MONTE CARLO (1930)

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    La bella condesa Helene Mara (Jeanette MacDonald) está comprometida con el príncipe Otto von Seibenehim (Claud Allister), un hombre apagado y aburrido al que no ama. Poco antes de la boda, la condesa decide romper el compromiso y marcharse a Montecarlo a jugar en su casino y disfrutar de la ciudad. Cuando acaba de apostar sus últimos 10.000 francos el conde Rudolph Falliere (Jack Buchanan) descubre que acariciar el pelo de Helene le trae buena suerte. A causa de esto, Vera cree que Rudolph es un peluquero y le pide que sea él quién la peine. Rudolph, enamorado de Vera, le llama cada noche y le canta. Helene, también enamorada de Rudolph, decide despedirlo para reanudar la relación y casarse con el príncipe Otto por motivos exclusivamente financieros. Una noche en la ópera, Helene descubre a Rudolph, comprendiendo que él le ha mentido sobre su situación social, pero, quizás ellos puedan ahora casarse.