LAS VERDES PRADERAS

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    Titulo original: Las verdes praderas
    Año: 1979
    País: España
    Duración: 105 min.
    Dirección: José Luis Garci.
    Guión: José María González Sinde y José Luis Garci.
    Música: Ludwig van Beethoven.

    Intérpretes

    Alfredo Landa, María Casanova, Carlos Larrañaga, Angel Picazo, Irene Gutiérrez Caba, Pedro Díez del Corral, Cecilia Roth, Enrique Vivó, Jesús Enguita, Norma Leandros, David Sinde, Elvira Sánchez , José Luis Merino, Pedro Burmester, Mario Siles, Anastasio Campoy y Antonio Passy.

    Sinopsis

    Después de licenciarse en económicas, José rebolledo (Alfredo Landa) ha pasado de botones a tener un puesto importante en la empresa de seguros La Confianza S.A., se ha casado con Conchi (María Casanova), tiene dos hijos, se ha comprado un chalet en la urbanización Monte parque, cercana a Cerceda, un pueblo de la sierra madrileña, y cada fin de semana debe tomar el automóvil con su mujer y sus niños e irse al campo. El último fin de semana José rebolledo tiene que perderse un partido de fútbol entre en Madrid y el Atlético, debe ir a buscar una bombona de butano y colgar un cuadro de su difunto suegro, no puede hacer el amor con su mujer porque está con el periodo, tiene que apagar la luz pronto y no puede leer Ada o el ardor, de Vladimir Nabokov, tampoco consigue ir a jugar al tenis con su amigo Ricardo González (Carlos Larrañaga), tiene que aguantar a su pesada suegra (Irene Gutiérrez Caba), a su cuñada Matilde (Cecilia Roth), que está embarazada del bobo de su novio Alberto (Pedro Díez del Corral), y acudir a la fiesta de su jefe Don Enrique (Ángel Picazo) para, a la mañana siguiente, ir a jugar al fútbol con los de la urbanización, torcerse un tobillo y acabar un trabajo que se ha traído desde la oficina. Su mujer Conchi se da cuenta de todo ello y, tras una conversación en la que José se lamenta de que nunca ha hecho lo que ha querido, decide quemar el chalet de la sierra antes de regresar a Madrid.

    Comentario

    El tercer largometraje de José Luis Garci, donde inicia su colaboración con Alfredo Landa, que volvería a protagonizar otras películas del director. Narrada con humor y ternura es una película sobre la vida misma, sobre nuestro sufrimiento laboral de cada día y el bien ganado descanso del fin de semana, una fábula anticonsumista sobre el fracaso de la sociedad del bienestar que refleja muy bien a los españoles de clase media-alta del final del primer postfranquismo.