FEDERICO FELLINI

    Federico Fellini nació en Rímini en 1920. En su infancia, el joven Federico muestra un vivo interés por las películas de Chaplin y los cómics humorísticos estadounidenses. Cursa en Rimini sus estudios primarios en la escuela del asilo San Vincenzo. Al año siguiente pasa a la escuela estatal Carlo Tonini. Es un niño tranquilo, al cual le gusta dibujar, jugar con su teatro de títeres, y, más adelante, leer las historietas en el semanario «Corriere dei Piccoli»
    Siendo aún estudiante en una academia de Rimini, el joven Federico envía algunos relatos y novelas a las revistas que Nerbini editaba en Florencia. En 1937, con 17, Nerbini le contratará como corrector de las pruebas de imprenta de estas revistas, pasando el joven 7 u 8 meses en Florencia. También ejercerá de guionista de la serie «Flash Gordon”, con dibujos de George Toppi, cuando el el gobierno fascista prohibe la importación de cómics estadounidenses y los autores italianos han de continuarlas para no defraudar a sus lectores.
    En aquellos años dominados por el fascismo, Federico Fellini también escribe guiones para la radio y secuencias cómicas para actores conocidos como Aldo Fabrizi. Fellini también produce varios dibujos (principalmente en lápiz sobre papel), a menudo retratos cómicos, siendo así como entra en contacto con el cine: su primer éxito fue como dibujante publicitario para películas. Avanguardista durante el Fascismo, sus primeras obras fueron para la Alleanza Cinematográfica Italiana (ACI), una compañía productora de Vittorio Mussolini, hijo de Benito Mussolini, a través del cual conoció a Roberto Rossellini.

    En 1944, tras la caída del fascismo en una Roma apenas liberada abre una tienda de retratos y caricaturas, The Funny Face Shop. El mismo año comenzó su contribución a la película más emblemática del cine italiano de posguerra: «Roma ciudad abierta” («Roma Città Aperta”). Fellini también escribe guiones para otros directores reconocidos como Alberto Lattuada («Sin piedad”, «El molino del Po”), Pietro Germi («En nombre de la ley”, «La ciudad se defiend”e) y Luigi Comencini, y sigue colaborando en los guiones de otros films de Rossellini como «Camarada” («Paisá”, 1946) y «L´amore” (1948);
    Tras diez años de trabajo como guionista, el director Alberto Lattuada lo asciende a codirector de «Luces de variedades” («Luci del varietà”). En esta película y en la siguiente, «El jeque blanco”, su verdadera ópera prima, Fellini encuentra la fuente de inspiración en las formas populares y los espectáculos callejeros. En «El jeque blanco”, protagonizada por Alberto Sordi, comoce al músico Nino Rota, que ya le acompañará durante toda su trayectoria. Desde ese momento, su vida se desarrolla dentro de los decorados artificiales que construye en Cinecittà, salpicada de premios (entre ellos cinco Oscar, uno a toda su carrera), reconocimientos en todo el mundo, períodos más o menos largos de reflexión y de trabajo en el plató.

    En «Los inútiles”, primera vuelta del director a Rímini, a una realidad conocida, la estructura narrativa ya sufre una importante descomposición: una sola historia se descompone en cinco vivencias minimalistas, distintas e intercambiables. A Gilietta Masina, que por entonces era una joven actriz de teatro de prosa que formaba parte de una compañía de teatro cómico-musical, la conoce en 1942 e inmediatamente ambos se enamoran. Sin embargo hasta «La Strada” no trabajan juntos. En el filme, las trayectorias de sus dos protagonistas, Gelsomina y Zampanò, son ya fruto de una inmersión en el inconsciente. Guilietta Masina se convierte en su musa absoluta y en el personaje físico y sobre todo emocional siempre al lado de la genialidad del director.
    Otro actor que aparece constantemente en sus filmes es Marcello Mastroianni, quien estudiaba interpretación en la misma escuela que Massina, y que fue gran amigo del director. De hecho, Mastroianni aparece en algunas de sus películas más importantes, siempre interpretando el papel principal (entre ellas «La Dolce Vita”, «Fellini 8 y ½” o «Ginger y Fred”). Fellini trabajó también con actores como Anita Ekberg, a quien lanzó a la fama, Sandra Milo, Alberto Sordi, Aldo Fabrizi, Anouk Aimée, Claudia Cardinale, Richard Basehart, Sylva Koscina, Freddie Jones o Roberto Benigni.

    La música de sus películas es de Nino Rota, que inventa, sobre todo en este momento, motivos en los que las imágenes parecen fijarse y que parecen destinados a convertirse en elementos que inmediatamente evocan el espíritu de la película. Los motivos de «La Strada” y de «Los inútiles” (obra que hoy aparece como clave del universo felliniano en tanto que prefigura la estructura y modos narrativos y estilísticos de «La dolce vita”) y la experimentación de algunas formas de relato y de construcción de las situaciones emocionales confluyen en «Las noches de Cabiria”, la demostración de que su universo se expande, libera energía creativa sin perder las experiencias anteriores, mostrando un pleno dominio de todos los elementos narrativos.
    «La dolce vita”, completada a finales de 1959 es el punto de inflexión de toda su obra. En ese momento se produce, en la confrontación con sus propias imágenes, una operación parecida a la de los maestros americanos del action painting: sin destruir el objeto, se implica en un sentido casi físico, deja que la propia energía vital confluya con las imágenes. Grandioso fresco social y cinematográfico, «La dolce vita” es una obra puente: cierra una fase del cine italiano e inaugura una nueva era, no exenta de tensiones, en el cine internacional.
    A partir de este momento, la obra de Fellini destaca también por la mezcla de lo fantasioso con la realidad subjetiva, lo que le llevó, en algunas ocasiones, a acercarse más al surealismo que al neorrealismo. Dentro de esta línea están «Fellini 8 y ½” y «Amarcord».

