AMPARO BARÓ

    Amparo Baró San Martín nació en Barcelona el 21 de septiembre de 1937. De padre aragonés y madre valenciana, tras completar los estudios de bachillerato, Amparo Baró comenzó la carrera de Filosofía y Letras, que abandonó tras ver actuar a la actriz Asunción Sancho en «Seis personajes en busca de autor» y quedar embrujada por el hechizo del teatro.
    Impulsivamente, irrumpió en el universo escénico ingresando en la compañías de teatro aficionado, animada por amigos. Debutó ante el público en la obra «El burlador de Sevilla y convidado de piedra» (1957). En la temporada 1956-1957 fue contratada por la compañía del teatro Windsor de Barcelona, que encabezaban artísticamente el matrimonio formado por Adolfo Marsillach y Amparo Soler Leal, y de cuya gerencia se encargaba el productor Alfredo Matas (quien reemplazaría, por cierto, al primer actor en el corazón de la primera actriz).

    No pasó mucho tiempo antes de que surgiera una oportunidad de acceder a un papel de importancia. La primera actriz, Amparo Soler Leal, sufrió un ataque de apendicitis y Baró la sustituyó en la obra «Harvey», de Mary Chase, ganadora del Premio Pulitzer. Compartiendo el escenario con Marsillach, Amparo Baró deslumbró con su talento desde el mismo inicio de su carrera. Otro gran valedor de la actriz entró en juego en esta su etapa primera: Jaime de Armiñán.
    Todavía en 1957, la compañía del teatro Windsor estrenó una obra suya, «Café del Liceo», a partir del cual evento la andadura profesional de Baró se halló ligada repetidamente tanto al autor de la comedia como a su director escénico. El verano siguiente, la compañía se incorporó a algunos Festivales de España. Baró fraguó el armazón de su oficio con compañeros de la talla de José Luis López Vázquez, Luis Morris, Venancio Muro, entre otros. Representó en aquel entonces «Mi adorado Juan», de Miguel Mihura; «Bobosse», de André Roussin, y «El pan de todos», de Alfonso Sastre. Con la misma compañía se trasladó a Madrid, donde desarrolló en lo sucesivo la mayor parte de su carrera profesional.
    En la capital obtuvo en 1959 un éxito personal, dirigida por Cayetano Luca de Tena, en la obra de Lillian Hellman «La calumnia», al lado de Mayrata O’Wisiedo. También, siendo todavía una joven de veinte años, realizó una gira por Sudamérica.

    En 1957 debutó asimismo, en el cine, en el film de Antonio Isasi-Isasmendi «Rapsodia de sangre», rodado en una Barcelona que simulaba ser, con bastante acierto, Budapest. El mismo director la convocó nuevamente para su arriesgado film «Tierra de todos» (1961).

    En los años sesenta del pasado siglo, su físico menudo y su peculiar tono de voz la situaron en un estereotipo de personaje que interpretó con cierta asiduidad en películas comerciales como «Margarita se llama mi amor» (1961), de Tito Fernández; «La chica del trébol» (1963), de Sergio Grieco; «Tengo 17 años» (1963), de José María Forqué (estas dos últimas con Rocío Dúrcal); «La banda del Pecas» (1968), de Jesús Pascual, con Luis Acosta Moro, y «Carola de día, Carola de noche» (1969), de Jaime de Armiñán, con Marisol.

    Si escasa fue su presencia cinematográfica durante los años 1960, en las siguientes décadas espaciaría aún más sus apariciones, de manera que el total de películas en las que apareció y que fueron rodadas después de 1970 no supera la veintena. Entre ellas destacan «El bosque animado» (1987) de José Luis Cuerda, «Soldadito español» (1988) de Antonio Giménez-Rico, «Las cosas del querer» (1989) de Jaime Chávarri, «Boca a boca» (1995) de Manuel Gómez Pereira y «Siete mesas de billar francés» (2007) de Gracia Querejeta, por la que ganó el Premio Goya a la mejor interpretación femenina de reparto. También ha participado en cortometrajes, como «A falta de pan» (2005), junto a Álex Angulo, y «Eutanas, SA.» (2013).
    En contraste con una muy selectiva carrera cinematográfica, Amparo Baró fue uno de los rostros más asiduos de la televisión en España durante cerca de cincuenta años y una pionera del medio, en el que está presente desde sus primeras emisiones. Debutó en 1957 junto a Adolfo Marsillach en «Galería de maridos», una de las primeras series rodadas en el país, bajo dirección de Jaime de Armiñán. Su presencia en los platós de Televisión Española fue casi ininterrumpida durante las décadas de 1960 y 1970 y estuvo muy vinculada tanto a Armiñán como a Marsillach. Contaron con su presencia espacios de teatro televisado como «Estudio 1» o series de lo más variado: «Mujeres solas» (1960-1961), «Chicas en la ciudad» (1962), «Cuarto de estar» (1963), «Confidencias» (1964-1965), con Antonio Ferrandis, «Tiempo y hora» (1965-1967) y «Silencio, estrenamos» (1974), de Pilar Miró, con guiones de Marsillach.

    En la década de los noventa participó en un par de series que no obtuvieron demasiada repercusión entre el público: «Juntas, pero no revueltas» (1995-1996), adaptación española de la serie estadounidense «The Golden Girls», y donde daba vida a Benigna, semblanza de Sofia Petrillo (Estelle Getty) en la versión original, y «En plena forma» (1997), con Alfredo Landa.
    Su mayor éxito y reconocimiento en la última etapa de su vida se debió al papel de Soledad Huete en la serie «7 vidas», en Telecinco, que interpretó durante siete años (1999-2006) y que le mereció más premios que todo el resto de su carrera. Tras el fin de «7 vidas», con más de 200 capítulos a sus espaldas, regresó a la pequeña pantalla en Antena 3 con una serie familiar bajo la producción de Globomedia, por lo que siguió vinculada a la productora con la que había trabajado en «7 vidas». La serie, bajo el nombre «El internado», se estrenó en mayo de 2007 hasta octubre de 2010 y que en sus siete temporadas contó cada semana con más de cuatro millones de espectadores.

    En diciembre de 2011, y tras 12 años alejada del teatro, protagonizó la obra «Agosto (Condado de Osage)», de Tracy Letts, ganadora del Premio Pulitzer en 2008. En la obra, dirigida por Gerardo Vera, Baró encarna a Violet Weston, sobre la que gira una familia en decadencia.

    Baró recibió el 26 de octubre de 2013, en el Teatro Circo de Albacete, el XVII premio nacional de teatro Pepe Isbert, que conceden los Amigos de los Teatros de España (AMITE), de manos de Tony Isbert y del presidente de honor de la Asociación, Manuel Galiana.

    Después de pasar los últimos años alejada de los escenarios, Amparo Baró falleció el 29 de enero de 2015 víctima de un cáncer fulminante.