MAREA HUMANA (2017)

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    Titulo original: Human Flow
    Año: 2017
    País: EE.UU. – Alemania – China
    Duración: 144 min.
    Dirección: Ai Weiwei
    Guión: Boris Cheshirkov, Tim Finch y Chin-Chin Yap
    Música: Karsten Fundal

    Intérpretes

    Israa Abboud, Hiba Abed, Rami Abu Sondos, Fadi Abou Akleh, Yamama Al-Awaad, Asmaa Al-Bahiyya, Eman Al-Masina, Maya Ameratunga, Amir, Hanan Ashrawi, Orlando Avis, Peter Bouckaert, Sukriye Cetin, Tanya Chapuisat, Boris Cheshirkov, Marin Din Kajdomcaj, Hagai El-Ad, Mohammad Fares, Sarah Giles, Filippo Grandi, Hamza Khawalda and Family, Muhammed Hassan, Haydar, Muhammad Ibrahim, Rafik Ismail, Dana Firas of Jordan, Walid Jumblatt, Salam Kamal Aldeen, Rania Khaleel Awad Al-Mutamid, Muna Khalid Karraz, Abeer Khalid, Haneen Khalid, Amir Khalil, Maria Kipp, Kemal Kirisçi, Wella Kouyou, Abdullah Mahmoud, Benjamin Zacarias Hernández Mancías, Marisa P. Elham, Mercan, Ioannis Mouzalas, Nida Muhammad, Samah Nabeel, Hind Nahid, Senaida Mancías Nuñes, Ron Off , Jens Pagotto, Porfirio Hernández Peréz, Rozhan Hossin and Family, Abaas Ali Sabhan, Ismatollah Sediqi, Ahmad Shuja, Cem Terzi, Pascal C. Thirion, Gabriela Soraya Vasquez, Ai Weiwei y Maha Yahya.

    Premios

    Seleccionada para la Sección Oficial a concurso del Festival Internacional de Cine de Venecia Mención Especial del Jurado en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

    Sinopsis

    Más de 65 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a abandonar sus hogares para escapar del hambre, el cambio climático y la guerra en el mayor desplazamiento humano desde la Segunda Guerra Mundial. La película pone de manifiesto las escalofriantes dimensiones de la crisis de los refugiados y su profundo impacto humano a nivel personal. Rodada en 23 países a lo largo de un año de calamidades, la película muestra una cadena de situaciones humanas de urgencia que se extiende por todo el mundo e incluye a países como Afganistán, Bangladés, Francia, Grecia, Alemania, Irak, Israel, Italia, Kenia, México y Turquía. “Marea humana” es testigo de los padecimientos de estas personas y de su búsqueda desesperada de seguridad, refugio y justicia. Desde los campos de refugiados abarrotados hasta las peligrosas travesías oceánicas y las fronteras con concertinas; desde el desarraigo y la desilusión hasta la valentía, el aguante y la adaptación; desde el atractivo encantador de las vidas que dejan atrás hasta un futuro de potencial desconocido. La película llega en un momento crucial, cuando se necesita más tolerancia, compasión y confianza que nunca.

    Comentario

    Un documental sobre los refugiados de más de dos horas de duración y que no escatima durante todo el metraje en lanzar datos escalofriantes intercalados con asépticos titulares que dan mucho que pensar sobre la crisis humanitaria en la que se está viviendo. De hecho el filme busca concienciar a los que tienen voz para que hagan un llamamiento a todos aquellos poderes que tienen una baza para solucionar el problema y a los que únicamente les mueve los intereses económicos. En la actualidad hay más de 60 millones de personas desplazadas en el mundo, en su mayor parte debido a conflictos bélicos, aunque también hay desplazados a causa del cambio climático y el hambre que conlleva. La cifra de refugiados equivale a toda la población francesa. La producción se alargó algo más de un año y se visitaron más de 23 países, entrevistando más de 600 personas y grabando cerca de 900 horas. Un trabajo totalmente faraónico, especialmente si se tiene en cuenta que en la génesis del proyecto se trataba de algo mucho más personal donde el propio director, el chino Ai Weiwei, teléfono móvil en mano, se proponía retratar una realidad que le superó y que fue creciendo a medida que fue profundizando en el tema de los refugiados. Lejos de las imágenes desgarradoras que se podrían suponer a una cinta como esta, “Marea humana”, que alguna tiene, la cinta está plagada de imágenes sugerentes y hermosas que contrastan con la realidad de la que se está hablando. Algo que compensa en parte el dolor y transmite cierto grado de esperanza. Uno de los sellos de identidad es la reiterada presencia de Weiwei en los diferentes campos de refugiados, algo que el realizador ha defendido asegurando que él mismo ha sido y se siente como un refugiado recordando su propia infancia cuando su padre fue desterrado para trabajar en el campo y él tuvo que vivir con su familia en una gruta.