DOLORES DEL RÍO

    Dolores Asúnsolo López Negrete, conocida artísticamente como Dolores del Rio fue una de las más grandes actrices mexicanas. Nació en Durango (México) el 3 de agosto de 1904. Su padre fue Jesús Leonardo Asúnsolo (prominente ganadero y gerente bancario) y su madre Antonia López Negrete (distinguida dama de la alta sociedad). La familia estaba emparentada con Ramón Novarro, uno de los galanes de Hollywood, que era primo suyo, así como con el director de cine mexicano Julio Bracho y la actriz Andrea Palma.
    El curso de la vida de la familia de Dolores fue tranquilo justo hasta el estallido de la Revolución Mexicana suceso que vino a alterar el destino de la familia, dado la condición socio-económica de la misma, por lo que tuvo que disolverse para evitar la violenta persecución que se dio en aquellos años en contra de la gente de clase acomodada. El padre emigró a los EE.UU. y Dolores y su madre se establecieron en Ciudad de México. Allí, Dolores estudió en el Colegio Francés de San Cosme (originalmente llamado Collége Français de Saint Joseph asentado sobre la avenida de San Cosme).

    De facilidad para el estudio, desarrolló a la par una enorme afición al baile, siendo una gran admiradora de la bailarina rusa Anna Pávlova. Con 15 años, durante un baile benéfico, conoce a quien sería su primer esposo Jaime Martínez del Río (relevante y culto caballero de la alta sociedad, miembro de una de las familias más ricas del país), licenciado en leyes y dieciocho años mayor que ella, con quien contrae nupcias en 1921 en la Iglesia de la Inmaculada Concepción y dando la recepción en una de las propiedades de los Martínez del Río, el Rancho «La Hormiga» (hoy la Residencia Oficial de Los Pinos). Dolores toma de la familia Martínez del Río su nombre artístico Dolores del Río. Ella y su esposo viajaron de luna de miel por Europa y a las islas de Hawái y, al regreso, se ocuparon de habitar el rancho algodonero de «Las Cruces».
    Acostumbrada desde muy joven a frecuentar ambientes intelectuales, figura habitual en los acontecimientos y tertulias culturales, su belleza llamó la atención del director estadounidense Edwin Carewe, que había realizado una visita de cortesía a la familia Del Río acompañado por Adolfo Best Maugard, pintor de cierto renombre e íntimo amigo de Dolores. Carewe, impresionado por la personalidad de la joven, la invitó a interpretar un pequeño papel en la película que estaba dirigiendo por aquellas fechas en Hollywood. Carewe invita al matrimonio Martínez del Río a viajar a Hollywood y pese a que la iniciativa carecía por completo de un planteamiento serio, la muchacha se lanzó a la aventura por simple curiosidad, casi como un capricho sin futuro alguno. Rompiendo con todos los cánones de la sociedad mexicana de aquel entonces, contraviniendo la oposición de la familia Martínez del Río y contando sólo con el apoyo de la madre de Dolores, la pareja emprendió el viaje en tren a Estados Unidos. Bajo la tutela de Carewe, Dolores aprendió inglés y actuación, mientras que Jaime incursionaba como guionista sin resultado alguno.

    Por fin Doloresc del Río interpreta un pequeño papel en «Joanna», película muda con rótulos. A partir de aquella primera película comenzó a recibir ofertas de trabajo e incluso apremiantes solicitudes de intervención en numerosos proyectos. Carewe realiza una extensiva campaña para promocionar la carrera de Dolores, con el objetivo de convertirla en una versión femenina de Rodolfo Valentino. Del Río surgió en Hollywood en un período dominado por las estrellas femeninas rubias. Las pocas estrellas «morenas» eran en ese entonces Theda Bara y Pola Negri, que eran exotizadas en las películas y en la publicidad como «vampiresas». Mientras que la era del cine mudo permitió a Del Río maximizar la ambigüedad racial de su aire oscuro y tez blanca, fue elegida en varios personajes étnicos cuyas caracteristicas tenían a menudo connotaciones sexuales.
    Sus peculiares rasgos físicos condicionaron desde su debut los papeles que se le ofrecieron en Hollywood, interpretando siempre personajes muy concretos, excesivamente marcados por sus orígenes étnicos y el exotismo de su belleza; fue, en Estados Unidos, la «mujer latina» por excelencia, un arquetipo de pasión y fuego alimentado por la fantasía anglosajona.

