GEORGES FRANJU

    Georges Franju nació en Gougeres (Francia) el 12 de abril de 1912. Fue una figura de verdadero peso en la cultura cinematográfica francesa. En 1936 funda, junto a Henri Langlois, la Cinémathèque Française. Irrumpe en el cine como director en 1949 realizando numerosos cortometrajes y varios filmes documentales que han pasado a la historia del género. Su primera película es de 1949, un documental corto llamado «Le Sang des bêtes» («La sangre de las bestias»), rodada en un matadero parisino, que demostró la habilidad su para combinar poesía y grafismo, así como para encajar lo misterioso y lo cruel dentro de un marco realista. Trabajos suyos como «Hôtel des Invalides» o «En passant par la Lorraine» muestran ya su especial talento para filmar la realidad desde ángulos inesperados, un rasgo que hace que en estos films testimoniales aflore siempre una sensibilidad cercana al surrealismo y el expresionismo.

    Los ambientes extraños y la fantasía de sus relatos le convirtieron en un cineasta exquisito, lejos de los movimientos vanguardistas de la época. La obsesión de Franju por buscar la inefable poesía de las cosas a través de su cámara pervivirá cuando dé el salto al largometraje de ficción con «La Tête contre les murs» («La cabeza contra la pared», 1958), a la que sigue «Les Yeux sans visage» («los ojos sin rostro», 1959), considerada una obra maestra del cine fantástico, de la que Pauline Kael dijo que era «quizás la película de terror más elegante que se haya hecho jamás». Estabsa protagonizada por Pierre Brasseur, Edith Scob y Alida Valli.
    Su fascinación por la cultura popular, por el folletín y los seriales del cine mudo, es bien palpable en cintas como «Pleins feux sur l’assassin» (1960), «Judex» (1963) o «Nuits rouges» (1974), auténticos ejercicios de estilo que tratan de recuperar la inocencia de las antiguas narraciones de intriga y misterio en una clara reivindicación del cine como placer visual y narrativo.

    Pero Franju también destacó por su capacidad para adaptar clásicas obras literarias y conferirles siempre su sello personal: François Mauriac («Thérèse Desqueyroux» / «Relato íntimo», 1962), Émile Zola («La Faute de l’Abbé Mouret» / «El pecado del padre Mouret», 1970), Joseph Conrad («La Ligne d’ombre», 1973) o Jean Cocteau («Thomas l’imposteur», 1964).
    Gracias a su amistad con Henri Langlois, con el que fundó la Cinemateca Francesa, Franju ocupó diversos cargos en diferentes organismos estatales, secretario de archivo de films y en el Instituto de Cine científico. En 1965 Franju fue utilizado, sin saberlo, por los servicios secretos de Marruecos para tender una trampa al opositor Mehdi Ben Barka: un falso productor, Georges Figon, le propuso realizar un documental sobre la descolonización con el asesoramiento de Ben Barka. El líder marroquí fue secuestrado y desaparecido cuando acudía a una cita con Franju y Figon en una cervecería de París.
    George Franju falleció el 5 de noviembre de 1987 en París. Aunque hoy injustamente olvidada, la obra de Franju gozó en su momento de gran prestigio crítico y le valió la admiración de los jóvenes cineastas de la nouvelle vague. En 2012, coincidiendo con su centario, el Festival Internacional de Cine de San Sebastián le dedica una retrospectiva en la que se recupera la totalidad de su obra.