BASILIO MARTÍN PATINO

    El director y documentalista Basilio Martín Patino, uno de los cineastas más reconocidos del llamado «nuevo cine español» surgido a pricipios de la década de los años 60 del pasado siglo, y uno de los artífices de las famosas «conversaciones de Salamanca», nació el 29 de octubre de 1930 en Lumbrales (Salamanca). Sus padres, ambos profesores, eran de derechas y católicos y sus dos hermanos se dedicaron a la vida religiosa; su hermano José María (1925-2015), sacerdote, fue secretario del cardenal Tarancón y su otra hermana es religiosa. Sin embargo, Basilio tomó un camino muy distinto, asumiendo posturas anarquistas que se verían reflejadas en su cine. Estudió en la Universidad de Salamanca, licenciándose en Filosofía y Letras, y posteriormente obtuvo el título de director-realizador por la Escuela Oficial de Cine de Madrid. Desde su ingreso en la facultad se sumó al cuadro artístico del TEU (Teatro Español Universitario) e intervino en varias obras como actor; la más llamativa, Antígona (Jean Anouilh), en marzo de 1953.
    Antes de dedicarse al cine realizó estudios literarios y escribió «Calle Toro, antes Generalísimo», libro que fue finalista del Premio Biblioteca Breve pero que el mismo autor no quiso publicar aunque se lo propusieron (por ejemplo el historiador Manuel Tuñón de Lara lo quiso publicar en París). En sus comienzos, Martín Patino fue uno de los pioneros de la publicidad en España, pero su carácter independiente le hizo dedicarse a sus propios proyectos, siendo en 1953 cuando se acercó verdaderamente al cine, creando el cineclub de la Universidad de Salamanca y publicando la revista Cinema Universitario.

    En 1955 organizó en Salamanca las I Conversaciones sobre el Cine Español, conocidas como las Conversaciones de Salamanca, que habrían de tener gran resonancia en el futuro del cine del país. En el encuentro, cuyo cerebro fue Ricardo Muñoz Suay, se reunieron los mejores directores del cine español de la época.
    Tras dirigir varios cortometrajes, se licencia en la Escuela Oficial de Cine en 1961 con la película «Tarde de domingo». En 1963 realiza el cortometraje «Torerillos», que le supondría sus primeros problemas con la censura (el censor le pidió que retirara el humo de un tren argumentando que «ensuciaba el paisaje de Castilla-La Mancha ya de por sí feo»). Su gran éxito le llega tres años después con la película «Nueve cartas a Berta» (1966), que obtiene la Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián; el encuentro con el público fue un éxito y la película estuvo en cartel, para asombro del propio Patino tras sus problemas con la censura, durante cien días.

    En 1968 realiza con el pseudónimo M. Pascual, junto con José Luis García Sánchez, el documental «Paseo por los letreros de Madrid». Durante esa etapa se centra intensamente en la realización de buen número de encargos publicitarios, dedicación que ha considerado muy importante en su formación para el manejo de la imagen y del montaje.
    Su segundo largometraje de ficción, «Del amor y otras soledades», llega en 1969, que concurre a la sección oficial de la Mostra de Venecia, donde se recibe con ovaciones, pero en España la película origina un encendido debate a raíz de la situación del matrimonio protagonista, centrado en torno al divorcio. La censura dispuso cuarenta y dos cortes en la obra. Como consecuencia de los problemas generados por su segundo largometraje, tanto por la censura oficial como la empresarial, el realizador decide prescindir de los circuitos oficiales de producción y organizar sus proyectos desde posiciones de independencia.

    A la par que continúa su dedicación a los spots publicitarios, a partir de ese momento, Patino realiza una carrera alejada de los circuitos comerciales, destacando «Canciones para después de una guerra» (1971), en la que, mediante el uso de imágenes procedentes principalmente del NO-DO y canciones de la época, ofrece un recorrido por la posguerra española. Fue realizada de forma clandestina a primeros de los años setenta y prohibida de forma fulminante, sobre todo por la indignación que le suscita al almirante Carrero Blanco, presidente del gobierno de Franco que, tras un visionado particular del filme, en el que los productores esperaban que aprobase su exhibición pública, se pregunta como es que Basilio Martín Patino, tras aquella película, todavía no haya sido encarcelado. Estrenada poco después de la muerte del general Franco, en 1976, «Canciones para después de una guerra» alcanzó un enorme éxito comercial y adquirió la condición emblemática que reviste hoy en día. El atractivo de la película radica en su refinado sarcasmo, en las canciones mismas y en el dinamismo del montaje. Una historia de la posguerra española impregnada de tristeza, que Martín Patino realiza con algo de rabia, algo de desesperación y con una gran cantidad de cariño, de ternura y de inteligencia.
    A «Canciones para después de un guerra» otros dos documentales también rodados de forma clandestina: «Queridísimos verdugos» (1973), con entrevistas a varios verdugos de la época y a familiares de ajusticiados; y «Caudillo» (1974), sobre Franco. Las películas, al igual que «Canciones para después de una guerra», sólo pudieron ser estrenadas tras la muerte de Franco. A la vez y dentro de su militancia anarcosindicalista, participa en la Fundación Cultural de la Confederación Nacional del Trabajo. En 1985 regresa momentáneamente al cine de ficción con «Los paraísos perdidos», que protagonizan Charo López y Alfredo Landa, sobre una mujer que vuelve al territorio de su infancia, localizado en una ciudad castellana, después de haber crecido en el vacío que siguió a la guerra civil española. A su regreso se enfrenta a la muerte de su madre, al reencuentro con los lugares y personas que compusieron su entorno antes del exilio y al posible destino del legado de su padre, ya fallecido.

