FRANCIS FORD COPPOLA

    Nació el 7 de abril de 1939 en Detroit, Michigan. Pero eso no pesó mucho en su futuro; creció en Nueva York, junto a su amplia familia italo-americana, y de ahí se ha sentido siempre. Su madre, Italia, fue actriz en su juventud; su padre, Carmine Coppola, flautista, músico y compositor (suyas son las bandas sonoras de «El Padrino” o ”Apocalypse now”, sin ir más lejos). Francis no tuvo una infancia fácil, enfermó de poliomielitis a los diez años, eso le amarró al hogar. Pero mientras leía, escribía y pasaba el trago, comenzó a surgirle una indomable vocación hacia las artes escénicas; el cine sobre todo; se entretenía montando las películas de la familia, un manitas primero, luego un virtuoso; y cuando se quiso dar cuenta estaba ya graduado en Teatro por la Universidad de Hofstra y más tarde en Cine por la californiana UCLA. Allí fueron sus comienzos profesionales; destacó inmediatamente como escritor, de forma que enseguida fue fichado y ejerció de ayudante de dirección de Roger Corman, que le encargó poner a punto una serie de películas soviéticas para comercializar en Estados Unidos; también ejerció luego como director de producción, de director de diálogos, de soni-do…, hasta que se estrenó como realizador en «Dementia 13” (1963), una película que, por cierto, tardó casi tres años en estrenarse. Todavía no le tocaba nacer al estrellato, de hecho no triunfó entonces; ni mucho, ni poco.

    QUIÉN A BUEN ÁRBOL SE ARRIMA…

    Contratado por la Seven Arts, los siguientes cuatro años los invirtió en la escritura, en fajarse como guionista, a base de adaptar para el Cine obras tan significativas como «Propiedad condenada” de Tennessee Williams, con un director también joven (pero más famoso) llamado Sydney Pollack. Adapta luego (junto a Gore Vidal) la novela de Dominique Lapierre y Larry Collins «Arde Paris?” (1966) dirigida por el francés René Clément.

    Ese mismo año (1966) rueda como director su segundo largometraje «Ya eres un gran chico” («You’re a Big Boy Now”) un melodrama romántico por el que la actriz Geraldine Page es nominada al Oscar como Mejor Secundaria. Junto a Edmund Northon escribe el guión de la oscarizada superproducción «Patton” (1970) de Franklin J. Schaffner, que gana siete Oscar, uno de ellos, al Mejor Guión Adaptado, el primero para Coppola de una nutrida lista posterior. Siente que eso sí es el principio de algo. Hasta entonces, el nombre de Francis Ford Coppola venía figurando en segundo (o tercer) lugar en los títulos de crédito. Pero las cosas estaban empezando a cambiar, ya habían empezado de hecho unos meses antes, en 1969, cuando funda, junto a su amigo George Lucas, la productora American Zoetrope, mirando fijamente al cine independiente y con sede en San Francisco. El primer proyecto llevado a cabo es «Llueve sobre mi corazón” (1969) que escribe, dirige y produce; luego dirige Lucas (y Coppola produce ) «THX 1138” (1971).

    Las cosas no van nada bien económicamente, están hasta el cuello; pero ocurre el milagro con «American Graffiti” (1973) Lucas detrás de la cámara otra vez y Coppola produciendo. Este título da la campanada; la película consigue cinco nominaciones a los Oscar, una de ellas a la Mejor Película. No se lleva ninguno. Pero el toque de atención está dado, ganan mucho dinero y todos miran ya hacia esa nueva generación de realizadores americanos (Scorsese, Di Palma…), treintañeros, cultos, expertos y capaces de lo mejor. Las expectativas se van a cumplir generosamente y casi al momento.

