DAVID LEAN

    VIA Y OBRA DE UNO DE LOS CINEASTAS BRITÁNICOS MÁS PRESTIGIOSOS DE TODOS LOS TIEMPOS.

    Considerado un maestro tanto en las grandes películas épicas como en los pequeños melodramas, David Lean nació en Croydon, Inglaterra, en 1908. Tras sus estudios, comenzó a trabajar al lado de su padre, que era contable, pero rápidamente se incorporó a la plantilla de la productora Gaumont Films donde en un tiempo récord ascendió de botones a montador de películas.
    Sus trabajos fueron tan brillantes que en 1935 ya se le consideraba como el mejor montador británico. Su primera obra como realizador fue «La vida manda» (1944) basada en una novela de Noel Coward, a la que siguieron «Un espíritu burlón» (1945) y «Breve encuentro» (1945), su gran consagración, por la que Lean obtuvo su primera nominación a los Oscar de Hollywood. Durante su período británico le seguirían títulos como «Cadenas rotas» (1946) y «Oliver Twist» (1948), excelentes adaptaciones de la obra de Charles Dickens, al igual que «El déspota» (1954) una comedia donde puso de manifiesto una magistral sabiduría para retratar a la clase obrera de la época.
    LA LLAMADA DE HOLLYWOOD
    Para su desembarco en la Meca del Cine en 1955, contó nada más y nada menos que con la participación de Katharine Hepburn, estrella absoluta de «Locuras de verano». Tras este título llegarían las míticas «El puente sobre el río Kwai» (1957), con la que ganó su primer Oscar y «Lawrence de Arabia» (1962) que le supuso su segunda estatuilla. Afincado definitivamente en Hollywwod, Lean realizó otro de sus grandes logros, «Doctor Zhivago» (1965). La mala acogida por la crítica de «La hija de Ryan» (1970), le apartó de la dirección durante catorce años.
    A su regreso, en 1984, volvió a dar una magistral lección de sabiduría tras la cámara con «Pasaje a la India», merecedora de tres nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood. La épica de la emoción recorre toda su filmografía y pone de manifiesto la sensibilidad de este cineasta para acceder a los sentimientos más íntimos de sus protagonistas sirviéndose de grandes planos generales. Situados en medio de paisajes espectaculares, los personajes reflejan toda la soledad o el tesón de sus vidas, enfrentados consigo mismos, con sus fortalezas o debilidades.
    La emoción, signo principal de su obra, quedó también reflejada magistralmente en multitud de imágenes. Tal es el caso de «Breve encuentro», donde captó de manera admirable la tristeza que embarga a una mujer sola en una estación, tras poner fin a la historia de amor más importante de su vida; o las ansias de vivir de un soldado en «El puente sobre el río Kwai». También, el retrato de «Lawrence de Arabia» encierra extraordinarios momentos de acción e intenso material psicológico.
    Este honorable ciudadano británico, que poseía los títulos de Caballero del Imperio Británico (1953) y de Sir (1984), productor, guionista, montador y director de cine, no desdeñó nunca las localizaciones españolas, que utilizó tanto en «Lawrence de Arabia» como en «Doctor Zhivago». Cuando murió en 1991, convertido en una de las más insignes figuras del séptimo arte, preparaba una adaptación de «Nostromo», de Joseph Conrad, en la que también pensaba contar con escenas rodadas en exteriores españoles. .