CLAUDIA CARDINALE

    Claude Josephine Rose Cardinale nació en Túnez, el 15 de abril de 1938, entonces un protectorado francés, hija de padres italianos. Con 17 años gana un concurso de belleza lo que le abre las puertas del cine. Tras estudiar en el Centro Sperimentale de Cinematografía Roma, debuta en la pantalla en 1957 con «Goha», de Jacques Baratier, y un año después tiene un papel relevante en «Rufufú» («I soliti ignoti»). Su carrera inicial fue ampliamente dirigida por el productor Franco Cristaldi con el que se acabaría casando a los 28 años. Su impresionante figura, sus enormes ojos y la dulzura de su voz, fueron elementos explotados por su marido, logrando trabajar con los grandes directores italianos como Luchino Visconti, Federico Fellini, Luigi Comencini, Mauro Bolognini o Marco Ferreri.

    En los años 1960 es una de las grandes y más populares actrices italianas, junto a Sofía Loren y a Gina Lollobrigida, tres bellezas plenas de un sugerente erotismo que Italia exportaba al mundo. «El bello Antonio» (1960), de Mauro Bolognini, «Austerlitz» (1960), de Abel Gance, «Rocco y sus hermanos» (1960), de Luchino Visconti, «La Viaccia» (1960), de Mauro Bolognini, «La chica con la maleta» (1961), de Valerio Zurlini, «Cartouche», (1961) de Philippe de Broca, «Senilidad» (1961), de Mauro Bologni, «Fellini 8 1/2» (1962) de Federico Fellini, «El Gatopardo» (1962), de Luchino Visconti, «La chica de Bube» (1963), de Luigi Comenzini o «Los indiferentes» (1963), de Francesco Maselli son algunas de sus películas de estos primeros años 60.

    Pronto comienza a ser cotizada internacionalmente, lo que le permite rodar bajo las órdenes de grandes directores como Blake Edwards en «La pantera rosa» (1964) o Henry Hathaway en «El fabuloso mundo del circo» (1964). Tras su separación de Franco Cristaldi se casa por segunda vez con el actor Andy Williams. Comienza a trabajar cada vez más frecuentemente en el cine americano sin abandonar su carrera en Italia.

    Entre sus trabajos americanos destaca el western «Los profesionales» (1966) de Richard Brooks, en donde da vida a una airada revolucionaria que se cruza en el camino de los mercenarios a los que se refiere el título. Otro de sus trabajos americanos más destacados y en el que demuestra su enorme versatilidad es una comedia de influencia pop, titulada «No hagan olas» (1967), del británico Alexander Mackendrick, donde comparte cartel con Tony Curtis. No obstante, su gran incursión en el western es «Hasta que llegó su hora» (1968), de Sergio Leone, escrita por unos jóvenes Dario Argento y Bernardo Bertolucci, película que cuenta el nacimiento de los Estados Unidos a través de la construcción del ferrocarril, y en la que Claudia Cardinale interpreta a la prostituta Jill. Cardinale nunca hizo un intento real de entrar en el mercado estadounidense ya que no estaba interesada en dejar Europa por un periodo extenso de tiempo.

    A partir de los años setenta, y tras su matrimonio con el director italiano Pasquale Squittieri, reduce sus apariciones en la pantalla grande y apenas protagoniza películas fuera de Europa. Vuelve a coincidir con Visconti en «Confidencias» (1974). Recibe de nuevo el premio de la crítica italiana a la mejor interpretación de reparto por su aparición en «La piel» (1981), adaptación dirigida por Liliana Cavani de la novela de Curzio Malaparte ambientada durante el desembarco americano en Italia que acaba con la Segunda Guerra Mundial.

    Claudia Cardinale es una mujer progresista con convicciones políticas fuertes. Está involucrada en temas a favor de la mujer y del colectivo gay. También está involucrada en muchas causas humanitarias. Actualmente París es su hogar. Tiene dos hijos, el mayor, Patrick, nació fruto de una violación que sufrió Cardinale cuando tenía sólo 17 años y todavía vivía en Túnez; Cristaldi lo adoptó posteriormente. Tiene una hija (también llamada Claudia) con Squitieri.

    Claudia Cardinale es una mujer progresista con convicciones políticas fuertes. Está involucrada en temas a favor de la mujer y del colectivo gay. También está involucrada en muchas causas humanitarias. Actualmente París es su hogar. En febrero de 2002 recibió en la Berlinale el Oso de Oro al conjunto de su carrera.
    Claudia Cardinale escribió una autobiografía, «Moi Claudia, Toi Claudia». En 2005, también publicó un libro en francés, «Mes EÉtoiles», sobre sus relaciones personales y profesionales con muchos de sus directores y compañeros de reparto durante sus cerca de 50 años en el mundo del espectáculo. En 2009 publicó «Mi Túnez», Un repaso fotográfico por las distintas etapas de su vida, desde su niñez hasta el momento, pasando por sus primeros pasos como actriz. La historia está contada desde la perspectiva de la madurez y la visión que ella tiene ahora del país en el que nació.