    «EL PADRINO”, O EL CINE MEGALÍTICO

    Estos muchachos tan sagaces y activos no perdían, la verdad, el tiempo. Y mientras Lucas daba sus últimos toques de claqueta a «American Graffiti”, Coppola se había metido hasta las cejas en un proyecto absolutamente ambicioso: «El Padrino” (1972) iba a ser un homenaje a su sangre italiana y –por qué no?- una catarsis colectiva (y personal) de lujo. Así que el casi bisoño Francis Ford agarró el proyecto con sus poderosos brazos y convirtió en imágenes la novela homónima de Mario Puzo (con quien co-escribió también el guión) De ahí resulta una primera entrega de 175 minutos, una primera parte que deja mudos, boquiabiertos, a todos. Drama sentimental, thriller mafioso, crónica costumbrista, con su toque socio/cultural e histórico…, comprende en definitiva muchos géneros y conforta a un amplio abanico de públicos. El reparto (encabezado por Marlon Brando) consta ya en los anales del cine y la película se convierte en uno de los mayores éxitos de la historia del Séptimo Arte. Hace historia, ella misma; y se alza con tres Oscar de los fuertes: Mejor Película, Mejor Guión y Mejor Actor (Brando) No son muchos, ciertamente, para un total de once nominaciones. Coppola, desde luego, está en una de ellas, como Mejor Director, pero se lo arrebata Bob Fosse con «Cabaret”. ¿Los otros tres candidatos? Una tontería, claro: nada menos que Joseph L. Mankiewicz, con «La huella”; el sueco Jan Troell con «Los emigrantes” y el británico John Boorman con «Deliverance”. Fue esa una cosecha excepcional, por supuesto.

    El hiperactivo que aquí nos ocupa, sigue sin dormirse en los laureles; escribe junto a F. Scott Fitzgerald el guión de «El gran Gatsby” (1974) y ese mismo año se pone velozmente a dirigir, con guión propio, una película de bajo presupuesto y grandes resultados, que recibe antes la Palma de Oro en el Festival de Cannes: «La conversación” (1974) entre la intriga criminal, el espionaje y el romance, es nominada a los Oscar como Mejor Película, Mejor Guión y Mejor Sonido. Ya no hay quien lo pare. Por eso aprovecha el tirón y comienza el rodaje de «El Padrino II”. Consigue casi la cuadratura del círculo, mejora la anterior, el público se le entrega, está enganchado a la saga familiar. La Academia también y se lo reconoce con otras once nominaciones, seis Oscar, tres de ellos personales para Coppola, Mejor Productor, Director y Guionista y los otros tres para Robert de Niro (Mejor Actor Secundario) Mejor Dirección Artística y Mejor Música (Nino Rota).

    «APOCALYPSE NOW” Y EL AGUJERO NEGRO

    Cuando parecía que Coppola había tocado techo con «El Padrino II”… deja pronto bien claro que no, que nada de eso; ahora sí que se mete (y lo sabe bien) en un berenjenal endiablado, enloquecedor, en todos los sentidos. El, tan afecto a la literatura y tan capacitado, la verdad, para reescribirla y trasladarla a imágenes, se enreda en un monumento literario universal, «El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad; lo adapta, lo actualiza, -si es que el mal pudiera quedar alguna vez caduco-, porque cree llegado el momento de pronunciarse sobre la guerra y el horror. La guerra de Vietnam naturalmente, un asunto pendiente con el Tio Sam, que hace ya tiempo lleva enquistado. Se va a rodar a Filipinas, pone sobre la mesa todo su patrimonio y todo el miedo también de los productores, por semejante empresa, peligrosa, incierta y aparentemente inabarcable. Se dilata el rodaje, se endeuda hasta las cejas, todo presagia un estrepitoso fracaso. Pero finalmente larga este «Apocalypse Now” (1979) doloroso puñetazo en las conciencias que es de nuevo Palma de Oro en Cannes. Allí pronuncia una de sus lapidarias frases: «Mi película no es sobre Vietnam. Es Vietnam”. Recibe luego sólo dos Oscar, Mejor Fotografía y Mejor Sonido, de las ocho nominaciones que había arañado.
    Con los bolsillos nada vacíos, -más bien llenos de deudas-, emprende un negocio que es a la vez una vieja afición: la de bodeguero, en el Valle de Napa, allí monta su propia firma comercial, y comprende que ha acertado al poner los huevos en dos o tres (varios restaurantes y hoteles) cestas distintas, la del vino y la de la hostelería (que, dicho sea de paso, le sacan de más de un aprieto) y la del cine, que en ese momento, finales de los 70, le tiene muy, pero que muy quemado. «Apocalypse now” estaba destinada a arrasar y él siente fracasado, incomprendido, agotado. Y para no tentar más la suerte –también para no dejar de rodar, ni de respirar, sobre todo- acomete modestamente en los mismos estudios Zoetrope el musical «Corazonada” (1981) un fracaso económico que le obliga a vender la productora. No sale del atolladero hasta que filma «Rebeldes” y «La ley de la calle”, las dos en 1983.

