ASUNCIÓN BALAGUER

    Asunción Balaguer Golobart nació en Manresa (Barcelona) el 8 de noviembre de 1925, hija de un matrimonio de conveniencia, roto convencionalmente después de seis hijos, siendo ella la pequeña de los seis hermanos. Como desde niña le gustó recitar, su madre, una mujer instruida, la animó a que estudiara teatro, por lo que ingresó en el Instituto de Teatro de Barcelona a los 13 años donde interpretó a una Santa Teresa de Jesús.

    Casualmente, alguien le comentó que la compañía universitaria de Granada buscaba una actriz, así que no dudó en postularse como candidata. Debutó en Zaragoza, donde representó junto a Mari Carmen Díaz de Mendoza y Carlos Lemos un «Otelo» dirigido por José Tamayo. Dio sus primeros pasos artísticos en escenarios barceloneses antes de actuar en la madrileña compañía Lope de Vega dirigida por José Tamayo. Allí conoció al actor Francisco Rabal, con quien se casó en 1951, y del que enviudó en 2001. Siendo primera actriz con Tamayo, realizó numerosas giras por el norte de España y Centroamérica y tiempo después Paco y ella abandonaron esta compañía para montar una propia.
    Tanto se implicó con esa nueva vida de casada que cuando nacieron sus dos hijos, Asunción decidió abrir un paréntesis en su carrera y por su marido sacrificó una prometedora trayectoria: había pasado una temporada de gira por teatros americanos y, aunque el estallido de la guerra de Corea la empujó a volver definitivamente, el Teatro Romea barcelonés la había fichado como actriz principal de «L’alcoba vermella».

    Durante el asfixiante franquismo, los Rabal Balaguer trataron con figuras de la cultura española que se habían marchado al extranjero, ya fuese por motivos ideológicos o para darle más proyección a sus trayectorias. Entre sus amigos figuraba Pablo Picasso, a cuyo 80 cumpleaños (celebrado en Niza a finales de 1961) asistieron junto a Aurora Bautista, Luis Miguel Dominguín o Nati Mistral. Mayor fue su apego a Rafael Alberti: «Se ponía a cantar con Paco y se reían como dos niños.
    La relación de la familia con Luis Buñuel se estrechó a raíz del rodaje de «Viridiana». El primer lugar que pisó el realizador aragonés a su vuelta a España fue el piso de los dos actores, donde quedó fascinado por los ojos de su hija Teresa, que entonces tenía nueve años. Y le ofreció, sin pensarlo, un papel en la historia. «Gracias a esa experiencia adquirí a una edad temprana el sentido de la responsabilidad. Luis habita en mi memoria como un genio tierno y cariñoso, por mucho que algunos solo destaquen su temperamento”, relata Teresa Rabal.

    El matrimonio se vio salpicado por el exilio cuando su hijo menor, Benito, tuvo que abandonar España con solo 19 años. Era ayudante de dirección en un largometraje y fueron a buscarle unos policías que se presentaban como amigos suyos. «Primero me escondió Pepe Sacristán en su camerino. Ya al día siguiente fui a limpiar mi casa, que la tenía llena de panfletos fotocopiados”, revela el precoz fugitivo. Su padre estaba representando teatro en Bilbao, así que se fue hasta allí en compañía de su madre para después cruzar a Francia En los años 80, retomó su actividad artística participando tanto en cine como en teatro y televisión.
    Tanto los hijos de Asunción Balaguer y Paco Rabal, Benito y Teresa, y sus nietos Liberto y Candela Rabal, han continuado la saga familiar, tanto en la interpretación como en otros campos artísticos.

    En agosto de 2001 se produjo el episodio que lo cambió todo cuando nada tenía visos de cambiar: la muerte de Paco Rabal a bordo de un avión sobre el cielo de Burdeos, donde también pereció Goya, a quien el actor encarnó tan magistralmente que obtuvo la preciada estatuilla homónima en 1999. El matrimonio regresaba de un homenaje que el Festival de Montreal había rendido al murciano y se dirigía al otro que todavía le esperaba en el Festival de San Sebastián.

    Al poco de enviudar, Asunción Balaguer fue reclamada tanto para el filme «Primer y último amor» como para el teatro. La actriz se mostró feliz de haber retomado su profesión, que le daba la vida, la alegría de interpretar nuevos personajes y el calor de numerosos amigos.
    Uno de ellos es Pepe Viyuela, su compañero en la función «El pisito», un montaje que pasearon por infinidad de escenarios españoles durante dos años. El logroñés se refirió a ella en 2010 como «la adolescente que más primaveras ha cumplido, mi maestra de entusiasmos, mi madre de esperanzas, la dama grande de la escena y una gran señora de la vida”. Desde entonces se ha atrevido en solitario con el monólogo «El tiempo es un sueño», y ha intervenido en el musical «Follies», varios cortometrajes o la serie de televisión «Gran Hotel».

    En los últimos años ha triunfado en escena con «Las chicas del calendario» y con «El tiempo es un sueño», unn monólogo escrito para ella por Rafael Álvarez El Brujo, en el que la actriz repasa su vida.
    Además del reconocimiento de la Unión de Actores con el Premio Toda una vida, Asunción posee el premio a la mejor interpretación de reparto por «El pisito» en la XXVII edición de los Premios Ercilla de Teatro de Bilbao, así como el Ciudad del Palencia como mejor actriz por el mismo papel. Tiene el Premio Max de las Artes Escénicas a la mejor actriz secundaria por su interpretación en «Follies». En 1999 obtuvo la Biznaga de Plata del Festival de Málaga de Cine Español a la Mejor Actriz por «Las huellas borradas». También fue galardonada en la II edición de los premios Actúa que concede la AISGE, recibió el Premio del Público del XXXI Festival de Teatro Ciudad de Palencia, fue homenajeada por toda su carrera en los XX Premios de la Organización de Profesionales Autónomos (OPA) y el pueblo palentino de Guardo quiso destacar su trayectoria artística y personal con su XVI Premio a la Coherencia.