DOUGLAS FAIRBANKS

    Douglas Fairbanks fue una de las grandes estrellas del cine mudo, actor, guionista productor y director. Nació en Denver, Colorado, el 23 de mayo de 1883. Está considerado como el primer héroe de acción del Septimo Arte.

    Hijo de una modestísima familia, tras realizar sus estudios básicos, comenzó a destacar como deportista y a demostrar un gran interés por el mundo de la escena. Su prematura vocación teatral es recompensada al interpretar en Broadway, durante una semana, un breve papel en «Virginius». A los 16 años xsus padres le matriculan en la Jarvis Military Academy, pasando poco después a la East Denver High School. Durante el veranoactúa en el Elitich’s Theatre, y se enrolaen la troupe de una compañía ambulante de washington, sigiendo a la corista Magda, de la que está enamorado. Con estos diversos contactos se inicia en el mundo del espectáculo, pero al morir Magda en un accidente de Caballo, Doug, como ya se le denomina a Douglas Fairbanks, regresa a Nueva York y se emplea en oficios anodinos.
    En 1900 interviene en «The Duke’s Jester» y con dos papeles en «Hamlet, príncipe de Dinamarca». En 1901vregresa a sus estudios en Haward, pero los abandona para realizar un viaje por Europa. A su regreso debuta ya como profesional de la escena: «Her Lord and Master» (1902), «A Rose O’Plymouth Town» (1902), «Mr. Jack» (1903), «The Pit» (1903), «Two Little saylor Boys» (1904), «Fantana» (1905), «Frenzied Finance» (1905) o «The Man on the Hour» (1906), consolidando una trayectoria artística que le dio una gran reputación.

    Lanzado al frenesí de la popularidasd, se enamora de Anna Beth Sully, actriz de la compañía de la que él es el primer actor, hija del «rey del algodón», con la que se casa en 1907, realizando varias giras de éxito por todos los Estados Unidos, y debutando juntos en el cine en 1915 gracias a la amistad que les unía con el director David Wark Griffth contratado por la Triangle. Pero la pareja se separaría poco después. De este matrimonio nació su único hijo, Douglas Fairbanks Jr., que también fue actor. En 1919 contrajo matrimonio con la «novia de América”, Mary Pickford, de la que se divorció en 1935.
    Cuando cumplió los treinta años, la Triangle, una de las productoras más consolidadas de la industria cinematográfica de Hollywood, le ofreció sus primeros trabajos para la pantalla. La comedia y el western le permitieron desarrollar un personaje que le llevó, desde su primera aparicién en la pantalla con «El cordero» (1915), de William Christy Cabanne, a consolidarse como un actor muy popular, reclamado por los espectadores de la época. El éxito le animó a independizarse de la Triangle y fundar su propia empresa, la Douglas Fairbanks Film Corporation, con la continuó durante unos años como una estrella rutilante.

    Fairbanks era un actor que intervenía activamente en todos sus proyectos. Escribió historias, produjo y dirigió varios títulos con el fin de obtener los resultados creativos y comerciales que él consideraba más ajustados a su concepción del cine, demostrando especialmente una gran versatilidad escénica e insufló en su cine los ideales que marcaron su vida, ya que Fairbanks fue un hombre atlético, lleno de energía, con gran confianza en sí mismo y que atesoró una permanente búsqueda de la felicidad a través de una gran vitalidad, manifiesta en un inusitado optimismo. Durante estos primeros años de su vida se dedicó a escribir libros sobre cómo darse confianza, vivir plenamente y buscar alicientes a todo lo que se hace en la vida.
    Tras intervenir en diferentes películas de Cabanne, fue John Emerson quien recogió el testigo en «Su retrato en los periódicos» (1916), «De lo vivo a lo pintado» (1917) o «Delirio de grandeza» (1917). No obstante, la carrera de Fairbanks alcanzó en estos años algunas de sus cotas más elevadas gracias a la participación del director Allan Dwan, a cuyas órdenes estuvo desde «La costumbre de la dicha» (1916) hasta «Triunfa la vida» (1918), interviniendo en otras seis películas como «Odio de razas» (1916) y «El moderno mosquetero» (1917). En estos años fue productor de numerosas películas, y en ellas comenzó a descubrir la importancia de la ambientación y la decoración (y que le llevó, años más tarde, a levantar dos de los decorados más espectaculares de Hollywood, los realizados para «Robín de los bosques» y «El ladrón de Bagdad»).

