CLAUDE CHABROL

    EL GOURMET DE LA NOUVELLE VAGUE

    Claude Chabrol nació en París el 24 de junio de 1930 sobre la farmacia de su padre Yves Chabrol. A los seis años ve la primera película de la que conserva recuerdo, «Anthony Adverse» (1936) de Mervyn LeRoy, y a partir de entonces comienza a ser asiduo del cine que regenta su tío, el Nouveau Théâtre en la rue Vaugriard. Su otras grandes pasiones, la literatura y el teatro clásicos franceses, los descubrirá poco más adelante, cuando, durante la Segunda Guerra Mundial se traslada a la casa de su abuela Marie en Sardent (Creuse), donde fundará un cine en un garaje. Su amor por la literatura se deja ver en muchas de sus películas, donde sus actores citan a Molière, a Homero, o directamente cuando ha basado sus guiones en obras de Simone de Beauvoir, William Shakespeare o Gustave Flaubert.
    Entre 1953 a 1957 fue crítico de Cahiers du Cinema, etapa en la que empezó a mostrar su interés por el cine estadounidense, sobre todo policiaco, y por Alfred Hitchcock, director sobre el que escribió un libro en colaboración con Eric Rohmer, compañero en la crítica y después también en la dirección; En 1958 comenzó a trabajar como jefe de prensa de Twentieth Century Fox en Francia y paralelamente escribió guiones; rodó cortometrajes, y de forma ocasional intervino como actor en algunas películas.

    Gracias a una herencia recibida por su primera mujer, Agnes Goute, pudo realizar su primera película en 1958, «El bello Sergio» («Le beau Serge»), que estrenó en 1959 y con el que obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín. Así comenzó el movimiento conocido como la Nouvelle Vague que revolucionó la historia del séptimo arte desde Francia y de cuyo nacimiento se conmemoró el cincuentenario el año pasado.
    El éxito de «El bello Sergio» y de «Los primos» («Les cousins») un año después, premiada en el Festival de Cine de Locarno, le permitió rodar su primera película en color en 1959, «Una doble vida» («A double tour»).

    Posteriormente, realizaría de una a dos película al año: «Les bonnes femmes» (1960); «Les Godelureaux» (1960); un episodio de «Los siete pecados capitales» («Les sept peches capitaux», 1961); «L’oeil du malin» (1962); «Ophelia» (1962); o «Landrú» (1962). Al mismo tiempo llevó a cabo una actividad teatral y puso en escena obras como «Macbeth», en 1965.

    Gran aficionado a la buena mesa, era célebre por la costumbre de ofrecer buenas comidas durante los rodajes, por prohibir los sandwiches en éstos y comentaba, medio en serio medio en broma, que el origen de su gusto como excelente gourmet, estaba en la comida en su infancia, cuando, alérgico a la leche, hubo de ser alimentado con caldo de carne.
    En la segunda mitad de los 60, su musa es la actriz Stéphane Audran, madre de su tercer hijo, Thomas Chabrol, actor en muchas de las películas de su padre desde finales de los 80.
    Su amplísima filmografía incluye «Las ciervas» («Les biches»), «La mujer infiel» («La femme infidèle»), «Accidente sin huella» (Que la bête meure»), «El carnicero» («»Le boucher»), «»Al añochecer» («Just avant la nuit»), «La década prodigiosa» («La décade prodigieuse»), «Inocentes con manos sucias» («Les innocents aux mains sales»), «Locuras de un matrimonio burgués» («Folies bourgeoises»), «Violette Nozière» o «Pollo al vinagre» («Poulet au vinaigre»),

    Su última musa fue Isabelle Huppert, que interpreta un nuevo tipo de mujer, que deja de lado el triángulo de poder de sus obras de los 70 y 80, tomando el personaje femenino el control total sobre el relato cinematográfico. En ésta su última etapa, casi su «tercera juventud” a sus casi 80 años, Chabrol retomó algunas de sus características del cine anterior, con títulos como «Un asunto de mujeres» («Une affaire de femmes»), «Días tranquilos en Clichy» («Yours tranquile à Clichy»), «Madame Bovary», «La ceremonia» («La céremonie»), «No va más» («Rien ne va plus»), «Gracias por el chocolate» («Merci pour le chocolat»), «La flor del mal» («La fleur du mal»), «La dama de honor» («La demoiselle d’honneur»), «Borrachera de poder» («L’ivresse du pouvoir») o «Una chica cortada en dos» («La fille coupée en deux») entre otros grandes títulos. Su último largometraje ha sido «Bellamy», rodado en 2009, aunque en 2010 aún había rodado dos episodios de la serie de televisión «»Au siècle de Maupassant: Contes et nouvelles du XIXème siècle».
    Chabrol poseía un talante desenfadado con tendencia a relativizar tanto el éxito como el fracaso que le permitió salir adelante tanto durante los alborotos del mayo francés, en 1968, como de la inseguridad en sus inicios. Uno de sus axiomas más citados es el de que «quería hacer películas, cualquier tipo de películas». Por eso no se le cayeron los anillos cuando las estrecheces económicas le obligaron a rodar películas comerciales.

    Claude Chabrol fue también autor de doss novelas «L’adieu et dieux» y «Vladimir et les Jacques». El cineasta presidió y formó parte de un buen número de jurados cinematográficos y obtuvo numerosos premios, entre ellos el Gran Premio de la Sociedad de Autores y Compositores Dramáticos (SACD) de Francia (1996); el Premio Europa de 2003. ese mismo año y la Cámara de Oro en reconocimiento a su carrera en la Berlinale de 2009. En 1997 había obtenido la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián con «No va más» y en 2001 presidió el jurado oficial del certamen. Sin embargo nunca logó un Oscar ni siquiera un César, el Premio de la Academia del Cine Francés, para el que si estuvo nominado en varias ocasiones. Su último premio es póstumo. la Espiga de Honor del próximo Festival de Valladolid, al que tenía pensado acudir cuando falleció el 12 de septiembre de 2010.
    «No creo que ninguna de mis películas pueda ser considerada como perfecta. Pero diría que el conjunto de mis realizaciones da una idea muy precisa y una cierta visión de las cosas que me son próximas», dijo en una ocasión.