CARLOS ÁLVAREZ-NÓVOA

    Carlos Álvarez-Nóvoa nació en La Felguera (Asturias) en 1940. Ni había cumplido la mayoría de edad cuando se inició en el Teatro Español Universitario, pero la pasión de transmutarse en otros ya le corría por las venas. Quizá por eso aseguraba que si volviese a tener veinte años le gustaría hacer lo mismo que hizo cuando los tenía. Y eso fue formarse y trabajar a destajo en compañías de Madrid, Sevilla y Barcelona. En una vida entregada a la interpretación, al teatro y a la cultura.
    Licenciado en Derecho, Filología Románica, Ciencias del Espectáculo y doctor en Filología Hispánica, actor, director, escritor y profesor, el reconocimiento del público le llegó a Álvarez-Nóvoa en 1999, cuando ya contaba con 59 años con el Goya al mejor actor revelación por su papel en «Solas», por la que también consiguió el Premio del Festival Internacional de Tokio.

    Debutó en la pantalla con la serie de televisión «Réquiem por Granada», de Vicente Escrivá, y después llegarían la película «Los años bárbaros» y su inolvidable papel de vecino en «Solas», de Benito Zambrano. Un personaje con el que el público le descubrió a los 59 años y que le valió el Goya a Mejor Actor Revelación en 1999, el reconocimiento en el Festival Internacional de Tokio y el premio a Mejor Actor Secundario de la Unión de Actores de España. Otras de las cintas en las que participó fueron «La hija del caníbal», «Elsa & Fred», «¿Por qué se frotan las patitas?» o «Las Olas», de Alberto Morais, con la que recibió el San Jorge de Plata del Festival Internacional de Cine de Moscú.

    Pero el teatro fue su casa. En las tablas desarrolló una larga trayectoria, donde interpretó obras de Federico García Lorca («Doña Rosita la Soltera»), Rodrigo García («El reloj»), Calderón de la Barca («La vida es sueño»), Buero Vallejo («Historia de una escalera»), Pérez Galdós («Puerta del sol») y su admirado Valle Inclán («La noche de Max Estrella»), entre otros. Entre bambalinas se movió también en la adaptación de la novela «Soldados de salamina», dirigido por Joan Ollé, y la de la historia que le alzó con el Goya, «Solas». A este intérprete tampoco se le resistió el Teatro de Mérida, donde fue uno de los protagonistas de «Electra», de Eurípides, dirigido por José Carlos Plaza y acompañado en el reparto por Ana Belén y Julieta Serrano.
    Además apareció en series de televisión tan conocidas como «Gran Reserva», «Con el culo al aire» o «Imperium». En 2015 apareció en la pequeña pantalla en pequeños papeles en las ficciones «El ministerio del tiempo» y «Carlos, Rey Emperador», donde interpretó a Leonardo Da Vinci. Fue un intérprete muy prolífico en el cortometraje, acudiendo siempre a la llamada de jóvenes realizadores, llegando a aparecer en los títulos de créditos de más de sesenta filmes de corta duración.
    En 2011 trabajó en «Los muertos no se tocan, nene» de Jose Luis García Sánchez, «De tu ventana a la mía», de Paula Ortiz o «Las olas», de Alberto Morais, una cinta con la que ganó el premio al mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Moscú. En 2012 en «El amor es lo que era», de Gabriel Ochoa o «Las cartas de málex», de Carlos Reyes Lima. Sus últimos trabajos fueron títulos como «La luz con el tiempo dentro» (2015) en la que daba vida al poeta Juan Ramón Jiménez, «Asesinos inocentes», de Gonzalo Bendala (2015), «Las cartas de málex», de Carlos Reyes Lima (2015) y «La novia», de Paula Ortíz, basada en la novela de Federico García Lorca «Bodas de sangre» en la que hacía de padre. Fue su película póstuma.
    El actor residió durante 40 años en Sevilla donde se afincó para trabajar en el Instituto de Teatro de Sevilla y desde entonces estableció una intensa relación con esta comunidad, a la que asociaba a la «creatividad, sensibilidad, imaginación y pasión». Casado con una andaluza y padre de andaluces. Carlos Álvarez-Nóvoa falleció de cáncer a los 75 años en Sevilla, el 23 de septiembre de 2015.