    En esa época conoce al productor Robert Evans, se hacen socios y con él escribe y dirige «Cotton Club” (1984), otro musical, pero de altos vuelos muy bien aceptado aunque no tanto como para amortizar gastos. Los amigos salen al quite; George Lucas, por ejemplo, le financia «Tucker: un hombre y un sueño” (1988). Y es curioso comprobar a través de este acertado trabajo (en torno a un tío perfeccionista y obsesivo, que está buscando construir el automóvil de sus sueños) es curiosa la identificación entre el protagonista y el propio Coppola, víctima -según su percepción- de la perfección, como el otro. Recobra fuerzas y se mete poco después en «El Padrino III” (1990) terminando así la trilogía con broche de oro. El tono, la calidad, del proyecto no ha decaído en absoluto. O sea, más crédito, y acomete «Drácula de Bram Stocker” (1992. Sigue aún dando títulos… pero un día para los motores, deja de dirigir, ejerce de productor, algo en televisión, y mantiene desde esos años una fijación: escribe y vuelve a reescribir un guión titulado «Megalopolis”, y ahí sigue, varado en ese proyecto eternamente postergado. La industria no quiere arriesgar incluso con el nombre de Coppola de por medio, no está para aventuras. Y él, humillado y ofendido, se duele por esa herida: «Querer hacer cine sin riesgos es como querer tener hijos sin practicar el sexo”. Pero en tanto, después de diez años de no pronunciar la palabra «acción”, estrena «El hombre sin edad» («Youth without youth”, 2007) adaptación de la novela del rumano Mircea Eliade, sobre un viejo profesor que siente haber desperdiciado la vida (identificación de Coppola, de nuevo, con el hombre que se asoma estoicamente al abismo). Le seguirán «Tetro», rodada entre Argentina y España con Maribel Verdú y Carmen Maura y «Twixt», con dos secuencias en 3D, en 2011.

    LA FAMILIA QUE TRABAJA UNIDA…

    Casado desde 1963 con Eleanor Jessie Neil, también profesional del cine (autora del diario del rodaje de «Apocalypse Now»), tuvieron cuatro hijos: Mary, Sofia, Roman y Gian-Carlo, este último trágicamente fallecido en un accidente náutico. Su matrimonio es famoso en Hollywood por ser el único (el único director al menos) que sigue casado con su primera esposa. Es hermano de la actriz Talia Shire («Rocky”) y tío del actor Nicolas Cage, a quien ayudó a convertirse en una estrella; precisamente una de sus características es esa, la de incluir a la familia en el reparto de sus películas. Son trece, nada menos, los Coppola (como primer apellido, o no) que trabajan en este negocio. Todo un récord. El cine es omnipresente entre ellos, lo envuelve casi todo; y envuelve, por supuesto, al propio Francis Ford quien, como un chaval mitómano cualquiera, tiene cubiertas las paredes de su dormitorio con fotos de sus estrellas favoritas, Jane Powell, la primera de todas. Sentía por ella verdadera devoción. Pero no es sólo la familia la que le pone las pilas a la hora de trabajar, también los amigos cuentan, y mucho. Ya hemos dicho que fundó productora con George Lucas pero hay que añadir además que han conservado su profunda amistad y que hay entre ellos una demostrada identificación de intereses, aficiones y admiraciones mutuas; hasta el punto que, según el propio Lucas confesó, el famoso personaje de Han Solo de «La guerra de las galaxias” está inspirado directamente en Coppola.

    Y eso no es todo: cuatro Coppola intervinieron de uno u otro modo en la saga de las galaxias: sus hijos Sofia y Roman como actores; su sobrino Christopher Neil, en el guión, y su cuñado Bill Neil, en la producción. ¿Demasiada interconexión? Posiblemente; pero eso no es todo; la conexión que puede alcanzar su puntito megalómano/identificativo es la que nuestro hombre mostró durante el rodaje de la saga de mafiosos. Había tantas similitudes entre los Corleone y los Coppola cuantas se empeñó en encontrar el propio realizador. Tampoco era nada nuevo; parece que si no se mete hasta las pobladas cejas en el tema, si no hay un «alter ego” que echarse al coleto, no le gira el motor. Pero controlar, desde luego que no pretende controlarlo todo. Y si no, un ejemplo donde le cuelgan medallas sin comerlo, ni beberlo: Coppola ostenta un insólito récord: dos actores, George C. Scott y Marlon Brando, fueron ganadores de un Oscar por sendos personajes escritos por él («Patton” y «El Padrino”) y los dos lo rechazaron.