MANCHAS DE SANGRE EN UN COCHE NUEVO (1975)

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    Titulo original: Mancha de sangre en un coche nuevo
    Año: 1975
    País: España
    Duración: 97 min.
    Dirección: Antonio Mercero
    Guión: Antonio Mercero
    Música: Teddy Bautista.

    Intérpretes

    José Luis López Vázquez, Lucía Bosé, May Heatherly, Yelena Samarina, Ricardo Tundidor, José Miguel Aguado, Manuel Andrés, Adolfo Arlés, José Luis García, María Garralón, Marcial Gómez, Pablo Iglesias, Ignacio de Paul, Antonio Ramis, Pedro del Río, Pilar Gemtil, María Luisa Rubio y Mayte Santamarina.

    Sinopsis

    Ricardo Cariedo (José Luis López Vázquez), hombre de buena posición social, está casado con Eva (Lucía Bosé). Aparentemente, la vida del matrimonio transcurre sin complicaciones, aunque fríamente. Ricardo tiene su amante, María (May Heatherly), una muchacha que trabaja en su propia empresa. La vida tranquila y feliz de Ricardo se rompe el día en que celebra sus bodas de plata. Su mujer le regala un coche. Al estrenarlo es testigo de un terrible accidente. Otro automóvil, ocupado por un hombre y un niño, se estrella contra un árbol. Ricardo oye los lamentos, los gritos de dolor; pero tras una terrible lucha interior huye del lugar del accidente sin prestar auxilio a los accidentados, que mueren. Este accidente transforma totalmente la vida de Ricardo. A partir de entonces, en el asiento trasero de su coche nuevo comienza a ver unas manchas de sangre que, pese a sus esfuerzos, jamás logra hacer desaparecer. El problema íntimo moral de Ricardo se complica al descubrir las relaciones de su mujer con un amante desconocido. Su obsesión por las manchas de sangre y el hecho de las relaciones sentimentales de su mujer conducen a Ricardo a un trágico final.

    Comentario

    Tras haber triunfado con el mediometraje televisivo “La cabina”, Antonio Mercero recupera a su actor, José Luis López Vázquez, que había hecho una gran creación, como protagonista de esta película, segundo largometraje del director. Con una perfecta factura formal, la película es una alegoría sobre la conciencia, dando ocasión a López Vázquez para mostrar el cambio de registro que buscaba por entonces hacia papeles más dramáticos.