MATAR A UN RUISEÑOR (1962)

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    En Maycomb, Alabama, durante los años 30, Atticus Finch (Gregory Peck), un abogado provinciano, lucha por reducir al mínimo los rasgos de odio y prejuicio de sus hijos, huérfanos de madre, Scout (Mary Badham) y Jem (Phillip Alford). El suyo es un hogar feliz, en el que ayuda con gran eficacia Calpurnia (Estelle Evans), el ama de llaves. Un joven visitante del vecindario, Dill (John Megna), queda prendado de Maycomb al mostrarle Scout y Jem a la excéntrica señora Dubose (Ruth White) y la casa encantada, que ha tenido escondido durante años a Boo Radley (Robert Duvall), un perturbado mental. Cuando Tom Robinson (Brock Peters), un peón del campo, negro, es acusado por el granjero Bob Ewell (James Anderson), aficionado a la bebida, de ultrajar a su hija Mayella (Collin Wilcox), se nombra a Atticus para que defienda a Tom. En la escuela, Scout se mete en peleas porque sus compañeros de clase ridiculizan los esfuerzos legales de su padre. Tras conseguir evitar un linchamiento, Atticus demuestra aparentemente la inocencia de Tom en el tribunal, pero el jurado emite un veredicto de culpabilidad. Atticus cree que puede lograr que el fallo sea revocado por un tribunal superior, pero Tom trata de escapar y lo matan. El granjero Ewell clama venganza para Atticus por sus tácticas en los tribunales. Una noche oscura, después de una fiesta en la escuela, Scout y Jem son atacados cuando regresan a su casa. A Jem le rompen un brazo, pero un benefactor misterioso los salva de daños mayores matando a Ewell, su atacante. Su salvador resulta ser Boo Radley. Atticus y el sheriff Tate (Frank Overton) deciden pasar por alto la culpa de Boo y, como Scout recuerda ya mayor describiendo su niñez, «Boo era nuestro vecino. Nos dio muñecas de jabón, un reloj, una cadena rota, un cuchillo y nuestras vidas».