    Los años sesenta representan para Fellini el momento de máxima expansión creativa. Logra dominar una película en todos sus aspectos y concebirla casi como una emanación de su propio cuerpo. En compañía de Flaiano, Guerra, Zapponi… realiza una serie de obras que dan vida a fantasmas recurrentes y obsesivos que, en un primer momento, con «Fellini 8 y ½”, se liberan hacia lo alto y después asumen, poco a poco, funciones inferiores y parecen transmitir mensajes cada vez más contagiados de muerte. De «La dolce vita” en adelante, Fellini defiende su integridad creativa y la integridad de su mundo con todos los medios a su alcance, lo que le cuesta momentos de crisis y de pérdida de energía.
    Obra abierta, obra dentro de la obra, «Fellini 8 y ½” trata de registrar, desde el interior del flujo creativo, la complejidad, el misterio, las crisis, la impotencia y la potencia del hacer artístico mediante los signos de multitud de ángeles custodios culturales y artísticos. Fellini entra en su obra, no mueve a los personajes desde fuera, como Visconti: en cada película parece que una parte de su energía vital atravesara la pantalla.
    El desdoblamiento de la personalidad se aborda en «Giulietta de los espíritus”, en la que, gracias al color, Fellini libera más aún sus instintos visionarios y las figuras procedentes del inconsciente y de la imaginación colectiva. La asunción de un punto de vista femenino y la atracción cada vez más fuerte por el mundo de lo irracional y la parapsicología no son aceptadas pacíficamente por la crítica.

    Los años 70 son los de «Satyricon”, «Los Clowns”, «Fellini – Roma”, «Amarcord”, «Casanova”, «La ciudad de las mujeres” o «Ensayo de orquesta”, títulos que constituyen un bloque de invención figurativa y narrativa que reúne y celebra, de la forma más fastuosa, formas y figuras, similares y nuevas, del imaginario felliniano y componen un conjunto de creatividad excepcional, que aflora bajo la sombra de la enfermedad y de las primeros miedos ctónicos, hasta ahora no valorados como se merecen en lo que aportan de novedoso a la búsqueda visual y expresiva. Con «Amarcord”, Fellini enseña a enfrentarse sin miedo a la presencia inquietante de la historia colectiva nacional, a explorarla en cuanto patrimonio común.
    En 1979 Feffini pierde una amistad esencial con la muerte de Nino Rota, el 10 de abril en Roma, el cual ha firmado las bandas sonoras más bellas de los film de Fellini. Algo se rompe a partir de este momento en la creatividad del director.
    La década de los 80 la inicia con «Y la nave va”. En 1982 expone sus dibujos en una muestra importante en París, con mucho éxito. Aparece como sí mismo en el film El taxista dirigido por Alberto Sordi. En 1985 dirige «Ginger y Fred”. Veinte años después de «Julieta de los Espíritus”, Giulietta Masina vuelve a ser protagonista de un film dirigido por su marido. Sufre un breve colapso circulatorio y se interna algunos días en una clínica. Recibe el León de Oro por su carrera en la Muestra del Cine de Venecia.

    El velo fúnebre que poco a poco se extiende sobre la escena felliniana nace también del proceder sincrónico, de catástrofe en catástrofe, hasta alcanzar dimensiones apocalípticas. En 1986 publica «Viaje a Tulum” en el diario Corriere della Sera, el relato de la expedición que lo llevó en busca de Carlos Castañeda hecho en forma de idea cinematográfica. Ese guión será posteriormente llevado al cine en 2010 por Marco Bartoccioni. Ese mismo año dirige «Intervista” y un spot publicitario. En 1988 publica «Un director en Cinecittà”, libro dedicado a describir su relación quincuagenaria con los estudios cinematográficos en los cuales ha realizado casi todos sus films y un año después dirige «La voz de la Luna”, su último film.
    En 1990 cumple setenta años: el aniversario es festejado por el mundo del cine internacional, por los amigos y por los admiradores, por los medios de difusión, con vasto y afectuoso entusiasmo. Lucha por primera vez pública y apasionadamente junto con otros cineastas italianos, y sin éxito, para impedir que la ley confirme el derecho de las redes televisivas a interrumpir con anuncios publicitarios los films que emiten. Supervisa los dibujos del «Viaje a Tulum” de Milo Manara. Pierde a su hermano Ricardo, muerto en Roma el 26 de marzo de 1991.

    El 3 de agosto de 1993 sufre un ataque cerebral mientras se hallaba en el Grand Hotel de Rimini. Muere el 31 de octobre en Roma en el hospital Policlínico. La cámara ardiente instalada en el Teatro Cinque de Cinecittà y el funeral en la iglesia de Santa Maria de los Angeles, son el destino de millares de personas doloridas. Gulietta Masina no puede soportar el dolor y muere tres meses después
    Fellini logró el Oscar a la mejor película extranjera por «La Strada» en 1956, «Las noches de Cabiria» en 1957, «Fellini 8 ½» en 1963 y «Amarcord» en 1974. Sin embargo se le resistió la estatuilla al mejor director estando nominado tres veces por las películas «La dolce vita» de 1961, «Fellini 8 ½» de 1963 y «Fellini-Satyricon» en 1970, pero sólo consiguió una estatuilla honorífica en 1992, un año antes de su muerte.