    Su fulgurante éxito la alentó a instalarse en Estados Unidos, y permaneció allí durante el período comprendido entre 1925 y 1942; durante aquellos años de trabajo casi ininterrumpido interpretó veintiocho películas y se convirtió en una de las figuras señeras de la época dorada de Hollywood y, por ende, en una personalidad halagada internacionalmente y perseguida por las revistas especializadas. Aquel éxito, como se ha insinuado, no tuvo siempre efectos benéficos para la carrera profesional de Dolores del Río, que se vio a veces obligada a interpretar papeles de muy diversa entidad y de discutible enjundia dramática; en algunas ocasiones fue sólo la figura decorativa que se necesitaba para dar un toque de «color local» en ciertas producciones de finales de los años veinte.
    En 1928 filma «Ramona», para la cual grabaría un tema musical que le reportaría ganancias durante el resto de su vida. Cuando concluyó la filmación de Ramona, Hollywood entró en pánico por la inminente llegada del cine sonoro. En el bungalow de Mary Pickford en la United Artists se reunieron Pickford, Douglas Fairbanks, Charles Chaplin, D.W. Griffith, Gloria Swanson, Norma Talmadge y Dolores, para aclarar en el programa radiofónico «The Dodge Brothers Hour» que estaban preparados para el reto del cine hablado. Dolores fue mas allá al interpretar en directo «Ramona».
    El matrimonio Del Río sufrió las cepas de éxito de Dolores. En Hollywood Jaime se convirtió en el marido de Dolores del Río. La situación era intolerable para los dos. Después de una breve separación, Dolores presentó una demanda de divorcio, como los rumores de un romance con Edwin Carewe. Chismes que no estaban justificados debido a la estricta educación católica de Del Río. Seis meses después, recibió la noticia de que Jaime había muerto en Alemania por envenenamiento de la sangre. Pero los rumores de un siucidio fueron más aceptados. Y la United Artists se encargó de impedir el incipiente romance entre la actriz y Edwin Carewe.

    De las películas que interpretó en la era del cine mudo destacan sus sugerentes intervenciones en «What Price Glory?» («El precio de la gloria», 1926) del mítico Raoul Walsh, «Resurrection» («Resurrección», 1927) y la citada «Ramona» (1928). De su etapa correspondiente a los primeros años del cine sonoro, en la que alcanzó gran popularidad, cabe mencionar «The Bad One» («El malo», 1930)
    En 1930 Dolores conoce en una reunión, en el Castillo Hearst organizada por William Randolph Hearst y su amante, la actriz Marion Davies, al magnate de Hollywood Cedric Gibbons, Director Artístico de la Metro-Goldwyn-Mayer. Contrae nupcias con él poco después y es quien contribuye a la consolidación de Dolores como estrella en Hollywood. Dolores daría el paso de estrella exótica, allende la frontera, a una de las grandes princesas de Hollywood. La casa Del Río-Gibbons, se convertira en punto de reunión para grandes estrellas como Greta Garbo, Marlene Dietrich, Errol Flynn, Lili Damita, Fay Wray, Constance Bennett, Joan Bennett, Myrna Loy, Clark Gable y muchos mas.

    Con la llegada del sonoro, Dolores del Río se acomodó perfectamente a los cambios producidos en la industria del cine, algo que no pudieron conseguir todos los astros que habían destacado en el cine mudo; de hecho, la década de los años treinta constituyó tal vez la época más brillante en la carrera de la actriz, pese a que en un principio los ejecutivos de Hollywood temían que su acento latino interfiriera con sus interpretaciones. Así, filma películas con roles exóticos, como La Mala y La Paloma. Pero en 1932, Dolores es contratada por la RKO Pictures.

    El productor David O. Selznick contrata al director King Vidor para crear una película para el lucimiento de Dolores, «Ave del Paraíso», que provoca un escándalo por las escenas donde se baña desnuda en el mar con el actor Joel McCrea. Finalmente filmó el musical «Volando a Río» (1933, película que lanzó a la fama a Fred Astaire y Ginger Rogers). El éxito mundial de «Volando a Río», barrió todas las preocupaciones y la controversia a su paso. En la historia del cine se observa como la primera pareja a Fred Astaire y Ginger Rogers, aunque Dolores del Río y Gene Raymond eran los protagonistas. También podría ser la primera aparición del traje de baño de dos piezas, que fue usado por Del Río siempre consciente de la moda.
    La actriz pasa después a trabajar para la Warner en numerosos musicales supervisados por Busby Berkeley, sin obtener el éxito que en un principio parecía presagiar la magistral dirección del gran coreógrafo del estudio. Tras realizar una incursión en el cine europeo con «Acusada» («Accused», 1936) y participar en «Estambul» («Journey into Fear», 1941), la frustrada tentativa de Orson Welles, decidió regresar a México y abandonar la Meca dorada del cine. Poco antes Dolores del Río se divorcia de Cedric Gibbonsy se vincula por breve tiempo con Orson Welles; por Welles, Dolores abandona su carrera como actriz, apareciendo solo de manera esporádica.
    Ya en su tierra, Dolores del Río protagoniza «Flor Silvestre», dirigida por Emilio Fernández, actuando al lado de Pedro Armendáriz, y después, de nuevo con el Indio Fernández «María Candelaria», película que contribuye a acrecentar el culto a Dolores como máxima diva del cine mexicano en 1943. Con Fernández rodaría a continuación «Las Abandonadas» y «Bugambilia» (ambas de 1944).