    Con una amplia etapa de dedicación preferente a encargos comerciales, Basilio M. Patino –que había rechazado algunas propuestas para regresar al entramado del cine comercial-, comienza a explorar las posibilidades creativas que ofrecía el vídeo, conjuntamente con José Luis García Sánchez, su mano derecha desde el comienzo de la etapa clandestina. La primera muestra de ese avance en el campo electromagnético se plasmó en la novedosa serie de audiovisuales «Retablo de la guerra civil española», 19 piezas (128´) que figuraron en el contexto de la exposición sobre la guerra civil española organizada por el Ministerio de Cultura en el espacio de El Retiro madrileño.
    En 1987, con la capital de España en ebullición por la denominada «movida madrileña», Basilio Martín Patino firma, para Televisión Española, un canto de amor a la ciudad, «Madrid», con la historia de Hans, un realizador alemán, que se encuentra en Madrid para hacer un programa de televisión sobre la capital y la guerra civil, al cumplirse el cincuentenario de ésta. Acompañado por Lucía, responsable del montaje, y por Goyo, su operador, recorre y graba imágenes de la ciudad actual, dispuesto a descubrir sus espacios y sus gentes relacionados con el pasado. Al mismo tiempo, revisa y monta los materiales de archivo sobre la época. En su búsqueda Hans duda y se interroga acerca del sentido y la naturaleza de su trabajo, con cuyos productores disiente, hasta acabar sustituido en una realización que comenzaba a apasionarle. Pero ha tomado partido por la libertad.

    Su interés por la cinematografía de no ficción le lleva a explorar los territorios del falso documental, como el dedicado a la matanza de campesinos libertarios en «Casas Viejas» o «La seducción del caos» (1991), con Adolfo Marsillach. Con «La seducción del caos» (única pieza salvada de un proyecto de siete programas para TVE) Martín Patino vuelve a transitar por el camino de la trasgresión del convencionalismo narrativo, proceso favorecido por tratarse de un largometraje para televisión. Obra compleja en lo argumental y la estructura narrativa, encara, desde la intriga, una reflexión crítica sobre aspectos expresivos en el ámbito televisivo y las falsificaciones y simulaciones en el manejo de esas situaciones. La obra recibió el premio FIPA de Oro al mejor programa unitario de ficción en el Festival Internacional de Producciones Audiovisuales de Cannes, y sólo entonces TVE la programó para su emisión en febrero de 1992.

    Destaca también su interés por las tecnologías audiovisuales, tanto las pioneras (posee una colección de zoótropos y linternas mágicas, instalada en la sede de la Filmoteca de Castilla y León) como las nuevas, lo que le lleva a investigar las posibilidades del vídeo desde su aparición, así como los recursos que la imagen en 3D, los videomuros o la edición informática pueden ofrecer al creador.
    En 2002 vuelve de nuevo al cine de ficción con «Octavia», con Miguel Ángel Solá y Margarita Lozano, en la que un hombre llamado Rodrigo, ante los indicios de una nueva caza de brujas, se ve obligado a refugiarse en la antigua dehesa familiar, de cuya estirpe abjurara cuarenta años atrás. Toda una vida enrolado en cuantas causas liberadoras, pacifistas o de acción violenta, han pretendido reordenar los desequilibrios de posguerra. Intenta abordar en un simposio en la Universidad de Salamanca, su ciudad, los excesos de un militarismo que escapa a cualquier jurisdicción constitucional.

    Ese mismo año Basilio Martín Patino recibe la Espiga de Oro a toda una carrera y retrospectiva en la Semana Internacional de Cine de Valladolid, en 2005 la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, y en 2007 recibió el título de Doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca. A la vez se pone en marcha la Fundación Basilio Martín Patino, que se ha constituido, además de para favorecer la difusión del patrimonio cinematográfico de la obra del propio realizador, para promover la investigación sobre nuevas técnicas cinematográficas. Igualmente en ella se busca la producción, difusión y distribución de películas de naturaleza cultural que concuerden con las pretensiones de la Fundación. La creación de películas y ensayos audiovisuales es otro de los fines que se plantean. Entre los fines también figura el mantenimiento y difusión de la Colección de Aparatos Cinematográficos Artilugios para fascinar que configura la colección de Basilio Martín Patino, sin olvidar la colaboración en la edición de libros de carácter cinematográfico.
    En 2011 durante las revueltas ciudadanas del 15M inicia el rodaje de «Libre te quiero», documental que se estrenó en la Seminci de Valladolid en octubre de 2012 y que narra los acontecimientos ocurridos en Madrid durante mayo y octubre de 2011 en la Puerta del Sol de Madrid, donde surgió el movimiento del 15 M. En 2014, en el festival internacional de cine de San Sebastián, sección Zabaltegi, se proyecta la película Basilio Martín Patino. «La décima carta», obra de Virginia García del Pino, documental centrado en la obra y la figura del realizador salmantino. La película se enmarca en el proyecto «Cineastas_contados” en el un director joven afronta el recorrido de otro veterano. Basilio Marín Patino falleció en Madrid el 13 de agosto de 2017 a consecuencia de la enfermedad degenerativa que padecía desde años atrás.