no progresó mucho más.
    En 1950 Billy Wilder la rescata y la convierte en la protagonista de «El crepúsculo de los dioses» («Sunset Boulevard»); su papel en la película tenía mucho en común con su propia vida. Le valió, además, otra nominación al Oscar. Wilder tuvo el talento, además, de enfrentarla a su antiguo amigo y director, Eric von Stroheim, en el papel de chófer y ex esposo de la vieja star, y del choque de ambas personalidades -y hay que pensar que también de la chispa de sus mutuos recuerdos- surgió una película patética, en la que Swanson estaba realmente estremecedora. Casi simultáneamente, el público la aplaudió hasta el delirio en su aparición en Broadway interpretando una comedia de Ben Hecht y Charles Mac Arthur, «Twentieth century». Aplaudían a la actriz, pero también al mito que no podía morir, a la historia del cine que se encarnaba en ella.

    COSMÉTICOS, ALIMENTACIÓN Y BELLEZA
    A partir de los años 50, Swanson comienza a aparecer asiduamente como invitada en programas y series de televisión, como «La hora de Alfred Hitchcock», «Ben Casey» o «El show de Carol Burnett». También comenzó a interesarse por otras actividades que no eran estrictamente cinematográficas. La nutrición y los efectos de ciertos alimentos e ingredientes le fascinaban hasta el punto de crear una línea cosmética con ingredientes naturales. Su conocimiento exhaustivo de la moda le llevó a trabajar también en esta década para la firma Forever Young, con la que participó a lo largo de una década.
    Una de sus iniciativas más interesantes, sin embargo, había nacido en la década de los treinta, cuando se le ocurrió llevar inventores extranjeros a los Estados Unidos para ofrecerles un entorno seguro en el que desarrollar sus ideas; para ello formó la compañía Multiprises, que también funcionó durante una década. En la década de los setenta Swanson comenzó una nueva carrera artística unida a la pintura y a la escultura, y sus trabajos fueron expuestos en una galería londinense en 1979.

    SUS MEMORIAS
    En 1980 Gloria Swanson sorprendió a todo el mundo publicando un enjundioso volumen de memorias «Swanson sobre Swanson», en donde recogía sus experiencias cinematográficas y también sus idilios. El más espectacular, sin duda, fue el que la unió al patriarca Joseph Kennedy, padre del asesinado presidente de los Estados Unidos, cuando el famoso hombre de negocios y político demócrata tenía 40 años y una aparentemente sólida situación familiar. La actriz tenía entonces 26 años y estaba casada con el marqués de La Falaise. Al parecer, uno de los momentos más críticos de sus relaciones con Kennedy se produjo cuando intervino el cardenal de Boston, monseñor O’Connell, para tratar de disuadir a la actriz de sus pecaminosos amoríos.

    Gloria Swanson fue una star a la antigua, y su vida sentimental corrió pareja a su vida profesional. Estuvo casada en seis ocasiones: su último marido. William Dufty, con el que contrajo matrimonio a los 76 años, tenía 30 años menos que ella.
    La actriz fallecía el 4 de marzo de 1983, a los 84 años, en un hospital neoyorquino. Sobre su cuerpo breve y frágil, que apenas medía 1,50 metros, no pesaba otra enfermedad que su avanzada edad.