POZOS DE AMBICIÓN (THERE WILL BE BLOOD)

    Titulo original: The will be blood
    Año: 2007
    País: EE.UU.
    Duración: 158
    Dirección: Paul Thomas Anderson
    Guión: Paul Thomas Anderson, basado en la novela de Upton Sinclair "Oil!".
    Música: Jonny Greenwood. Temas musicales: "Pärt: Fratres for Cello and Piano", de Arvo Pärt, interpretado por I Fiamminghi, The Orchestra of Flanders; "Violin Concerto in D Major Op.77:3. Vivace Non Troppo", de Johannes Brahms, interpretado por Die Berliner; "Popcorn Superhet Receiver", interpretado por The BBC Concert Orchestra; "Smear", de Jonny Greenwood, interpretado por London Sinfonietta; "What a Friend We Have in Jesus", interpretado por Church of the Third Revelation; y "There Is Power in the Blood", interpretado por Church of the Third Revelation.

    Intérpretes

    Daniel Day-Lewis, Martin Striner, Kevin J. O'Connor, Jacob Stringer, Matthew Braden Stringer, Ciarán Hinds, Dillon Freasier, Joseph Mussey, Barry Del Sherman, Russell Harvard, Harrison Taylor, Stockton Taylor, Colleen Foy, Paul F. Tompkins, Kevin Breznahan, Jim Meskimen, Erica Sullivan, Randall Carver, Coco Leigh, Paul Dano, Sydney McCallister, David Willis, Christine Olejniczak, Kellie Hill, James Downey, Dan Swallow, Robert Arber, Bob Bell, David Williams, Joy Rawls, Louise Gregg, Amber Roberts, Robert Caroline, John W. Watts, Barry Bruce, Irene G. Hunter, Hope Elizabeth Reeves, John Chitwood, David Warshofsky, Tom Doyle, Colton Woodward, John Burton, Hans Howes, Robert Barge, Ronald Krut, Huey Rhudy, Steven Barr, Robert Hills, Rev. Bob Bock, Vince Froio y Phil Shelly.

    Premios

    Oscar al Mejor Actor Principal (Daniel Day Lewis) y a la Mejor Fotografía. Nominada al Oscar a la Mejor Película, al Mejor Director, al Mejor Guión Adaptado, a la Mejor Dirección Artística, al Mejor Montaje y al Mejor Montaje de Sonido. Globo de Oro al Mejor Actor Dramático (Daniel Day-Lewis). Nominada al Globo de Oro a la Mejor Película Dramática. Premio BAFTA de la Academia de Cine Británico al Mejor Actor Protagonista (Daniel Day-Lewis). Nominada al BAFTA a la Mejor Película, al Mejor Director, a la Mejor Fotografía, a la Mejor Música, al Mejor Guión adaptado, al Mejor Diseño de Producción, al Mejor Actor Secundario (Paul Dano) y al Mejor Sonido. Seleccionada para la competición del Festival Internacional de Cine de Berlín.

    Sinopsis

    1898. Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis), pasa de ser un minero extremadamente pobre que cría a su hijo sin ninguna ayuda a convertirse en un magnate del petróleo hecho a sí mismo. Gracias a un misterioso soplo, Plainview descubre la existencia de un mar de petróleo bajo la tierra de un pequeño pueblo del oeste, y se lleva a su hijo, H.W. (Dillon Freasier), huérfano de madre debido a un accidente, a probar suerte en el polvoriento Little Boston. En 1912 Plainview, secundado por su socio Fletcher (Cirian Hinds), se instala en el lugar convencido que en su subsuelo hay un mar de oro negro. Y es este pueblo perdido, en el que la única diversión gira en torno a la Iglesia pentecostalista del carismático pastor Eli Sunday (Paul Dano), donde Plainview y H.W. van a dar el golpe de sus vidas. El terreno en el que Plainview confía en encontrar petróleo, es propiedad de la familia de Eli y este se niega a venderle el terreno a no ser que invierta 10.000 dólares en su nueva iglesia. Se firma el contrato y, efectivamente, las tierras de los Sunday contienen millones de litros de petróleo, lo que convierte a Plainview en un magnate rival de la empresa Standart Oil. Durante una de las extraciones se produce un grave accidente que causa un espectacular incendio y provoca graves heridas a H.W., que pierde el oído, provocando un distanciamiento entre el joven y su egocéntrico padre. Pero a medida que el petróleo le va haciendo cada vez más ricos, los conflictos van apareciendo en la vida de Plainview: la corrupción, la mentira y las ingentes cantidades de petróleo, pondrán en serio peligro valores humanos como el amor, la esperanza, la solidaridad, la confianza, la ambición e incluso el vínculo entre padre e hijo. Además, un día aparece Henry (Kevin J. O’Connor), que asegura ser el hermanastro de Plainview, quién le confirma la muerte de su padre. Henry logra un trabajo en la empresa de Plainview y se convierte en su confidente. El proyecto final de Plainview es aplastar a la Standard Oil y para ello necesita la construcción de una compleja tubería hasta el mar.

    Comentario

    Estamos, sin duda, ante un realizador superdotado que con sólo cinco títulos ha sabido reconstruir un fresco americano sencillamente apoteósico. “Pozos de ambición” es un regalo para los ojos: impecable puesta en escena, asombrosa fotografía y perfecta reproducción de aquella época y aquellos vetustos pozos petrolíferos que aún rondan el imaginario colectivo. Todo, a base de una música magnífica, algunos silencios preciosos, largas tomas, ritmo pausado... una filigrana, en definitiva, que Paul Thomas Anderson ha rodado a la manera clásica y sin ocultar un homenaje expreso a sus directores más preciados, desde Sam Peckinpah a Sidney Lumet, pasando por Scorsese o su amigo Tarantino. Pero eso sí: tal vez le pierde (también a él) la ambición y se le escapa la desmesura por algún hueco de forma que, a medida que la película avanza, y junto a esa grandiosidad indiscutible, empieza a destilar un cierto amaneramiento. Y lo mismo puede decirse del protagonista, Daniel Day Lewis, irreprochable en su creación, hasta que le brota una pizca de afectación algo cargante. Pero, a pesar de todo, compone un villano magnífico y casi universal; fácil -es cierto- agradecido y, como todos los malos de Anderson, histriónico. Por alguna razón (personal, o no) ya se sabe que a Paul Thomas Anderson le encantan los personajes malvados, esa especie puñetera, de natural retorcido, que se acerca mucho a la imagen de la maldad en estado puro; recuérdese el fantástico Tom Cruise de “Magnolia”, o el inolvidable pornoindustrial de “Boogie Nights” que bordó Burt Reynolds... a este último le salvó un toque de humor (y le consagró). Pero no es el caso del codicioso minero Plainview. En cuanto a la historia en sí, una alegoría de la condición humana magna, megalómana y de corte épico, deja en lo formal boquiabierto al espectador más exigente; aunque en su desarrollo se desbarata un tanto; es una verdadera lástima que el final no esté a la altura de las circunstancias; como si Paul Thomas Anderson se desentendiera de su criatura, como si también a él le hubiera cansado.