    En 1918 congregó a una multitud en pleno Nueva York junto a Chaplin para promover la venta de bonos de guerra para la Primera Guerra Mundial. En 1919, cansado de la tiranía de los Estudios, funda junto a Mary Pickford, Charles Chaplin y D.W. Griffith, la United Artists, para producir sus propias películas.
    El mito se encontró consolidado cuando, años después, el cine de capa y espada se convirtió en el referente más destacado en su carrera. Dwan dirigió a Douglas en la magnífica «Robín de los bosques» (1922) y en «La máscara de hierro» (1929). Fue en este tipo de películas en donde Fairbanks demostró su habilidad y destreza en el manejo de la espada o el arco, además de confirmar su buen estado físico, preparación en la que se esmeró especialmente (nunca permitió ser doblado por un especialista). Confirmó sus inigualables aptitudes en «La marca del Zorro» (1920) y «D’Artagnan» (1921), de Fred Niblo; en «El ladrón de Bagdad» (1924), de Raoul Walsh; y «El pirata negro» (1926), de Albert Parker, películas que han quedado para la historia como algunos de los mejores ejemplos del cine de aventuras, con espléndidas secuencias de acción.

    Considerado como el «rey de Hollywood», fue el primer presentador de los Premios Óscar en el año 1929. Pero la consilidación del cine sonoro le impidió mantener el nivel de sus trabajos anteriores. «La fierecilla domada» (1929), de Sam Taylor, al lado de Mary Pickford; «La vuelta al mundo» (1931), de Victor Fleming; o «La última aventura de Don Juan» (1934), de Alexander Korda, su última película, no dejan de ser una muestra de cómo un actor que quiso mantener muy alto el listón creativo a largo de toda su vida no aceptó reconocerse a sí mismo en papeles de mediana edad.

    Pocos actores del cine estadounidense han supuesto tanto para la industria del espectáculo. Cabe decir que Douglas Fairbanks alcanzó una popularidad inusitada y resplandeció en el firmamento de las estrellas con tal brillantez que ocultó su visión empresarial y de hombre de negocios. En este campo, Fairbanks consiguió introducir en el cine de la época una mirada más exigente hacia la producción de un filme; revisó detenidamente cada uno de sus proyectos y los supervisó hasta la fase de lanzamiento comercial. Este control dice mucho de su compromiso creativo, que le situó por encima de los directores con los que trabajó. Su imagen le ayudó a canalizar sus trabajos que, no obstante, se situaban en un nivel de calidad por encima de la media.
    En todo Hollywood se recuerdan las fiestas y encuentros que el matrimonio Fairbanks-Picford ofrecieron a lo largo de tres lustros en su mansión Pickfair, situada en una de las colinas de Beverly Hills, un palacio que disfrutaban «sus majestades”, tal y como eran conocidas en el mundo de la industria cinematográfica. En las visitas que realizaron a numerosos países fueron recibidos como auténticos ídolos, confirmando el efecto de sus películas en una extensa legión de fans, que no sólo supieron aceptar el matrimonio entre dos ídolos cinematográficos, sino que también asumieron el «ocaso” de quien había sido su gran héroe.

    Douglas Faibarks trasladó su filosofía de vida a varios libros, y publicó, desde 1917, «Ríe y vive», «Iniciativa y confianza en uno mismo», «Hacer que la vida merezca la pena», y colaboró con la revista Photoplay durante unos años. En «Ríe y vive» decía: «El hombre que ríe en el camino de la vida no tendrá que temer al porvenir»; «La rapidez es la nota característica de nuestro tiempo y de nuestro país, y es el ingrediente principal de la fórmula del éxito»; y «Al sentir el espíritu caballeresco de la Edad Media y el resplandor de la magia de aquellos días, experimento una sensación muy agradable, pero si llego a comunicar esa sensación a través de la pantalla, esta sensación es la más grande de todas». Douglas Fairbanks fallecería en Beverly Hills, California, el 12 de diciembre de 1939.