    Tras la filmación de esta cinta, decide probar suerte con otros directores mexicanos. En 1945 filma «La selva de fuego», dirigida por Fernando de Fuentes. De acuerdo con María Félix en su autobiografía («Todas Guerras», México, 1993), por esta película, ella y Dolores confundieron sus caminos por una sola vez. La película fue escrita para Félix, pero el mensajero envió por error la película a Dolores. María terminó filmando la película «Vértigo» (escrita para Dolores).
    Posteriormente a su regreso a México, Dolores del Río siguió colaborando en varias producciones estadounidenses, de las que resalta la película de John Ford: «The Fugitive» («El fugitivo», 1947, rodada como coproducción sobre la novela de Graham Greene «El poder y la gloria», y protagonizada por Henry Fonda)
    En 1949, Dolores regresa con el equipo del Indio Fernández con la película «La Malquerida» en la que por primera vez interpreta el papel de madre, en concreto de la actriz mexicana Columba Domínguez, quien estaba teniendo un romance con Fernández. El hecho de que Dolores era el amor platónico de Fernández causó tensión. La película sería la última llevada a cabo por Dolores con el Indio Fernández.
    A finales de 1949, conoce en Acapulco a Lewis «Lou» Riley, un empresario teatral estadounidense y un ex miembro de la Hollywood Canteen. La pareja de inmediato comenzó una relación amorosa. La casa de Dolores en México, llamado «La Escondida» en Coyoacán, fue muy popular entre las celebridades mexicanas y extranjeras.En 1950, Dolores protagoniza «Doña Perfecta», en la que es aclamada por su representación dramática.

    En 1954 le es negado el permiso de trabajo en Estados Unidos para filmar la cinta «Broken Lance», junto a Spencer Tracy. Dolores del Río fue una de las víctimas del Macartismo, acusándola de ser «simpatizante del comunismo internacional», debido principalmente a su relación amorosa con Orson Welles. La cinta la filma la también actriz mexicana Katy Jurado.

    En 1959 contrae nupcias con Lew Ryley en Nueva York, regresando finalmente a Hollywood. Protagoniza junto a Elvis Presley «Estrella de fuego» («Flamingo Star»), dirigida por Don Siegel. En los años siguientes alterna sus trabajos a ambos lados del Rio Grande, destacando en 1964, «Cheyenne Autumn» («El gran combate»), dirigida por su amigo John Ford, con un reparto que incluyó a Richard Widmark, Carroll Baker, James Stewart, Gilbert Roland, Ricardo Montalbán y Sal Mineo, quién estaba fascinado con la legendaria estrella que interpretó en la película el papel de su madre. Durante las décadas de los años cincuenta y sesenta hizo también teatro y televisión, tanto en México como en Argentina y Estados Unidos, donde había debutado en Broadway en 1956 en Broadway con «Anastasia», dirigida por Boris Taumarin.
    La última película protagonizada por Dolores es «Los Hijos de Sánchez», en la que trabajó con Anthony Quinn, Katy Jurado y Lucía Méndez, entre otros. Dolores del Río recibió el premio Ariel a la mejor actuación femenina en tres ocasiones: en 1946, por «Las abandonadas»; en 1952, por «Doña Perfecta», y, en 1954, por «El niño y la niebla». En 1967, la Organización de Estados Americanos (OEA) le rindió un homenaje.
    Sus últimos años los dedicó a obras de beneficencia y a promocionar la imagen de México y su cine por el mundo. Hacia el año de 1983 comenzó a experimentar problemas de salud derivados de complicaciones hepáticas; es trasladada a la ciudad de Newport Beach, California, donde muere el 12 de abril de 1983 en La Jolla (Los Ángeles), a la edad de 77 años. Ese mismo día había recibido una invitación para aparecer en la próxima entrega del premio Oscar de la Academia de Hollywood. Sus restos fueron trasladados, en el año 2006, a la Rotonda de las Personas Ilustres, como reconocimiento por su contribución cultural a México.