Z (1969)

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Z (1969)

En un país mediterráneo regido por una corrupta democracia, donde el gobierno utiliza a la Policía y al Ejército para erradicar cualquier amenaza izquierdista, Z, un diputado de la oposición es gravemente herido en la cabeza, tras un mitin de carácter pacifista, aparentemente porque ha sido golpeado por una furgoneta en plena calle, pero en realidad ha sido un extremista golpeado en el vehículo en que le ha propinado un fuerte bastonazo en el cráneo que le acaba ocasionando la muerte tras haber sido internado en un hospital y sufrir muchos e inexplicables obstáculos. Por pura casualidad el conductor de la furgoneta es arrestado. De la investigación del caso se encarga un joven magistrado (Jean-Louis Trintignant), y aunque la única responsabilidad que se le achaca al conductor y al compañero que iba con él es la de conducir en estado de embriaguez, el juez de instrucción no está de acuerdo y decide profundizar en la investigación, y con la ayuda de un testigo y un ambicioso fotoperiodista (Jacques Perrin) que se servirá de métodos poco ortodoxos para acumular pruebas que inculpen a varios militantes de un partido de extrema derecha, los cuales, a su vez, atribuyen la responsabilidad del atentado a altos cargos de la policía y del ejército. El magistrado descubre la verdad, consciente de que se trata de un crimen político cometido por dos sicarios a sueldo de un complot de la extrema derecha. A pesar de los intentos de todos los subordinados de parar la investigación, gracias al empeño del magistrado, el juicio condena al conductor de la furgoneta y a su compañero, de homicidio premeditado, extendiendo la sentencia, al jefe de policía, a sus colaboradores y a altos oficiales del ejército. Hecho público el escándalo, incluso el gobierno es atacado. Pero de improviso un incidente de diversa naturaleza provoca que los testimonios en contra de la policía y los oficiales sean retirados, siendo absueltos de todos sus cargos. Se establece una leve condena para los dos asesinos mientras que los jueces y otros inocentes terminan recluidos en un campo de internamiento.