NADIE OYÓ GRITAR (1973)

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    Titulo original: Nadie oyó gritar
    Año: 1973
    País: España
    Duración: 99 min.
    Dirección: Eloy de la Iglesia
    Guión: Gabriel Fos, Antonio Moreno Burgos y Eloy de la Iglesia.
    Música: Fernando García Morcillo.

    Intérpretes

    María Asquerino, Antonio Casas, Goyo Lebrero, Vicente Parra, Carmen Sevilla, Felipe Solano, Ramón Lillo, Antonio del Real y Tony Isbert.

    Sinopsis

    Una mujer que vive en un bloque de apartamentos como mantenida de lujo presencia accidentalmente, después de desistir de un viaje y de regreso a su apartamento, como un vecino suyo arroja a una mujer por el hueco del ascensor. En lugar de denunciarlo, se convierte en su cómplice para hacer desaparecer al cadáver arrojándolo a las aguas de un lago cercano a la ciudad. En esas horas tensas en que dura esta aventura, el hombre se va enamorando de la testigo de su crimen a la que ha de vigilar. Mientras le explica los motivos que le llevaron a asesinar a la que dice que era su esposa, la mujer comprende que él ha sido un hombre terriblemente desgraciado. La atracción que ha surgido entre ambos provocará que pasen la noche juntos entregados a su pasión, pero a la mañana siguiente, el hombre amanece a su lado muerto. La explicación está en la cocina. La esposa del hombre asesinado, que no es la víctima como ella creía, explica lo sucedido. Ella fue quien mató a la mujer del lago, amante ocasional del esposo. Él, simplemente, tenía que deshacerse del cadáver. Pero, por lo visto, volvió a engañarla y por eso tenía que morir. La esposa, fea y amargada, obliga a que ella le ayude a deshacerse del nuevo cadáver. Al fin y al cabo, ya tiene una envidiable práctica para esas cosas.

    Comentario

    Entre 1971 y 1975, Eloy de la Iglesia se concentró en películas cuya temática giraba en torno a crímenes, sangre y terror: "La semana del asesino" (1971), "Nadie oyó gritar" y "Una gota de sangre para morir amando" (1973) y "Juego de amor prohibido" (1975). Estuvo 15 años, desde "La estanquera de Vallecas" (1987), sin ponerse detrás de una cámara. El que fue uno de los directores más taquilleros y polémicos de la transición, cayó en desgracia por culpa, entre otras cosas, de su adicción a la heroína, fruto de su acercamiento a los ambientes marginales del Madrid de los 80. Una retrospectiva de su obra hace unos años en el Festival de San Sebastián sirvió para redescubrir su cine desde otra óptica. "Antes de Los novios búlgaros" (2003), su última película, hizo para televisión una adaptación del "Calígula" (2001) de Albert Camus.