UNA PARTIDA DE CAMPO

    Titulo original: Une partie de campagne
    Año: 1936
    País: Francia
    Duración: 40 min.
    Dirección: Jean Renoir
    Guión: Jean Renoir, basado en un relato de Guy de Maupassant.
    Música: Joseph Kosma. Tema musical interpretado por Germaine Montero

    Intérpretes

    Jeanne Marken, Gabriello, Sylvia Bataille, Georges Darnoux, Jacques Borel, Paul Temps, Gabrielle Fontan, Jean Renoir, Marguerite Renoir, Pierre Lestringuez, Georges Bataille, Jacques Becker, Henri Cartier-Bresson y Alain Renoir.

    Sinopsis

    El Sr. Dufour (Gabriello), quincallero de profesión, con su esposa (Jeanne Marken), su hija Henriette (Sylvia Bataille), la abuela (Gabrielle Fontan) y el dependiente Anatole (Paul Temps), va a pasar el domingo al campo, a orillas de un río, en el coche de su vecino el lechero. La familia come sobre la hierba. A la hora de la siesta, Henri (George Darnoux) y Rodolphe (Jacques Borel), dos jóvenes dueños de sendas barcas, se las ingenian para llevar de paseo por el río a la hija y a la madre. Pasan los años. Henriette se ha casado con el dependiente Anatole. Un domingo que vuelve a la orilla del río, se encuentra con Henri en el mismo paraje en que celebraron su idilio. Rememoran aquella tarde. De repente Anatole despierta de su siesta y decide que es hora de volver. Henriette, triste, se va con su marido, remando río abajo.

    Comentario

    Un mediometraje de 1936, que vio la luz después de la 2ª guerra mundial, con el que Jean Renoir homenajeaba a su padre, el pintor impresionista Pierre Auguste Renoir. Sus cuadros son convocados en el film, lo que provoca que confluya una reflexión dialéctica sobre las relaciones cine-pintura y sus operaciones de sentido. La película es la adaptación de un cuento de Guy de Maupassant, la obra maestra que mejor ilustra las estrechas relaciones entre vida, literatura y cine, que aquí se unen de una manera sencilla, transparente y sincera. Como ocurre con casi todas las obras maestras, que nunca se hacen a propósito sino que surgen por casualidad, Una partida de campo tuvo un rodaje complicado. Renoir necesitaba sol y todos los días estaban nublados, lo que le obligó a cambiar el guión sobre la marcha, cosa que resultó muy beneficiosa para la película.